domingo, 5 de octubre de 2008

Donde se ocultan las ballenas


La costa cantábrica ha estado ligada a las ballenas desde la Edad Media y hasta hace apenas cien años, pero la llegada del siglo XX hizo que la población vasca diera la espalda definitivamente a estos cetáceos, una vez que la especie cinegética, la eubalena glacialis o ballena franca, desapareció. Hoy son muchos los que creen que en el Golfo de Bizkaia ya no hay ballenas, y que los periódicos varamientos de ejemplares enfermos se deben a que estos han viajado miles de millas a a la deriva hasta aparecer en alguna de nuestras playas. Nada más lejos de la realidad. En el Golfo de Bizkaia viven al menos 23 especies de cetáceos entre residentes y estacionales, entre ellas ballenas azules (las más grandes del planeta; suelen sobrepasar los treinta metros de longitud), ballenas picudas, marsopas, rorcuales, delfines o calderones.

Así lo explica Pablo Cermeño, coordinador de divulgación y educación de Ámbar, la Asociación para el Estudio y la Conservación de la Fauna Marina, una entidad que desde 1996 sigue de cerca la evolución de los cetáceos en el Cantábrico. Desde hace ocho años su trabajo ya es continuado y estable, y su proyecto estrella son los viajes mensuales en el Pride of Bilbao, que les permiten realizar avistamientos e identificar a centenares de ejemplares en cada travesía, y lo de centenares no es una exageración.

"En una salida de verano puedes ver 70 grupos de ballenas, ha habido veces que hemos estado viendo soplos por todos lados y no podemos ni apuntarlos, porque igual estamos duplicando animales". Así, "un buen avistamiento de verano", a lo largo de tres días, puede acabar con 200 ejemplares visualizados, entre "delfines, ballenas, calderones, marsopas y algún tiburón peregrino", apunta Cermeño.

Desde 2001, Ámbar trabaja en este proyecto junto al Biscay Dolphin Research Programme, cuyos integrantes también suben al ferry dos veces al mes, desde Portsmouth en este caso, y suman sus datos a los recogidos por los técnicos vascos. El problema es que la falta de presupuesto impide a la asociación procesar toda esa información a la que acceden cada vez que se hacen a la mar. "Tenemos bastante monitorizada la zona. Ahora estamos trabajando en un índice de abundancias para saber, más que el número de animales que hay, si las poblaciones aumentan o disminuyen. El índice todavía se está desarrollando, será más rápido y también más visual a la hora de presentarlo a los gobiernos", explica Cermeño, quien apunta a un pequeño descenso de animales visualizados el pasado año, un dato que no tiene por qué significar nada. "Sería necesario ver la tendencia a lo largo de diez años" para obtener un dato riguroso al respecto.

La compañía de ferrys corre con el alojamiento y la manutención de los investigadores, lo cual abarata costos en este seguimiento mensual a lo largo de una ruta excepcionalmente rica. En el trayecto a Inglaterra, el Pride of Bilbao surca zonas de "plataforma continental, de cantil o cañón, y propiamente oceánicas", explica Cermeño.

En Ámbar trabaja un grupo de alrededor de 35 voluntarios, que se las arreglan como pueden para desarrollar su labor. "En estos momentos no hay nadie liberado, algún año hemos tenido a una persona a tiempo parcial y el año pasado se hizo un contrato, pero en 2008 se está trabajando sólo con voluntarios", explica Cermeño.

En cuanto a medios materiales, Ámbar funciona con las aportaciones de los socios y con varios convenios, por ejemplo, con el Club Rumbo Norte, "que tiene varios barcos y te permite salir un día a la semana en velero. El acuerdo que tenemos es que lo podemos usar si no se está utilizando, normalmente entre semana", señala el coordinador de divulgación de la asociación. Muchos particulares, atraídos por el mundo de los cetáceos o ex socios de Ámbar, también organizan salidas para avistar animales cerca de la costa.

Esas expediciones, al margen de las que se realizan en el ferry, sirven para hacer un seguimiento del movimiento de la fauna a lo largo del Cantábrico. Así, tras compartir datos con investigadores gallegos, se ha llegado a la conclusión de que Euskadi y Galicia son refugio de los mismos delfines mulares, que al parecer se mueven a lo largo de la costa en busca de alimento.

Ámbar fotografía a cada cetáceo que avista, especialmente en la zona de las aletas, en busca de cicatrices y todo tipo de marcas. Así se logra lo mismo que cuando se anilla a un ave, dar identidad y nombre a cada ejemplar, y seguir al detalle sus rutas migratorias, sus hábitos, para conocerlos mejor. De esa forma se les puede proteger de los riesgos a los que se enfrentan.

Esos peligros que amenazan a la fauna cantábrica son de muy diversa índole. Cermeño apunta a la contaminación acústica, y en particular, a las maniobras militares, que en alguna ocasión ya han causado algún varamiento masivo en las Islas Canarias.

La sobrepesca es otro factor de riesgo, pero las diferentes especies son capaces de adaptarse a lo que encuentran. "Son más flexibles que nosotros, un delfín mular se alimenta de lo que hay, los calderones comen más calamares y pulpos, pero al final todos acaban apañándose, tienen un sistema mejor que el nuestro para encontrar la comida y se mueven más", señala el portavoz de Ámbar.

Por otro lado, Cermeño asegura que estos animales lo tienen más complicado con la contaminación constante por hidrocarburos, fruto del masivo tráfico que soporta el mar.

El Prestige, por ejemplo, no produjo daños significativos en las poblaciones. En todo caso, cualquier amenaza, por pequeña que sea, cuenta, pues las ballenas tienen un ciclo reproductivo muy largo y pocas crías, lo que hace que la recuperación de la población sea extremadamente lenta.

En cuanto a los varamientos en playas vascas, Cermeño explica que las causas suelen ser múltiples. La muerte natural, por problemas respiratorios en muchos casos, es lo más frecuente, aunque también se han encontrado cetáceos muertos por engancharse en los anzuelos de algún buque palangrero.

Desde el 'ratón' de Getaria El responsable de Ámbar cree que hace falta mucha divulgación para que la gente deje de creer que esos animales que llegan a las playas vienen de exóticos paraísos marinos. Aún quedan a lo largo de la costa vasca torres de avistamiento de ballenas, utilizadas durante siglos para localizar a la eubalena glacialis , que dio de comer a muchas generaciones de vascos. Hoy esa especie está extinguida, o eso se cree, en el mar Cantábrico, y sólo quedan colonias en América, pero hay muchos cetáceos que en la actualidad se pueden avistar desde tierra firme.

Pablo Cermeño explica que desde Matxitxako o el ratón de Getaria se pueden observar sus movimientos, sólo se trata de una cuestión de paciencia. "Nosotros hemos visto rorcuales de veinte metros a una milla del cabo Matxitxako, y el mes de febrero tuvimos del orden de quince o veinte ballenas al lado de la plataforma de La Gaviota. Vimos un cachalote, delfines; aquello bullía de cetáceos", recuerda el portavoz de Ámbar.

Cermeño apunta que con dos visitas a estos puntos de avistamiento, en días claros, sin viento ni una mar de fondo excesiva, es más que probable que los chorros de aire que delatan la presencia de estos animales aparezcan ante nuestros ojos. "La riqueza del Golfo de Bizkaia es como la de zonas tan conocidas como Canarias, Patagonia, Australia o Alaska, aunque hay pescadores recreativos que no las ven, porque es que hay que estar atento", señala el responsable de la asociación. Conocer las costumbres de cada especie es la mejor pista para saber qué se puede ver en cada época del año. "Las ballenas suelen ir al Golfo de Bizkaia en junio para alimentarse. Los cetáceos siguen costumbres que conocemos, no hemos inventado nada: empiezan con el verdel, siguen con la anchoa y luego van a por el bonito", concluye.

Fuente: http://www.noticiasdealava.com/ediciones/2008/09/29/sociedad/euskadi/d29eus16.1032638.php

Fecha: 29.09.08

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