domingo, 13 de julio de 2008

Un refugio de primates en la jungla de Madrid

Artículo de Clemente Álvarez

MADRID.- Cuando el primatólogo Guillermo Bustelo prepara su cerbatana con dardos anestesiantes es que acompaña a agentes del Seprona en un nuevo rescate de primates. Esto ocurre en España en decomisos efectuados en centros zoológicos denunciados o clausurados, pero también en actuaciones contra el tráfico de especies. "Yo entro con mi cerbatana y ellos con sus pistolas", cuenta este amante de los simios, que ha montado en Madrid uno de los mayores refugios de primates de toda Europa, el centro de rescate Rainfer (http://www.rainfer.com/)

Allí mantiene, en unas instalaciones especiales, rodeadas de alambradas electrificadas y fosos, y cerradas al público, a más de un centenar de primates de una veintena de especies diferentes. "Sólo te pongo una condición para que hagas el reportaje y es que no digas dónde se encuentran estas instalaciones", recalca Bustelo en la entrada.

"¿Que por qué? Pues porque hay traficantes que estarían encantados de recuperar sus animales".

El primero en aparecer es 'Sami', el macho alfa de uno de los dos grupos de chimpancés, que se lanza como poseído a aporrear la delgada valla de separación para alardear de fuerza. A pesar de su exhibición de músculo, este simio nunca llegará a alcanzar un tamaño demasiado grande. "Se le sacó de un circo en el que se le trató muy mal y ya nunca se recuperará", cuenta Bustelo.

Los 14 chimpancés que hoy disfrutan de una vida placentera en estos grandes recintos al aire libre comparten todos historias a cuál más cruel. Como la de 'Jacky', otro macho al que castraron y le cortaron las cuerdas vocales para que no pudiese chillar. O la del chimpancé 'Guillermo', al que una señora tuvo 12 años a oscuras en una diminuta jaula. "Cuando llegó aquí comía sólo Coca Cola y chocolate y había que cantarle el cumpleaños feliz", incide el primatólogo, que asegura que se ha tardado muchos meses en socializarle. "Tenía miedo hasta de la luz".

El nombre de cada uno suele ser el mismo que tuvieran ya antes del rescate y ninguno de ellos podría ser reintroducido en su hábitat natural. Como recalca Bustelo, se corre el riesgo de transmitir enfermedades a las poblaciones salvajes e incluso provocar muertes, pues las caras casi humanas que miran al otro lado de las rejas nunca aprendieron cómo comportarse en grupos en libertad. A muchos de ellos no los quieren ni siquiera los zoológicos, pues no son fáciles de mantener.

Cámaras de vigilancia

Monos ardilla, capuchinos, titís de cabeza de algodón, titís de manos doradas, titís de pincel blanco, monos búho, monos de garganta blanca... Cabezas de todas las formas, expresiones y colores asoman por las 28 jaulas de una de las casetas dormitorio, mantenidas de forma permanente a 26-27 grados de temperatura y vigiladas por cámaras conectadas a internet. Entre todos, se zampan cada mes cerca de mil yogures y de 2.000 latas de 250 gramos de pienso.


Bustelo, junto a Jane Goodall

"Son un ejército y encima el mercado negro no para", comenta Bustelo, que recibe sólo una subvención de 12.000 euros al año del Ministerio de Medio Ambiente, aparte de la ayuda de los muchos voluntarios que trabajan de forma desinteresada en el centro. Demasiado poco para el ritmo de rescates practicados en España. Según datos de la Guardia Civil, los agentes del Seprona decomisaron 63 primates en 2006 y en el último recuento del año 2007 iban ya por 41 (23 de ellos, monos de Berbería). En el centro Rainfer ya se espera cuatro nuevos chimpancés de Tenerife.

Todos los primates están protegidos por la convención CITES sobre comercio internacional de especies amenazadas. Sólo se pueden ser vendidos o comprados cuando disponen de «papeles». No obstante, como recalca Pedro Pozas, director del Proyecto Gran Simio, "hay gente que trapichea con la descendencia de estos animales".

Paradójicamente, el mismo grupo de animales maltratados y condenados a estar enjaulados de por vida constituyen también aquí en Rainfer el campo de estudio de investigadores de diversas universidades del país, que tratan de profundizar en la sorprendente inteligencia de estos seres.

Bustelo ha comenzado ahora a enseñar a los simios el lenguaje de signos americano (el American Sign Language). "Es increíble, la rapidez con la que lo aprenden", explica el primatólogo. La más aventajada es 'Lilí'. "Le empezamos a enseñar que acercarse la mano a la boca quiere decir comer y cuando poco después le pedimos que nos acercase un objeto ya lo estaba utilizando".

Fecha: 08.01.08
http://www.soitu.es/soitu/2007/12/21/medioambiente/1198255002_028407.html

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