domingo, 22 de junio de 2008

Caza furtiva de galgos

CÓRDOBA/MONTILLA. El campo suele ser un magnífico centro de abastecimiento para actividades delictivas, según las necesidades de la sociedad. Así, si el precio del cobre se pone por las nubes, surgen grupos especializados en el robo de este material. Lo mismo ocurre con el gasoil, y ya se están dando asaltos a cortijos y naves, como el ocurrido hace 15 días en Baena, donde un particular «perdió» mil litros almacenados en garrafas. Antes, fueron los trofeos de caza y algo más lejano en el tiempo ocurrió con la «limpieza» de objetos antiguos que ahora aportan un toque rústico a más de un hogar urbanita.

No obstante, si hay algo que se roba «desde siempre», ésos son los perros de caza, ya sean galgos o podencos. Hace más de 35 años que mafias organizadas actúan en la Campiña robando, impunemente, cientos de perros, que luego venden fuera, obteniendo pingües beneficios, ya que por un perro con buenas cualidades se puede pagar entre 2.000 y 3.000 euros.

Precisamente dentro de 20 ó 30 días, comenzará la temporada de robos y es cuando más hay que estar pendientes de los animales, señala Juan Gámiz, galguero de Baena. Y es que en agosto se levanta la veda para cazar con podencos conejo y algo de perdiz. En el caso del galgo, la cosa se deja hasta septiembre, cuando termina el calor. «Los roban entonces para probarlos antes de venderlos y tenerlos preparados para noviembre o diciembre», cuando se inicia la temporada de liebre en campo abierto y las grandes competiciones en el centro de la Península (Salamanca o Toledo), «donde se apuestan grandes sumas de dinero».

Ahorrarse el mantenimiento

Pero el resto del año, los perros (y dueños) pueden dormir tranquilos, ya que a los ladrones no les interesa tocarlos para ahorrarse el tener que cuidarlos y alimentarlos (unos 500 euros anuales por animal), «cosa que sí hacemos los que queremos de verdad a los animales», explica, por su parte Manuel Santos, otro galguero de la zona de Llanos del Espinar, en Nueva Carteya. Es más, los galgos abandonados o que aparecen ahorcados en el campo «suelen ser víctimas de los ladrones y no de un galguero», señaló.

«Tenemos claro que son mafias especializadas, a tenor de la cantidad de denuncias que desde hace varios años nos llega a la organización y de lo que nos dicen los propietarios de los perros», señala Francisco Garrido, secretario provincial de COAG. Tanto es así, que el presidente de Asaja-Córdoba, Ignacio Fernández de Mesa, recuerda que en Guadalcázar «los cazadores han levantado auténticos búnkers de cemento donde duermen los perros, pero no les sirven de nada, porque revientan las puertas y siguen llevándoselos».

Al igual que los aperos y la maquinaria del campo, los galgueros sospechan que el destino de los perros es Sevilla y que de allí, y de Puente Genil, proceden los ladrones. «Un amigo mío de Montilla los pilló cuando se estaban marchando del cortijo y presentó denuncia ante la Guardia Civil. Eran gitanos pontaneses y los pararon justo cuando estaban llegando a su pueblo; en el juicio declararon que recogían animales sueltos en nombre de una oganización y al chaval, encima, casi le cuesta los dineros», explica Manuel Santos.

Pero ésos sólo son una parte del engranaje. Primero, hay una persona, que suele ser del pueblo o de la comarca, que «bichea» a los perros, pone el oído y descubre dónde están los animales buenos. El ojeador se lo comunica a sus socios, que levantan al perro y se lo llevan a un veterinario compinchado, quien le quita el microchip, le coloca otro nuevo y lo «legaliza» con nuevos papeles y otro nombre. Finalmente, lo venden en otra provincia.

Recuperaciones de perros

«A nosotros nos han llamado para recuperar un perro en Granada», apunta Juan Gámiz. «A mi cuñado le apareció en Jaén un animal robado y le llamó la Guardia Civil para recogerlo», señala también Francisco Garrido. Pero esto no suele ser lo habitual. Una vez que le quitan el chip, el animal acaba esfumándose del todo.

«El problema es que no hay vigilancia en el campo y estamos vendidos», añade Gámiz, quien apunta como solución que aumenten los guardias civiles, «pero no para controlar los caminos, que es imposible, sino para no perder ojo a las carreteras por las noches, que es cuando actúan los ladrones».

Domingo R. E., galguero de Montilla quien ha visto desaparecer unos 500 animales en los últimos 30 años, junto con su cuñado José María, se lamentó de que son «los únicos que hemos presentado de cuatro a cinco denuncias en los últimos años, pues a los pocos que denunciaron antes se ve que las archivan y no les dan ningún curso».

Fecha: 22.06.08
http://www.abcdesevilla.es/20080622/cordoba-cordoba/caza-furtiva-galgos_200806220318.html

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