jueves, 18 de septiembre de 2008

Toro de la Vega, dolor de muchos y diversión de unos pocos

Artículo de Julio Ortega Fraile

Domingo 14 de Septiembre, más de 500 personas procedentes de diversos puntos de España se reúnen en la Provincia de Valladolid con dos objetivos. Para cumplir el primero la Localidad escogida es Tordesillas y el motivo, dejar patente la repulsa al Torneo del Toro de la Vega que tendrá lugar sólo dos días después, el martes 16, como acto central de una tradición que enmascarada tras disculpas torticeras como cultura, arte o pedagogía por parte de sus promotores, lo que oculta realmente es la tortura atroz y prolongada a un toro, a base de perseguirlo, acosarlo y clavarle una y otra vez lanzas en su cuerpo, que se va convirtiendo poco a poco en un acerico sangrante y procurándole un sufrimiento inconcebible, mientras una turba enloquecida y poseída por un sadismo inusitado, se recrea en la agonía del animal y cada uno de sus miembros, trata de ser él quien le aseste al astado el último golpe, aquel que le arranque el último hálito de vida después de haber ido perdiéndola lentamente en cada una de las estocadas que destrozaban su piel, sus tejidos y sus órganos en una sangría ansiada durante todo un año por sus salvajes autores. El segundo punto de reunión es Valladolid Capital, para ante la Junta de Castilla y León expresar la condena y el rechazo al apoyo institucional que este Organismo otorga a tan cruel espectáculo y exigirle que se ponga fin a través de la Ley, a un caso flagrante e intolerable de tortura a un animal desde cualquier perspectiva que se considere, siempre claro está, que se valore en base a la razón y a la cordura, no siguiendo los necios y peligrosos dictados de cerebros ebrios de testiculina cuyo resultado son actos como este de infamante cobardía. El que tiene lugar durante esta ceremonia feroz es un maltrato incompatible con la legislación al respecto por mucho que en el caso de festejos populares y toros, lo blanco se convierta en negro y se haga una siniestra excepción que supone un agravio para esta especie procurándole un sufrimiento indescriptible. El Principio que se nos vende como sagrado y salvaguarda de unos derechos universales de igualdad ante la Ley sin distinciones de ningún tipo, se vulnera y pierde cualquier atisbo de credibilidad cuando es aplicable a un perro o un mono pero no así a un toro. Me resulta inevitable establecer el paralelismo con humanos, válido en cualquier caso porque animales y hombres aparecen reflejados en diferentes apartados de un mismo Código Penal, por lo tanto y trasladándolo a nuestra especie, es como si estuviese prohibido linchar a una persona de cualquier raza a excepción de esquimales por ejemplo. Así como el organismo de un Señor que viva en Groenlandia es similar al de un habitante de Cuenca, el de un toro es tan complejo como el de una cabra o un lince y en cualquier caso, su sensibilidad al dolor no difiere tanto de la nuestra y su padecimiento en este caso es descomunal.

Ahora los fanáticos defensores del Crimen del Toro de la Vega vendrán diciendo muy ufanos que fueron “unos pocos desarrapados” los que acudieron a las concentraciones, utilizando en un alarde de necedad ese dato como un argumento irrebatible en el que apoyar su elogio y protección de su amado Torneo y afirmando que si sólo cinco centenares largos estuvieron allí presentes para protestar, es que el resto está de acuerdo. Este tipo de conclusiones basadas en premisas así de incongruentes son muy habituales en colectivos cuyas acciones bárbaras no admiten justificaciones desde la sensatez y han de recurrir al absurdo para defenderlas. Lo trágico es que en este caso su estulticia se traduce en muerte.

Quisiera de cualquier modo y aunque lo importante no sea cuántas voces se junten en un momento determinado, sino el contenido de su mensaje, analizar por encima las circunstancias que envuelven a un llamamiento para asistir a un acto de este tipo. Las diferentes Asociaciones contra el maltrato animal publican en sus páginas la convocatoria de que se trate y envían un correo con la información a las personas que figuran en sus bases de datos; algunos de estos, a su vez, hacen lo propio con sus contactos. Posteriormente, cuando llega la fecha, se fletan autobuses desde ciertas ciudades, que suelen ser sólo las más importantes y pobladas y que se cuentan con los dedos de una mano. Unos cuantos, principalmente los que viven más cerca se acercarán en sus vehículos particulares si disponen de ellos. De lo anterior se deriva que primero es necesario haber tenido acceso a la información sobre la movilización y eso es más probable, situándonos en este caso, si con anterioridad se conoce la existencia del brutal certamen del Toro de la Vega, algo no tan sencillo pues sus organizadores y participantes son un grupo cerrado, oscurantista, con costumbres y conceptos medievales al respecto y conocedores del rechazo que tal aberración suele suscitar en aquel que tiene conocimiento de ella, procuran que se le dé la menor difusión posible. Continuamente nos vamos encontrando en campañas que se realizan con gente que ignoraba que haya costumbres como el Toro de la Vega, el de Coria o incluso las condiciones de vida de las gallinas ponedoras en granjas o cómo se hace el foie-gras y en la mayor parte de los casos, su asombro inicial al saber que algo así tiene lugar, se torna en rabia y compromiso para en la medida de sus posibilidades, colaborar en que se ponga fin a acciones nauseabundas como esas.
Una vez informada la gente tanto de la tradición salvaje como de los actos de protesta hay que tener medio de desplazamiento, bien porque se resida en una de la poblaciones desde las que parten los autocares o porque se disponga de coche propio y esto último, no es lo más habitual entre gente joven que suele ser la que tiene más disponibilidad horaria y menos ataduras para poder participar. Tanto si es en un automóvil como en el autobús, hace falta disponer del dinero necesario para afrontar principalmente el gasto del combustible o del billete en su caso, porque en contra de lo que pregonan de forma machacona a los cuatro vientos muchos de los que llaman a los defensores de los animales ecolojetas, ecotarras, cazasubvenciones en incluso terroristas, las Asociaciones contra el maltrato son ONGs sin ánimo de lucro y viven de las aportaciones de voluntarios y de las pequeñas cuotas variables de sus afiliados, exiguos recursos en todo caso que apenas alcanzan para la compra de material, soporte informático y publicaciones informativas, pero no reciben subvención alguna y desde la Responsable de atención a los medios de Equanimal hasta el Encargado de activismo de Libera, pasando por el Presidente del Pacma, tendrán que “rascarse el bolsillo” para hacer frente a los gastos del viaje.

Por otra parte, muchas de las personas que por detestar semejantes barbaridades estarían si pudieran en tales actos no acuden por razones que cualquiera, con un poco de lucidez y nada de dañino y egoísta interés en mantener la repugnante costumbre del Toro de la Vega entenderá, como son obligaciones familiares o laborales, problemas económicos, impedimentos físicos o lejanía y algo muy común en este mundo de la defensa de los animales: la inmensa mayoría de las personas preocupadas por su maltrato tienen alguno en su casa, habitualmente son criaturas rescatadas de perreras, adoptadas en albergues o recogidas en la calle y no es lo mismo dejarlas solas en casa ocho horas para ir a trabajar, que durante dos días para asistir a una movilización como esta.

Así pues, cada uno de los que acudieron este fin de semana a Valladolid representa a muchos miles que por falta de medios o imposibilidad de cualquier tipo no estaban allí físicamente, pero apoyan todas y cada una de las reivindicaciones planteadas. Las estadísticas sobre la aceptación social de corridas o festejos con animales torturados no dejan lugar a dudas, es abrumadora la mayoría de aquellos que se proclaman en contra, por lo tanto que ni los que empuñaron la lanza y la introdujeron en el cuerpo del toro en Tordesillas ni su siniestro Patronato busquen aliados en las ausencias, porque ellos si que son una minoría, tan ínfima en cantidad como en calidad humana y de cualquier modo, más de medio millar de personas solidarias con esta causa hicieron muchos kilómetros para defender la vida de un toro al que unos cuantos desquiciados ávidos de sangre iban a martirizar dos días después.

Probablemente ningún lancero dedicaría una sola moneda de su patrimonio ni un minuto de su tiempo para una causa que no fuese en su propio interés. En su ofensivo, violento y mortal egoísmo no hay lugar para el altruismo ni para empatizar con el mal ajeno, por eso sus críticas carentes de fundamento con argumentos tergiversados y basadas en hechos falseados, en vez de ser un arma eficaz contra los movimientos animalistas son una nueva prueba tanto de su miseria moral, como de su falta de ética y de una bajeza de conducta dominada por instintos salvajes y necrófilos de los que dan prueba sus actos. Y nadie puede sentirse insultado cuando los calificativos que recibe son el fiel reflejo de sus fechorías. Decir que la mayor parte de la gente está de acuerdo con su sanguinaria Fiesta es faltar a la verdad como las encuestas han demostrado en sobradas ocasiones, por lo tanto son mentirosos. Divertirse viendo sufrir a un animal va en contra de la decencia y la justicia, así que su moralidad raya en lo miserable. Acosar al toro e ir diezmando sus fuerzas a base de producirle tremendas heridas es algo cobarde y mezquino por lo que su ética es nula. Y hallar regocijo en su muerte buscando ser el que obtenga el premio concedido por el Ayuntamiento por su “proeza” es ensalzar un espectáculo dantesco y convertir la muerte provocada de otro en un beneficio propio; eso es salvajismo y necrofilia.

No sé si los estamentos oficiales, que son los que tienen la facultad para prohibir la próxima edición del Toro de la Vega serán receptivos y tendrán la decencia y el valor de poner en práctica la lección de humanismo, cordura y sensibilidad que con cada una de estas movilizaciones les transmiten los ciudadanos, pero por más que sus sentidos continúen conscientemente abotargados a la demanda, la realidad es que desde hace cuatro años se viene reclamando el fin de este aterrador Torneo y que de un tiempo a esta parte, han sido varias las veces que con tal intención han acudido a la zona activistas; que la difusión y las reacciones ante esta degollina se suceden cada vez con más frecuencia y no hace falta tener demasiadas luces para vaticinar que no hay marcha atrás, que es un movimiento creciente e imparable y que es sólo cuestión de tiempo que se convierta en un amargo recuerdo más de la España negra en la que algunos parecen seguir inmersos.

Los insultos y descalificaciones hacia las Asociaciones o dirigidos a personas no afiliadas pero que luchan por esta causa, crecen proporcionalmente a la labor en defensa de los derechos de los animales realizada, lo que es síntoma de que por parte de colectivos tales como taurófilos y aficionados a festejos con tortura incluida, saben que el plazo para seguir matando impunemente en todas estas actividades se les va acabando, al igual que ha ocurrido con otros hechos vergonzosos y en su día permitidos y apoyados oficialmente; en todos los casos el desenlace ha sido poner fin legalmente a esos desmanes para a partir de ese momento preguntarse: ¿cómo pudo algún día ser esto no sólo lícito, sino encima subvencionado?.

Este año, el toro que ha muerto desangrado bajo las lanzas de los torneantes del Patronato del Toro de la Vega ha sido Valentón. Ojalá su nombre sea el último de una macabra lista demasiado larga ya y que a medida que aumenta, crece con ella la ignominia por tanta permisividad con la crueldad y los motivos para sentirnos avergonzados porque en 2008 algo así siga ocurriendo; pero de lo que no hay ninguna duda, es que también será mayor cada año el ímpetu de los que no concebimos que esto continúe pasando y de ese coraje nace el compromiso, el valor, el tesón y la fuerza para seguir luchando contra esta tortura y otras tantas. Y eso es algo que jamás comprenderán los defensores de las mismas, porque a quien disfruta matando, le está negada la satisfacción de ayudar a crear, conservar y mantener.

Quiero decir que como persona que cree que los derechos de los animales irracionales son tan dignos de respeto y protección como los de los racionales, me siento orgulloso tanto de las Asociaciones como de las personas que a nivel particular han acudido a Valladolid, así como de todas aquellas que sin haber podido hacerlo apoyan firmemente esta causa. Son muchos, cada vez más, los que de un modo u otro colaboran en hacer más fuerte un movimiento dedicado a la información, educación, difusión y activismo de campo cuyo único fin, no lo olvidemos, es salvar a los seres más indefensos y desprotegidos legalmente del sadismo de unos cuantos hombres que sin ser muchos, cuentan con cobertura legal para utilizar sus escopetas, lanzas, estoques, banderillas, cuchillos, inyecciones, cámaras de gas o electrodos, para acabar con sus vidas bien sea por diversión malsana o por negocio que, por muchos beneficios que produzca, como ocurre con el narcotráfico, cada euro que se obtiene de ellos lleva escrito el nombre de una víctima, el bochorno de los que lo consienten y la abyección de los que la causan.

Todas las personas que están luchando por acabar con la tortura son para mí un ejemplo diario y un referente para la educación que quiero para mis hijos, basada en la solidaridad, al igual que los lanceros del Toro de la Vega y sus similares en otros actos sangrientos y cobardes similares, son el vivo ejemplo de lo más cutre y miserable de nuestra Sociedad.

Julio Ortega Fraile

www.pacma.es
www.liberaong.org
www.findelmaltratoanimal.blogspot.com
www.larevolucionpendiente.blogspot.com

Fuente: http://servicios.eldiariomontanes.es/tu-noticia/tu_noticia_ver/Toro-Vega-dolor-muchos-diversion-unos-pocos/12602/1.htm
Fecha: 16.09.08

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