miércoles, 29 de octubre de 2008

'Gote', el perro yonqui del Retiro

MADRID.- Un Jack Russell de un año se debate entre la vida y la muerte tras haberse comido una galleta de hachís en el Retiro, donde el menudeo de droga es habitual. Los casos similares se acumulan en las clínicas veterinarias.

El pasado jueves 16 de octubre, Gote, un Jack Russell de poco más de un año de edad, paseaba tranquilamente por el parque del Retiro. Eran las 18.00 horas y nada le hacía pensar a su dueña, María Luisa, que pocas horas después su perro estaría debatiéndose entre la vida y la muerte. Porque esa galleta que en un momento dado Gote encontró en medio del césped y que ingirió a toda velocidad «no era una galleta de la marca Oreo», como pensó en un principio María Luisa. Era un trozo de hachís que los vendedores de droga del parque se habían quitado de encima al ver que pasaba la Policía.

«Cuando me di cuenta de que se estaba comiendo algo, intenté quitárselo, pero nunca pensé que se tratara de una cosa que le causaría tanto daño», recuerda ahora María Luisa con algo de remordimiento. Porque apenas volvió a pisar su casa, Gote empezó a actuar de manera extraña: sufría convulsiones, se le habían dilatado las pupilas y apenas podía mantenerse en pie porque se le doblaban las patas. Parecía tener los síntomas de una sobredosis por consumo de estupefacientes, diagnóstico que le confirmaron a María Luisa en el Centro Veterinario Arturo Soria, donde fue ingresado el perro. Allí nadie se sorprendió por el estado de Gote: estas intoxicaciones son algo habitual en Madrid.

«Nos llegan muchos canes con los mismos síntomas desde distintas zonas de la región», explica el veterinario Javier Bellvés Jiménez, el encargado de salvar la vida a Gote. «Vienen muchos perros del parque del Retiro y de varios puntos verdes donde es conocido por todos que se trapichea con droga. También acuden gatos, aunque estos son más selectivos y suelen intoxicarse con marihuana», comenta Bellvés, que destaca lo duro que es para un animal consumir sustancias psicotrópicas.

«Si se trata de una cantidad pequeña, los efectos en el animal son los mismos que podría causar una borrachera y le duran uno o dos días. Lo peor es cuando la cantidad es mayor. Entonces pueden darse casos de hipertensión, problemas en la vasodilatación o, por ejemplo, en el caso de la cocaína, hemorragias en los capilares», señala Bellvés. Aunque uno de los problemas principales es cuando la droga viene envuelta en plástico que, posteriormente, corre el riego de quedarse pegado en el estomago del animal, causándole una intoxicación constante.

En el caso de Gote, la ingesta de hachís le ha provocado una meningitis y su supervivencia no está asegurada. «Es un perro que ha tenido mucha mala suerte. Primero sufrió un accidente doméstico, luego tiene los problemas que le han causado el consumo de drogas y ahora se le suma la meningitis. Padece un cuadro grave», apuntó Bellvés.

La segunda vez

«Gote está luchando por sobrevivir, pero, ¿y si en vez del perro hubiera sido un niño el que jugando lo hubiera consumido? La dosis probablemente le hubiera matado. La Policía no hace lo suficiente para evitar el tráfico de drogas en el parque, pero eso sí, ¡que se nos ocurra llevar sueltos a los perros que no tarda en venir una patrulla verde a sancionarnos!», se lamenta María Luisa, que desde su casa ve como el mercadeo de droga en el parque es constante.

Para Gote, ésta no es la primera vez que experimenta las consecuencias de la droga. Cuando era un cachorro, padeció su primer colocón, aunque esta vez, la situación fue menos trágica. «Una vez se puso a saltar y corretear con un grupo de chicos que estaba fumando porros junto al lago. Cuando volvió, ya estaba fumado», rememora Carlos, el hermano de María Luisa.

Los dos no dejan de acudir día sí, día también a la clínica. «Tenemos que ir todos los días mañana y tarde, para que no tenga sensación de abandono», dice la madre de ambos. Sea como sea, a Gote aún le esperan días duros. Los últimos informes revelan que el hachís le ha provocado una lesión medular que puede necesitar quimioterapia. No se sabe cuál es su esperanza de vida. Y sus dueños siguen preguntándose por qué pese a ser de la misma raza que el afortunado Pancho, el del anuncio de la Lotería, a su Gote la suerte le ha dado la espalda, ocupando las drogas su lugar.

El Retiro: un parque abonado al trapicheo

«Trapichean en cualquier zona, incluso junto a los columpios de los niños o la zona de las marionetas, es indignante», repite una y otra vez María Luisa, la dueña de 'Gote'. Y es que el famoso parque madrileño ha llegado a ser denominado como 'La república independiente del Retiro', dada la facilidad con la que algunas personas venden droga en su interior.

Desde hace años, el 'costo' corre libremente en el emblemático pulmón verde de la capital, donde se puede conseguir cualquier tipo de sustancia a cualquier hora. Ni siquiera es necesario buscarlos, los mismos 'camellos' se acercan a sus potenciales compradores, al grito de «¿Quieres mercancía, amigo?».

Uno de los centros neurálgicos del menudeo es la estatua de Alfonso XII. Hace tiempo que allí retumban los 'djembés', tambores típicos africanos, hechos de madera y piel. Suenan muy alto y tienen una doble utilidad: por un lado cultivan la música, por otro, los cambios de ritmo avisan a los camellos de la llegada de los agentes.

La mayoría de los vendedores que actúan con la ayuda de los músicos han sido detenidos, pero ésta no es siempre la solución. Algunos son 'sin papeles' que venden hachís junto al lago desde hace años protegidos por su condición de 'apátridas', que los sume en un limbo legal.

Cuando la Policía les detiene por trapichear, pasan 48 horas en prisión, pero no pueden ser deportados y vuelven al lugar. No obstante, el pasado mes de julio, el tráfico de drogas del Retiro sufrió un duro golpe cuando el Cuerpo Nacional de Policía desarticuló a tres clanes de narcotraficantes que se preparaban para asentarse en el parque con el fin de dedicarse a la venta de estupefacientes.

Ya en marzo, la comisaría del distrito Centro había efectuado una operación para desmantelar un punto de venta de hachís y cocaína. Se detuvo a cinco nigerianos y otros cuatro subsaharianos, uno de los cuales suministraba los estupefacientes al resto, que luego los vendían al menudeo. Escondían su mercancía en el túnel de Lagasca y cerca del Florida Park.

Doce días de dolor

En la imagen superior, 'Gote' disfruta de unas vacaciones recientes en Salamanca, en el coche de sus dueños. «Es un perro muy animado, que no para quieto y siempre está haciendo gracias», dice María Luisa, con quien paseaba cuando se tragó el hachís. Abajo, ingresado en la Clínica Veterinaria Arturo Soria. «Ahora apenas se mueve. Cuando intentamos jugar con él hace por animarse, pero se le nota muy enfermo», lamenta María Luisa.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/28/madrid/1225187664.html
Fecha: 28.10.08

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