viernes, 20 de junio de 2008

MATAR GATOS, por Omar Estacio


En el muestrario de violencia que padece Venezuela, la prensa ha traído la información sobre la matanza de unos gatos ¿Cuántos fueron? ¿Diez, 30, 40, 100? Da lo mismo, si se considera que lo que pesa no es la cantidad sino el salvajismo.

No era la primera vez que los vecinos polemizaban por el caso. Las criaturillas del Señor que habitaban las áreas verdes de un condominio, conjugaron el bíblico "creced y multiplicaos" en particular esto último y las opiniones de los residentes se polarizaron, como se encuentra polarizado el país. Por un lado, los que acusaban a los felinos de ser agentes transmisores de enfermedades, incluido el mal de rabia, que es como ser señalado como supuesto agente del imperio, merecedor del exterminio y por el otro, quienes depositaban la solución del conflicto en el equilibrio ecológico y la selección de las especies, lo que en el mundo natural, es el equivalente al diálogo.

Total, que luego de escaramuzas de diverso calibre, incluida la intervención de un juez, una mañana los animalitos amanecieron sacrificados.

La violencia doméstica, con su saldo de niños, pero mayormente, de mujeres maltratadas que cada vez que se publica en los diarios, ponen en levitación histérica a cierta retroprogresía, no es sino un dato más de una brutalidad expandida, en buena parte de nuestra población.

"Pégale a tu mujer, no te preocupes por qué, que ella sí sabrá el motivo", reza un proverbio que algunos atribuyen a los árabes. Pero no. Tampoco es para imputar a los musulmanes, ni a un solo sector de la humanidad por el ejercicio de un machismo prepotente, casi siempre criminoso. Existe entre los venezolanos toda una cultura en eso de zurrar compañeras, no importa si la gresca es por dirimir quién administra el salario de una obrera o por la forma de interpretar la crítica de la razón pura.

¿Por qué se solventó una disputa entre vecinos asesinando gatos?

Escribía Bernard Shaw, que los pueblos pueden ser juzgados, según traten sus animales. La intolerancia que conduce a envenenar unos techeros lo mismo que a alguno que otro con pedigrí, es la misma que atropella en las relaciones de pareja, en el trato con el menorcito y en la manera de considerar al adversario político. Una intolerancia que no quiere entender que las compañeras, los disidentes, los niños y hasta los gatos tienen sus propios puntos de vista, siempre respetables, y que la forma de ventilarlos no es a través de la estricnina. Hay procedimientos democráticos para todo, incluso para las mascotas que prefieren hacer pis en la alfombra. El pluralismo incluye la racionalización de estos asuntos lo demás es fascismo felino.

El lector lo habrá notado. Soy amante de los gatos. En los circos hay leones, tigres, panteras, grandes felinos, pero que se sepa, nadie ha podido domar un gato pese a que se les ha levantado la calumnia de ser animales domésticos. El perro mueve la cola para comunicarse, el gato es un enigmático propietario que nos permite compartir "su" residencia. El perro, ladra, el gato piensa cuando duerme y observa cuando vela. El perro supone una política aplaciente, bonachona, que sólo sabe de incondicionalismos. El gato, una política cazadora, aventurera que al primer maltrato se desmarca y manda al supuesto líder para el otro tejado.

Unas inofensivas mascotas envenenadas, constituye una clarinada que advierte una intolerancia que comienza a penetrar nuestros más recónditos resquicios. Se principia envenenando al gato, pero se concluye degollando al dueño. Solo podremos aspirar al calificativo de civilizados, cuando aprendamos a respetarnos y a respetar los animales.

Me hacía estas reflexiones, mientras desenredaba la melena de "Maala", mi gata, quien retoza alrededor del teclado de mi computador. Claro, sin quererla más de lo debido porque mujer, al fin, si le doy demasiado afecto me lo retribuirá con sus afiladas uñas. Aunque todavía no estoy seguro, si me refiero a una gata o a una princesa salida de un relato de Las mil y una noches.

Miércoles, 18 de junio de 2008
http://enopinion.tripod.com/matar_gatos.htm

1 comentario:

Anónimo dijo...

Qué artículo tan, pero tan hermoso y tan sabio.