domingo, 29 de junio de 2008

Dos historias de animales

Por Gonzalo Maldonado Albán

Primera historia: hace un año, una pareja de hipopótamos rosados fue vista en el río Magdalena. La noticia la dio un pescador aterrado que casi muere por aproximar su barca a lo que él creía eran dos troncos de un árbol gigante. ¿Qué hacen dos jóvenes hipopótamos machos en un río de Colombia? La Corporación Autónoma de Santander asegura que los animales salieron del estanque donde vivían con 16 hipopótamos más, en un sitio llamado Nápoles, la ex hacienda de Pablo Escobar.

Tras la muerte de aquel narcotraficante, en 1993, la gente saqueó aquella propiedad de 3 000 hectáreas. Se llevaron todo menos esos monstruos de cinco toneladas cada uno. El macho alfa de la manada -Pablito, le bautizaron los lugareños- no permitía que nadie se aparease con las hembras. Hartos de aquello, estos dos hipopótamos decidieron dejar la comodidad de su estanque para aventurarse río abajo en busca de una compañera.

En el lugar más improbable del mundo quieren encontrar a la pareja de su vida. Se trata de un acto trágico y conmovedor que seguramente les llevará a la muerte, ya sea en manos de los campesinos de la zona o en el mar abierto, donde sucumbirán ahogados.

Segunda historia: Héctor es un pitbull de 52 libras que juguetea alegremente con su nueva dueña. Nada de especial tiene este perro a no ser por un detalle inquietante: las profundas cicatrices que exhibe en el hocico, en el pecho y en sus patas delanteras. Es que antes de llegar a su actual hogar, en California, Héctor estaba a merced de Michael Vick, un jugador del fútbol americano que manejaba un espectáculo ilegal de perros de pelea.

Al parecer, Héctor era un buen luchador, pues pudo sobrevivir cuatro años de peleas a muerte con otros perros y a un sinfín de maltratos a los que le sometían. Héctor y otros 50 perros eran encadenados durante días enteros en lugares oscuros y húmedos. Se les latigueaba constantemente y se les daba de beber agua sucia para aumentar su nivel de estrés. Esto para que a la hora de pelear aquellos animales estuvieran totalmente enajenados y dispuestos a entregar su vida a dentelladas.

Luego de que Vick fue arrestado, un grupo de veterinarios se encargó de la rehabilitación física y psicológica de estos perros. Héctor fue uno de los más afortunados, gracias a su capacidad de querer. Reaccionó rapidísimo a las muestras de cariño y afecto que le dieron y en poco tiempo pudo ser adoptado. Otros perros no tuvieron tanta suerte, pues los veterinarios aseguran que su psique ha sido tan maltratada que jamás podrán estar en contacto con seres humanos o animales.

Estas dos historias impresionantes -una con final feliz y otra no- reflejan los excesos a los que podemos llegar las personas. Aquellos animales inocentes fueron víctimas de la vanidad y de la crueldad de gente que acumuló excesivo poder.

El poder ilimitado, sin chequeos ni balances, corrompe. Ese es un axioma que se ha cumplido siempre. La tragedia de los hipopótamos en el río Magdalena y la historia de Héctor así lo atestiguan.

Fecha: 22.06.08
http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=200758&id_seccion=1

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