lunes, 23 de junio de 2008

Chicos y animales: una vida mejor


El programa "Cuidar, cuidando" funciona hace 18 años: por allí pasaron más de 600 chicos con problemas emocionales.

Por Gabriela Cabezón Cámara

Buenos Aires, Argentina.- En la granja, Alan descubrió a dos cabritas casi recién nacidas acurrucadas entre unas piedras, solitas. Las vio, corrió y se preocupó por saber si estaban enfermas y si las habían abandonado, las acarició y les dio de comer, mientras sus compañeritos cuidaban a otros animales.

Alan tiene 11 años y vive en un hogar para chicos, en una situación prácticamente de abandono familiar. Sus compañeros, todos menores de 13, sufren problemas emocionales, pero en la granja eso no importa, aquí no son pacientes sino "hacientes": son ellos los que cuidan e interpretan las necesidades de otros, los animales.

Están en el Zoo de Buenos Aires porque forman parte del programa "Cuidar, cuidando". Empiezan cuando niños con las cabras, vacas, gallinas y patos de la granja. Y terminan aprendiendo el oficio de cuidadores de todos los animales.

Desde que el programa comenzó -en 1990 en una iniciativa conjunta del Zoo y el Hospital Infanto-Juvenil Carolina Tobar García-, pasaron más de 600 chicos y adolescentes de entre 6 y 21 años. Hoy asisten 50, derivados por hospitales y escuelas porteñas.

El psicólogo Vicente de Gemmis, coordinador de "Cuidar, cuidando", explica que "tiene como objetivo la integración social de niños y adolescentes. Tenemos dos grupos: los más chicos, de 6 a 13 años, llegan a la mañana, van a buscar la comida al sector de nutrición y vamos a la granja, donde alimentan, cuidan y juegan con los animales. Después, vamos al Museo y a un taller de pintura, dirigido por un psicoanalista y artista plástico. Los más grandes, entre 14 y 21 años, aprenden a trabajar como cuidadores".

Juan Vasen, miembro del programa, médico psicoanalista y especialista en psiquiatría infanto-juvenil, cuenta que "hay un encuentro con un ser enigmático que no habla. Tratan de entenderlos, de saber qué les pasa, si les duele algo. Eso sensibiliza a sus propias dimensiones silenciadas: entran en otra resonancia con lo que les pasa a ellos mismos y no expresan". De Gemmis agrega que "con esto aparece la posibilidad de la curiosidad, de querer saber qué pasa con el otro, algo que los chicos con problemas emocionales a veces tienen inhibido".

En el caso de los chicos más grandes, el vínculo con los cuidadores es muy importante.

Alvaro Arias, que tiene 20 años y está culminando su formación como cuidador, tiene la esperanza, compartida por sus compañeros y por los miembros del programa , de ser contratado por el zoológico. Tuvo la suerte de que su cuidador lo cuidara, y aprendió mucho: hoy desarrolla una beca en Enriquecimiento Ambiental. Allí, "desestresa" a los animales con actividades lúdicas. A los 15 años, cuando murió su papá, Alvaro sufrió una gran depresión. Hoy estudia, trabaja y habla con amor de su relación con todos los animales, pero sus favoritos son los chimpancés: "A veces no se sabe quién juega con quién. Son muy divertidos", asegura.

Pablo Galván está feliz: cumple 19 años y le acaban de comunicar que será efectivizado como cuidador. Junto a otro compañero, está a cargo de los pandas, los lémures y los ciervos. Vivió muchos años en un hogar, la Casona de los Barriletes. Hoy tiene una hijita, un trabajo y planea estudiar gastronomía. Mientras se formó como cuidador, "pasó por todos lados". Lo que recuerda con más cariño es su paso por "felinos": le daba la mamadera a algunos tigrecitos y a otros les daba de comer con un palito en la boca. "Todavía me reconocen", dice orgulloso.

Es que, por suerte, la ternura también se aprende.

Fecha: 21.06.08
http://www.larazon.com.ar/notas/2008/06/21/01699082.html

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