domingo, 14 de septiembre de 2008

Terapeutas de compañía


Mucho tiempo pasó hasta que las cuidadoras de la residencia de ancianos Parc Serentill de Badalona, descubrieron qué es lo que le ocurría a Rosa. Era una señora que pasaba los días sumida en su tristeza. Para intentar alegrar su día a día, le llevaron a Petitó, un pequeño canario que, sin duda alguna, cambio para siempre la vida de Rosa. La falta de interés por hablar había hecho que las encargadas de la residencia desconocieran su vida anterior, y por lo tanto no supieran que lo que la pasaba, tan sólo era que echaba de menos a sus pájaros.

Poco tiempo después, una trabajadora del centro tuvo que llevar a su perro a la residencia para poder atenderle tras la operación que había sufrido. Poco sabía ella, que su pequeño amigo iba a alegrarle la vida a una residente con un estado avanzado de Alzheimer. Al cabo del tiempo, las cuidadoras pudieron conocer el pasado de esta anciana, que había estado viviendo solamente acompañada de sus perros, los cuales le fueron arrebatados cuando los servicios sociales la ingresaron en este centro.

Estos dos fueron los hechos que pusieron a Laura Anzizu, directora de Parc Setentill, en el camino de la terapia asistida con animales de compañía, convirtiendo a su residencia en pionera en la aplicación de este tipo de metodología.

Terapia con animales

La Terapia y Educación Asistida por Animales de Compañía (TEAAC) consiste en la participación de animales en intervenciones terapéuticas, con el fin de propiciar o promover la salud y el bienestar humano. «A lo largo de la historia, se han realizado innombrables estudios que nos constatan las grandes mejoras conseguidas en determinadas personas».

De esta forma, los primeros terapeutas de compañía fueron utilizados en 1972 en Inglaterra, donde el doctor William Tuke los empleó para mejorar las condiciones infrahumanas que existían en los manicomios de la época y para enseñar autocontrol a los pacientes. La siguiente ocasión fue en un centro de epilépticos fundado en 1867 en Alemania, donde en la actualidad todavía se sigue utilizando este método terapéutico.

En los años 60, el psiquiatra estadounidense Boris Levintos, fue el primero en demostrar los efectos beneficiosos de tener un animal en su consulta mientras atendía a un niño. «Relató las experiencias vividas junto a su perro Gingles y pacientes introvertidos que perdían todas sus inhibiciones y miedos gracias a la presencia del perro».

Fuente de salud

Bajo el eslogan del IV Congreso Internacional de la Fundación Purina 'Animales de Compañía, Fuente de Salud', la residencia Parc Serentill inició, en octubre de 1997, una experiencia innovadora en el campo de la geriatría con la incorporación en su plantilla de Ona y Simba, una pareja de perros de raza golden retriever que cambió la vida de todos los residentes y trabajadores.

Sin embargo, antes de la adopción, fueron muchos los cabos que tuvieron que dejar atados para que la terapia funcionara a la perfección. Tras concretar cuestiones como qué raza de perro es la más adecuada o quién será el responsable primero y último de la experiencia, Anzizu convocó una asamblea con residentes y trabajadores donde se expusieron normas básicas de funcionamiento. «Solo podían comer dos veces al día y exclusivamente pienso. No se les debía dar nunca comida cocinada ni podrían entrar en la cocina. Además debían permanecer en sus casetas durante las horas de comida de los residentes y no podía subirse de patas encima de las personas».

Asimismo, la directora ve necesario la educación de los perros. A lo largo de tres meses se llevaron a cabo sesiones semanales de adiestramiento, en donde se enseñaba al personal y a algunos residentes a establecer pautas generales de manejo y a entrenar a los perros a las órdenes básicas. «Nos interesó que los residentes pudieran involucrarse también en el proceso de educación porque consideramos que, para una persona mayor, el poder participar en una iniciativa de estas características era altamente terapéutico».

A partir de la convivencia con los animales, los residentes consiguen una mayor integración dentro de la sociedad al establecer unas relaciones nuevas y abiertas. Además, les ayuda a ocupar el tiempo libre ya que se preocupan de dónde están los perros, qué hacen, si han comido o si están bien. Asimismo, «las risas que proporcionan los perros alegran el día a día a los ancianos. El estado de ánimo de los trabajadores también ha aumentado considerablemente, transmitiéndolo también a los residentes».

Fecha: 28.07.08
http://www.eldiariomontanes.es/20080728/cantabria/universidad-cantabria/terapeutas-compania-20080728.html

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