lunes, 22 de septiembre de 2008

«Villarina» recibe el alta en Redes


Los cuidadores resaltan el restablecimiento total de la osa, que no muestra secuelas físicas y rehúye el contacto con humanos. La cría, que ha ganado mucho peso desde que está en Sobrescobio, suele echarse la siesta y jugar con un oso de peluche.

«Villarina» ya está lista para recibir el alta y regresar a casa. Los aires del parque de Redes y los cuidados dispensados en el centro de cría del urogallo de Sobrescobio (su particular clínica a lo largo del último mes y medio) han permitido a la osa recuperarse por completo de su heridas. El esbardo también ha ganado peso. Podría decirse que «Villarina» se ha puesto como un oso gracias a un abundante menú diario que incluye nueces, manzanas, todo tipo de frutos silvestres y hasta restos de animales muertos. En su estancia en Redes no han faltado las siestas, los refrescantes baños en la pileta o los juegos con un oso de peluche. La osezna, sin secuelas, ya está preparada para volver a su hábitat. El Principado ha convocado para la próxima semana una reunión de expertos que decidirá las condiciones en las que se produce la reintroducción del animal en su entorno.

Miguel Á. Gutiérrez, Ladines (Sobrescobio).- A finales de junio, «Villarina» aparecía por primera vez en las páginas de los diarios regionales. Su semblante temeroso exhibía las huellas de las lesiones causadas por un desafortunado accidente: una caída o un atropello, según las hipótesis barajadas entonces por el Principado. Tres meses después, la osa rescatada por un pareja de turistas madrileños en una cuneta de Somiedo está plenamente recuperada de sus heridas. Los aires del parque de Redes parecen haberle sentado bien. Tiene un «piso» propio de 90 metros cuadrados en el centro de cría del urogallo de Sobrescobio, acostumbra a echarse reparadoras siestas, ha ganado peso de manera visible y es habitual verla jugar con un oso de peluche. No hay rastro de secuelas físicas o indicios de que se haya acostumbrado al contacto con las personas. «Villarina» está lista para volver a casa.

La Consejería de Medio Ambiente tiene previsto celebrar una reunión de expertos la próxima semana para determinar las condiciones en las que se producirá esa reintroducción en el hábitat del pequeño esbardo, de ocho meses. Por el momento, ajena a todo, «Villarina» es feliz en Redes. Parafraseando a Yogui, otro plantígrado mediático en la región gracias a sus campañas de promoción turística, podría decirse que está mejor que en Yellowstone. Es la única inquilina del centro de cría en cautividad del urogallo (un equipamiento pendiente de inauguración) donde ocupa tres recintos de una instalación al aire libre cerrada por verjas camufladas por pantallas vegetales. Todo está pensando para recrear el hábitat de la zona cantábrica, con troncos, piedras y follaje que simulan un monte asturiano. Tampoco falta una pileta que «Villarina» suele utilizar con frecuencia para jugar o refrescarse en días calurosos.

María Suárez es veterinaria y responsable del centro de cría en cautividad del urogallo de Sobrescobio. También es la única persona, junto al operario José Luis Oves, que puede ver a «Villarina». Lo hacen cada día, pero siempre por un corto espacio de tiempo, uno o dos minutos a lo sumo. Esos escasos segundos deben servir para depositar la comida en el recinto y comprobar sobre el terreno las evoluciones de la osa. «Está perfecta, como cualquier oso de su edad. Aparentemente la recuperación ha sido total porque no se aprecian secuelas del traumatismo, tiene todos los sentidos en orden y ha ganado bastante peso; también es habitual verla trepar, jugar y ejercitarse», apunta Suárez.

Las férreas condiciones de aislamiento también parecen haber surtido efecto. «Evita todo contacto humano y siempre que entramos en el recinto se refugia en el extremo contrario. Nosotros le hemos cogido mucho cariño, pero por lo visto ella no y eso es muy positivo para la reintroducción en su hábitat», relata la veterinaria. Las exploraciones deben ser a distancia y aprovechando el momento en que la puerta se abre para llevar el alimento: «El perímetro está recubierto por una malla de brezo pero tampoco podemos acercarnos mucho porque es importante que no nos vea, pero también que no nos huela».

Para sus cuidadores, el pequeño esbardo es «osina» o «Villarina», apelativo por el que se conoce al animal desde que fue rescatado cerca de la carretera de Villarín, en Somiedo, por una pareja de turistas madrileños cuando vagaba desorientada y herida por la carretera. Los técnicos de la Consejería de Medio Ambiente intentaron reintroducirla entonces, sin éxito, en su hábitat natural. Después fue trasladada a una clínica de Oviedo, y más tarde, a Cabárceno.

Villarina, poco después de llegar a Redes

«Villarina» llegó a Redes a finales de julio, ya visiblemente repuesta tras su estancia en Cantabria. En las últimas semanas no ha hecho otra cosa que mejorar. En parte, porque come como un oso. Nueces, avellanas, moras, arándanos, manzanas, ciruelas o peras forman parte del menú diario del pequeño esbardo. Ocasionalmente, sus cuidadores depositan en el recinto restos de ciervo o corzo en descomposición ya que, aunque los osos no son carroñeros, los animales muertos también forman parte de su dieta. La hora de la comida nunca es la misma y los responsables del recinto acostumbran a esconder parte de los frutos bajo troncos y hojas para incentivar la búsqueda del alimento por parte de la osezna.

Esta práctica ha servido para comprobar que «Villarina» anda muy bien de nariz. «Nos sorprendió porque un día olfateó, a varios metros de distancia, avellanas camufladas bajo un montón de hierba y nunca las había comido», asegura la veterinaria, para añadir a continuación: «Siempre procuramos darle comida suficiente, pero nunca más de la cuenta para evitar que caiga en el hartazgo».

Y después de comer, siesta. Fiel a los principios patrios, la cría acostumbra a dormitar tras el almuerzo, según explican sus cuidadores. Sin embargo, el ejercicio tampoco falta. «A veces la vemos encaramada a un tronco o intentando arrastrar la pileta. Es muy dinámica y suele jugar con un oso de peluche que ya venía con ella, no sé si desde la clínica de Oviedo o desde Cabárceno», explica María Suárez. No parece que el juguete le recuerde a sus congéneres. «Lo arrastra de un lado al otro, igual que hace con un balde o un tronco», precisa la veterinaria de «Villarina».

Una vez lograda la recuperación de la osezna, sus cuidadores se enfrentan al reto más complejo: devolver al animal a su hábitat, probablemente a Somiedo. El Principado ha convocado para la próxima semana un cónclave de expertos que deberá decidir las condiciones de la reintroducción. «Hay varias posibilidades. Puede ser directa o indirecta, instalando un vallado provisional en la zona de suelta para que se vaya aclimatando a su hábitat. Los expertos también discrepan sobre si debe hacerse ahora, que hay más alimento y es una buena época, o después de la hibernación; en cierto modo somos pioneros porque en esta zona no ha habido reintroducciones de cría de oso en los últimos años y debemos guiarnos por experiencias de Norteamérica o Centroeuropa», concluye Suárez.

La osezna fue encontrada por una pareja de turistas madrileños a finales del pasado mes de junio, en una carretera de Villarín, en Somiedo. El animal vagaba por la calzada desorientado, con problemas de equilibrio y la pupila del ojo derecho dilatada.

Intentos fallidos
Los técnicos del Principado intentaron devolverla a su hábitat en el paraje donde fue localizada, aunque la cría volvía a descender a la carretera sola y sin protección alguna. Posteriormente, se decidió trasladarla a una clínica de Oviedo para que se recuperara de su heridas.

Cabárceno
Después de una leve mejoría, el estado de la osa empeoró tras detectársele un coágulo de sangre que le oprimía el cerebro, consecuencia del traumatismo craneal sufrido. Por este motivo, se decidió su traslado al parque de Cabárceno, en Cantabria.

Regreso a Asturias
Tras pasar unas semanas en Cabárceno, a finales de julio, «Villarina» regresó a Asturias, al centro del urogallo de Sobrescobio, para terminar de recuperarse de sus heridas. La osa se prepara para volver a su hábitat ya que no se observan secuelas de las heridas ni una adaptación al ser humano.

Fuente: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008092100_38_677521__Cuencas-Villarina-recibe-alta-Redes
Fecha: 22.09.08


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