miércoles, 2 de julio de 2008

Cementerios de mascotas

Por Iván Stephens

Existen panteones para los compañeros del hombre. Perros, gatos, hurones y hasta un ratón yacen en este camposanto, construido hace 20 años.

Ayer, don Lupe enterró a un gato criollo. Llegó con el cadáver antes de que se pusiera el sol y sin testigos comenzó a rascarle a la tierra. Tan chiquito el bulto y tan grande el hoyo. Lo bajó de la carroza, lo envolvió muy bien y lo depositó en su última morada. No hubo rezos, ni llanto cuando la tierra cubrió por completo al micifúz.

Ayer, don Lupe enterró a un gato criollo. Llegó con el cadáver antes de que se pusiera el sol y sin testigos comenzó a rascarle a la tierra. Tan chiquito el bulto y tan grande el hoyo. Lo bajó de la carroza, lo envolvió muy bien y lo depositó en su última morada. No hubo rezos, ni llanto cuando la tierra cubrió por completo al micifúz.

No es el primer animal que entierra el viejo Guadalupe. Son tantos que la memoria ya le juega bromas. Lo que sí sabe es que son más de 20 años los que lleva haciendo la triste profesión de enterrador. ¿Dónde? Por acá, por estos rumbos de Querétaro, Municipio de Villa Corregidora.

Por estas tierras ya no miran extraño que exista un cementerio de mascotas. Un terreno de unos mil 500 metros cuadrados, donde el ayudante del veterinario Manuel Solorio Perrusquía ha enterrado más de mil 500 muertitos de cuatro patas, entre perros, gatos, hurones y un ratón.

Y hay de todo en el camposanto. Fosas sólo cubiertas por tierra, corrales de madera y metal. Lápidas con todo y leyenda, fotos de los que se nos fueron, figurillas perrunas de piedra, así como los juguetes que les alegraron la vida en casa.

Flores, macetas, epitafios y hasta pelotas encima de las tumbas. La foto de San Francisco de Asís, el santo patrono de los animales del Señor. Platos de metal, collares y hasta el viejo cepillo. Algunas tumbas son visitadas cada fin de semana por aquellos nostálgicos amigos del perro. Otras se encuentran en el olvido. Descuidadas y sin quien les eche un hueso.

Pelota y Rondine fueron los primeros enterrados, aunque don Lupe y el doctor Solorio ya ni se acuerdan dónde. “Al lugar le caben unos cinco mil animalitos, por lo que sobra mucho espacio. De este lado tenemos listas unas diez fosas para los que siguen”, comenta el doctor Solorio.

Todo comenzó hace 20 años y por mera casualidad. Manuel Solorio, médico veterinario de la UNAM, tenía su consultorio en dicho lugar y un terreno aledaño en el que pensaba construir su casa de campo. “Un día, un paciente no tenía dónde enterrar a su mascota y me dijo que si podía hacerlo en el terreno.”

Y luego fue otro. Y otro más. Entonces el ahora veterinario de 70 años decidió abrir un panteón de mascotas, con todas las de la ley. Trámites, requisitos y hasta enterrador. Claro, don Lupe.

“La mayoría son perros y gatos. Hay algunos hurones y hasta un ratón. Los precios son de acuerdo con el tamaño del animal y de las necesidades de los deudos. Un animal pequeño genera un costo de 600 a 800 pesos, que incluye ir por el muertito al hogar, enterrarlo y garantizar la fosa por tres años. Las mascotas grandes pagan entre mil y mil 500 pesos”.

De acuerdo con el dueño del cementerio, hay un promedio de tres clientes con difunto a la semana. La mayoría busca la cripta, aunque algunos prefieren cremar a su amigo y eso cuesta dos mil 500 pesos.

“¿Razas?, hay de todo. Desde un chihuahua hasta un gigante de los pirineos. Claro que hay perros sin pedigrí y gatos sin árbol genealógico. El que enterraron en la mañana era un gato criollo de siete años. Se llamaba don Gatito y nadie vino a su entierro”.

Junto a una de las bardas que delimitan el camposanto se encuentra la tumba de Dalila. Una perra pastor alemán que aparece en foto, pegada en la lápida. En medio está la vieja pelota de basquet con la que jugaba y se nota que sus amos van seguido a visitarla.

A unos metros está una tumba que pareciera de humano. De piedra, con la foto de un perro melenudo y el epitafio: “Pancho. Compañero y amigo de mil batallas, siempre caminaremos juntos (1994-2007)”. Allá está la casita de Wako, el rinconcito de Petite, Galleta y Brinky. También Winnie, Max, Chacho, Pecas, Negrita, Winner, Napoleón, Lucas, Yago y Solovino.

Comenta el doctor que no es nuevo esto de enterrar animales. Que en el antiguo Egipto se adoraban cocodrilos, gatos y perros y todos terminaban en el hoyo. Que a los faraones se les enterraba con sus perros para que los acompañaran al inframundo. Que si iban solos al más allá podían ser molestados por espíritus malignos.

También hay cementerios en Argentina, Canadá, Estados Unidos y en Japón. En el último, “existe también la moda de llevar una carroza al hogar, con servicio de crematorio en su interior y hasta servicio religioso”. Y ya hay esquelas en los diarios y en internet.

Fecha: 01.07.08
http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/primera/temadeldia_nacional/cementerios_de_mascotas/270583

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