jueves, 24 de julio de 2008

"Una empresa que ridiculiza a los vegetarianos", por Julio Ortega Fraile

Excelente artículo de Julio Ortega Fraile (como todos los que escribe) publicado en su blog Maltrato Animal: un Crimen Legal sobre Campofrío, la empresa que para publicitar sus productos ha realizado un anuncio que ridiculiza a los vegetarianos y la acción de Igualdad Animal que podéis ver y leer en esta entrada Igualdad Animal responde a Campofrío

UNA EMPRESA QUE RIDICULIZA A LOS VEGETARIANOS

¿Se imaginan que una Empresa de fabricación de automóviles, para aumentar la venta de sus coches, ridiculizase en sus campañas publicitarias a los que hubiesen decidido, de forma libre y reflexionada, renunciar a un vehículo a motor y desplazarse en bicicleta?, ¿cuál sería su opinión acerca no sólo de la falta de respeto demostrada hacia aquellos que ni necesitan ni quieren utilizar un automóvil, sino por la poca ética y profesionalidad exhibida al tener que acudir a un intento de denigrar a los que eligen otra opción para exponer las excelencias de la propia?. Probablemente pensarían que esa Empresa, además de carecer de argumentos para promocionar su producto desconoce las más elementales normas de deontología; si a eso añadimos que lejos de ser una Firma modesta ocupa la posición de líder en su sector en el Mercado español, su comportamiento despreciable e indigno es todavía más inexplicable.

En el caso real al que me refiero se trata de una Industria dedicada a los elaborados cárnicos que todos conocemos. Y es que esta Empresa, para dar mayor salida sus productos obtenidos como en todas las de características similares, a partir de la reproducción forzada de animales, su estabulación en habitáculos minúsculos, su mutilación sin anestesia, su crianza y desarrollo en condiciones lamentables y su aniquilación en mataderos, ha tenido la ruin ocurrencia de caricaturizar a los vegetarianos y burlarse de ellos pensando que de ese modo lograría aumentar sus ventas y por lo tanto sus beneficios.

Identifican en el anuncio que emiten por TV a los vegetarianos con hippies anclados en el pasado, los que proclamaban el “Haz el amor y no la guerra”; por cierto, que sin duda me quedo antes con la filosofía de vida de aquellos hombres y mujeres que creían en un mundo más justo y que soñaron con que la libertad, el respeto y la igualdad eran metas alcanzables y que el progreso, necesario, ha de ser sostenible y no tiene porque implicar destrucción y deterioro de nuestro entorno. Prefiero a esos “iluminados” con aspecto de los sesenta de los que hoy pretenden reírse los responsables de una gran Empresa, a los ejecutivos agresivos que han levantado un Emporio a costa del sufrimiento y muerte de animales. Los primeros protegen la vida para todos y estos últimos defienden su particular cuenta de resultados que ni siquiera la de sus trabajadores, como demuestran los últimos Expedientes de regulación de empleo con despidos incluidos a consecuencia de la reciente huelga de transportes.

Pero la realidad es que lejos del tópico fácil y engañoso al que acuden los publicistas de dicha Empresa, la negativa a comer productos que hayan supuesto algún tipo de tortura o la muerte de seres con capacidad para sentir dolor es una decisión adoptada por infinidad de personas, presente en todos los sectores sociales no sólo de nuestro País y que constituye el resultado de una reflexión profunda y muy madurada por parte de los que la llevan a cabo. Nadie es obligado a convertirse en vegetariano ni ningún padre que lo sea fuerza a sus hijos a seguir sus pasos, tal y como de forma mezquina y falaz se nos pretender hacer creer en el anuncio televisivo.

La Asociación por la defensa de los Animales Igualdad Animal ha entrado en granjas que suministran carne a Campofrío. En los reportajes que han realizado podemos observar las condiciones espantosas en las que allí se hacinan los cerdos, las mutilaciones que padecen, cómo pasan día tras día en espacios en los que apenan pueden moverse, cómo algunos presentan heridas, infecciones, tumores, que no son tratados a menos de que la afección comprometa la validez del producto final y pueda suponer obtener menor rentabilidad, cómo determinadas hembras son sometidas a reproducción y cómo al final los que sobreviven, porque un buen número mueren durante su cautiverio, son enviados al matadero, en donde de un modo cruel se pone fin a una existencia convertida en sometimiento y sufrimiento desde su primera hora de vida. Pero la cara amable de esta siniestra Industria, la que se muestra al consumidor, es la de expositores luminosos en hipermercados, asépticas lonchas perfectamente cortadas y empaquetadas, rostros sonrientes mientras comen productos derivados del cerdo... pero nada, nada de la otra realidad, ninguna imagen de un cerdito moribundo, de sus lamentos, de su agonía perpetua, porque eso no vendería y conocer lo que efectivamente ocurre tras los muros de estas empresas, con escenas idílicas de cara al exterior y empapados en sangre en su interior, nos haría ver de otro modo esa oferta tan apetitosa de productos cárnicos que en modo alguno aparentan el padecimiento cotidiano que representa su elaboración

Yo no voy a decirle a nadie si tiene que comer o no carne o pescado, eso es una decisión libre y personal; una cuestión son mis ideas, mis principios, mis creencias y otra es el derecho del que todos disponen para decidir y elegir. Lo que no quiero ni puedo dejar de hacer, es aportar mi colaboración a la hora de informar sobre la realidad que se esconde detrás de una industria cárnica como esta y de otras tantas similares. Porque si el interés de una Empresa sea de alimentación, de fabricación de juguetes o de zapatillas deportivas, es acaparar la mayor cota de mercado posible ocultando la parte desagradable del proceso de producción, el nuestro, como consumidores y sobre todo como Ciudadanos, es conocer hasta el último detalle de la elaboración de esos artículos, sobre todo si antes de llegar a los expositores, vitrinas y escaparates con aspecto inmaculado, han estado teñidos de sangre, de sufrimiento, de explotación infantil o han sido fabricados en talleres dignos de una novela de Dickens por esclavos del Siglo XXI y el beneficio que otorga a unos pocos, pasa por el dolor y la miseria de otros muchos.

Que cada uno escoja ver o no ver y pensar o no en dicha realidad, no menos existente por intencionadamente oculta, pero lo que no podemos consentir es que los que de forma libre y personal hayan elegido la opción de que su alimentación no implique el sufrimiento de otros, se vean despreciados y ridiculizados por aquellos que con tal de vender y ganar, no respetan la libertad de elección de gente que cree su decisión ayudará a hacer de este Mundo un lugar más justo. Claro que, comprobando su preocupación por el dolor físico y la vida de otros seres, poco podemos esperar de ellos en lo que a cuestiones éticas se refiere.

Julio Ortega Fraile

Podéis ver las imágenes de la granja de Campofrío en http://www.investigacionesanimales.org/fotografias/campofrio/granja

Quien quiera saber a qué se refiere Julio en su artículo o que todavía crea que ser vegetariano es una moda, que es de gente rara, o de hippies, o tantos comentarios tontos que se leen y se oyen por ahí, que se mire este vídeo. Es corto, menos de 4 minutos, y es un extracto del documental Earhtlings. Supongo que entonces comprenderá porqué los vegetarianos no queremos participar de esto.


Reportaje sobre una Granja suministradora de Campofrío: http://www.investigacionesanimales.org/videos
http://www.igualdadanimal.org/

El artículo de Julio Ortega Fraile lo encontraréis aquí:
http://findelmaltratoanimal.blogspot.com/2008/07/una-empresa-que-ridiculiza-los.html

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