domingo, 20 de julio de 2008

Tarragona: perros y voluntarios desesperados

El Diari entra en las más que llenas instalaciones de la Associació Protectora d’Animals i Plantes. Un fuerte y desagradable olor a excrementos junto a miles de moscas dan la bienvenida a los visitantes de la perrera. 300 canes y gatos aguardan, entre hirientes ladridos, a la familia de su vida.

Tarragona.- Vicky la ciega es una perrita blanca que está atada porque no ve absolutamente nada y esa es la única manera de librarla de peligros. Wilson el paralítico es otro de los pequeños que ocupan una de las jaulas llenas tanto de gatos como de perros. Y Duende es un bóxer que reclama a gritos una familia al igual que sus compañeros de ‘cárcel’.

Lamentablemente, estos son sólo tres de los más de 300 animales que malviven en la perrera municipal. Las instalaciones, preparadas para acoger a 150 canes y felinos, están celebrando desde ayer una jornada de puertas abiertas, convocatoria que se repite hoy y mañana para sensibilizar a toda la población de la necesidad de no abandonar, de esterilizar a los gatos y perros, y siempre que sea posible, adoptar. Aunque también se celebran con la intención de que todo el mundo compruebe en qué condiciones están estos seres vivos.

Miles de miradas se pierden entre los aullidos y ladridos de centenares de perros. Desgraciadamente, esa es una imagen que se sucede a cada segundo en este lugar. Es imposible pasar entre las jaulas abarrotadas y no sentir ganas de llorar. El panorama es tan tétrico y está tan lleno de soledad que la única reacción humana posible es la pena.

El amor a los animales

Gracias a la decena de voluntarios que dedican sus tiempos libres a cuidar de estos animales de forma totalmente altruista, la perrera se mantiene en pie. Natàlia Rodríguez es una de ellas: «Vengo por el amor que siento hacia los animales. Necesitamos que la gente done comida para perros y gatos así como mantas. Aun así, lo más importante es que no abandonen a los animales y que, quien pueda, adopte».

Tristemente, Natàlia, que trabaja en una agencia de viajes, explica que «algunos animales llegan llenos de garrapatas, maltratados y violados y, encima, aquí hay jaulas tan saturadas que hay perros que se matan entre ellos».

Esta voluntaria lamenta que «nosotros damos mucho pero la dirección no da nada. Y esto debería cambiar. Somos nosotros quienes ponemos nuestro corazón y nuestro empeño en cuidar a estos animales». (Natàlia no para ni un segundo para hablar y nos pide que la acompañemos en las tareas de limpieza mientras conversamos).

Natàlia siente ganas de no volver más a la perrera cada vez que la desesperación le puede. Sin embargo, justo en ese momento recuerda el anhelo de cariño de cada uno de los ‘encarcelados’ y se fuerza a regresar junto a ellos. Sus sentimientos son similares a los de otras voluntarias que están indignadas ante tanto trabajo que hacer y tan pocas manos con voluntad de hacerlo.



Ayuda y voluntad

Para mejorar la saturación que vive actualmente la perrera, algunas voluntarias creen que es necesario que se substituya el equipo de dirección y, más concretamente, la directora Anna Duch. Se quejan de una falta de voluntad por su parte y demandan que haya una persona que pueda pasar horas y horas trabajando en el lugar para saber cómo están las cosas. Rodríguez recuerda que «los animales tienen unos derechos y la Policía debería hacerlos valer».

Lamenta también que «he estado cuidando de uno de los perros durante los últimos ocho meses. Llegué el otro día y entre unos cuantos lo habían matado. Estas cosas como persona te hunden pero yo trabajo por ellos». Las voluntarias limpian, reponen los bebederos y comederos, cuidan de los perros y siempre que pueden, además, les dan cariño y mimos.

Esther García trabaja en una fábrica y es otra de las voluntarias. Ella explica que «hay gente que te trae al perro e incluso te quieren pagar. Lo dejan aquí y se quedan tan tranquilos. Es incomprensible. Un perro ya se sabe que no es una persona, necesita unos cuidados y tienes que enseñarle a que no rompa cosas y educarlo en general pero hay personas que no están concienciadas de que un animal es para siempre». García añade que «no hay porqué tener un perro pijo. Se puede adoptar a uno de estos petaners. Estos, seguramente, te lo agradecerán mucho más que cualquier otro.

Hasta mañana, las instalaciones de la Associació Protectora d’Animals i Plantes, situadas en el Carrer Sofre del Polígon Riu Clar, estarán abiertas durante todo el día. Allí se quedan más de 300 animales esperando ansiosos que alguien se los lleve a casa para formar parte de una buena familia.

Fecha: 19.07.08
http://www.diaridetarragona.com/tarragona/009065/perros/voluntarios/desesperados
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