lunes, 28 de julio de 2008

Toros y otros animales

Artículo de Julio Bustamante

Hablando el otro día con una mujer, más o menos de mi edad, salió a la conversación el viejo tema, más bien el debate, sobre las corridas de toros, tan enmarcadas ellas dentro de las actividades populares típicas de esta península, y que luego pasaron como herencia a la América latina dentro del bagaje de nuestras simpáticas costumbres. Contaba la chica que siendo aún una niña pequeña, con sólo cinco años, empezó a tomarles manía a sus mayores a raíz de que éstos se obstinaban una y otra vez en llevarla con ellos a las corridas en compañía de sus aterrados hermanos. Literalmente se veían arrastrados hasta la plaza en contra de su voluntad, en medio de unos berrinches de espanto. Por fortuna estas escandalosas protestas lograron liberarlos pronto de la obligación de asistir a ese triste espectáculo, según sus palabras, propio de gente perversa o, como poco, endemoniada. De aquellos días, me confesó con femenino desparpajo, había sacado la conclusión de que los mayores eran una pandilla de hipócritas y cobardes, que traían hijos al mundo, a diferencia de otros animales más nobles, con el único propósito de descargar en ellos todas sus frustraciones, con la indiferencia de quien no duda en aprovecharse de los más débiles. Según ella, todo esto de las ferias taurinas no significaba más que un ritual de la explotación y el abuso, una celebración que sirve de aviso y justifica toda barbarie.

Mientras tomaba buena nota para mis adentros de tan agudos comentarios le di mi conformidad sobre buena parte de sus opiniones. Más tarde añadí que, según mi parecer, tenía la confianza de que poco a poco, aunando la voluntad todos, este tipo de costumbres anacrónicas se verán erradicadas para siempre, como ocurriera en su día con las peleas de gladiadores o la Inquisición. En cuanto a la pena capital, me respondió, hoy en día se ha inventado la variante de deshacerse de masas enteras de población mediante la hambruna y las guerras estratégicamente localizadas. Una vez en estos parámetros qué puede importar la vida de un toro, un perro o una cabra. Como siempre aquí la cuestión en juego es la educación pública y la toma de conciencia de cada cual.

El caso es que mi amiga prefiere no hablar más de tauromaquias y hacer todo lo que se pueda al respecto. Antes que nada pasar de los alienantes circos imperiales. Un país que no considera a todos los seres vivos como semejantes y no respeta sus derechos tampoco está capacitado para respetar los derechos humanos. Sin esto todo lo demás son parches de sensiblería y romanticismo, a excepción de unos pocos y pocas cuya dedicación plena a los demás debería constituir un ejemplo para todos. Mientras, muchas asociaciones en defensa de los animales y en contra de la tortura de todo tipo vienen tratando de hacer oír sus voces ante éste y otros gobiernos sin que hasta la fecha hayan recibido otra respuesta que aplazamientos y excusas.

Fecha: 26.05.08
http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2008072600_5_476924__Opinion-Toros-otros-animales

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