miércoles, 18 de junio de 2008

Unidades Caninas

La Unidad de Guías Caninos de la Policía Nacional cumple cinco años de servicio en Cantabria Un inspector, un oficial, cuatro agentes y diez canes integran una brigada mitad humana, mitad animal.

Son excelentes auxiliares en el rastreo y detección de explosivos, drogas y personas desaparecidas. También de acelerantes del fuego. Y, de manera experimental, de determinados tipos de cáncer. Su capacidad olfativa -un millón de veces superior a la humana- les ha valido el reconocimiento de los departamentos de Policía de todo el mundo, que, hoy por hoy, no podrían concebirse sin ellos. Conocidos internacionalmente como los 'K9', aquí, en Cantabria, forman, sin mayores estridencias, la Unidad de Guías Caninos de la Policía Nacional.

Es, con la Caballería, la brigada más cercana a los ciudadanos. La simpatía que los animales despiertan, sobre todo entre los niños, lo ha querido así. Aunque, posiblemente, también sea la gran desconocida para ellos, que no son ajenos a sus cualidades pero sí al generoso esfuerzo que derrochan los guías y al impagable trabajo que realizan sus perros.

«Estamos orgullosos de ellos», dice uno de los seis funcionarios de la brigada mientras juguetea con los canes que integran la unidad: 'Tello', 'Ambo', 'Edy', 'Ziro', 'Alan', 'Mark', 'Lucas' y 'Choco' (todos machos), 'Jara' y 'Yaiza'. Hacen diez. A su cargo, un inspector, un oficial y cuatro policías (tres hombres y una mujer). Sus entrenadores.

Juntos participan de un hermo-so desafío para hombres y perros que comienza con un periodo de adiestramiento de siete meses, aunque todo dependerá del carácter del animal. Ese tiempo debería bastar para llevar al policía y al can a conocerse mutuamente a través de un juego de miradas, de caricias, de gestos, de órdenes y exigentes jornadas de trabajo. La complicidad irá modelando un binomio cuyo verdadero potencial pondrá a prueba la propia calle. Después, durante los siguientes ocho, nueve o, con suerte, diez años -la 'vida policíaca' de un perro- no hay más que ejercitarlo a diario. «Fomentar sus instintos», resume otro agente.

Claro que depende de para qué, «porque ni todos valen para buscar explosivos ni todos sirven para detectar drogas».

Es, llegado este punto, cuando los guías hacen la segunda apuesta. Probablemente la más fuerte. Determinar para qué tipo de rastreo está capacitado su animal. Errar en la elección puede llevar a la pareja al fracaso.

Una vez descubiertas sus cualidades, sólo cabe ya desarrollarlas y perfeccionarlas. Pero no como la gente piensa. La creencia popular de que los perros detectores de drogas son adictos a estas sustancias es absurda. Si fuera así, la Policía tendría que renovar sus perros cada mes. El consumo de cocaína, por ejemplo, produciría en el animal trastornos tan graves como la pérdida de su capacidad olfativa. Esto, por no hablar de los daños cerebrales.

Además, de igual manera que a un perro detector de drogas habría que hacerle adicto a la cocaína, a otro detector de explosivos habría que hacerle adicto a la Goma-2 y a otro detector de personas adicto a la carne humana.

Asociación de olores

No. Es mucho más sencillo. «El perro tiene su juguete, pongamos una pelota de tenis, en el que están impregnados ciertos olores: el de mi mano, el de sus 'babas' y el que queremos que detecte: un explosivo, una droga... Si le escondo el juguete y le ordeno que lo busque, él se deja llevar por tales olores para encontrarlo». De este modo «cuando tenemos que buscar un explosivo o una droga, a la orden de búsqueda él olfatea los olores que le son familiares. No está el mío, ni el suyo, pero sí el del explosivo o el de la droga, si es que hay». En definitiva, cuando el perro se lanza a la búsqueda, «no busca explosivos ni drogas, lo que busca es su juguete».

Así es, y no de otra manera, cómo se forja un perro policía, un sabueso, un auténtico rastreador. La mitad animal de una brigada en la que es indispensable la mitad humana. «No basta ser un buen policía». Además de tener conocimientos cinéfilos y amplias nociones sobre explosivos y drogas, tiene que ser una persona equilibrada, con un perfecto autodominio, paciente y, sobre todo, «un intérprete infalible de todos los gestos y movimientos de su compañero».

Fecha: 15.06.08
http://www.eldiariomontanes.es/20080615/cantabria/hermoso-desafio-para-hombres-20080615.html

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