domingo, 5 de octubre de 2008

¿Qué les pasa a los osos blancos?

El oso polar sigue siendo, en muchos aspectos, un misterio para la ciencia, que lo descubrió tarde y todavía lo conoce mal. Los osos son difíciles de observar (su aislamiento del frío es tan perfecto que los rayos infrarrojos no los detectan). Hasta hace poco no existía ni siquiera una estimación aproximada del número de osos blancos que podría haber en el Ártico. La primera fue la del naturalista Savva Upenski, que en 1965 anunció que no creía que quedasen más de 5.000.

Afortunadamente, estaba equivocado (el número real era al menos cuatro veces mayor) pero sirvió para dar la voz de alarma sobre un animal al que entonces se cazaba sin restricciones en todo el hemisferio.

Hoy la preocupación en torno a los osos polares no es ya la caza, sino el clima. Aunque se siguen abatiendo ejemplares, sobre todo en Rusia y Canadá, se cree que el impacto en las poblaciones no es demasiado grande. El temor actual gira en torno a los efectos que pueda tener la abrupta escalada de las temperaturas de los últimos años, mucho más perceptible en el Ártico que en cualquier otro lugar del planeta. Según esta teoría, el cambio brusco del patrón del deshielo deja a algunos osos aislados en áreas en las que no hay alimento, y hace en general más difícil que cacen las focas de las que se alimentan principalmente. Esta escasez de alimento sería la que conduciría a los episodios de canibalismo que se han detectado entre los osos polares.

Para algunos expertos, esta teoría no es totalmente convincente. Recuerdan que los osos han sobrevivido a períodos más calurosos que el actual, durante el Holoceno y, más recientemente, hace mil años, cuando se dio lo que los historiadores del clima llaman «el óptimo medieval».

Según esta contrateoría, los osos pueden resistir meses sin comer y nadar grandes distancias, por lo que la pérdida de hielo que se ha dado hasta ahora no debería e haber trastornado tan gravemente a los animales. El canibalismo sería una forma de control de la población o un hecho natural al que no se había prestado atención hasta ahora.

También esta tesis presenta agujeros. Es un hecho objetivo que los osos parecen cada vez peor alimentados. En cuanto al canibalismo, no parece haber referencias a él en el folclore de los inuit (esquimales), que han convivido estrechamente con los osos durante milenios (tan estrechamente que han copiado de ellos su técnica para cazar focas e incluso sus refugios de emergencia, los iglús, cuyo elemento fundamental, la entrada en forma de U, es una adaptación de las guaridas de los osos en la nieve).

Quizá la discusión sea en el fondo un poco bizantina, porque los osos polares sufren una amenaza mucho más acuciante y sobre la que, por desgracia, no cabe ninguna duda: la vieja y conocida polución química. Los vientos y las corrientes hacen que buena parte de la polución marina acabe concentrándose en el Ártico, donde también están instaladas muchas industrias contaminantes. Al ser el mayor depredador del continente helado, el oso polar es especialmente vulnerable a estas toxinas que le llegan todo a lo largo de la cadena alimenticia. La leche de oso (que, por cierto, quienes han probado dicen que sabe a aceite de ricino) es uno de los productos más contaminados del mundo. Los zoólogos encuentran cada vez más ejemplares enfermos y en las islas Svalbard, la mayor reserva de osos del planeta, se ha detectado graves mutaciones hormonales en más de uno de cada cien animales.

Si el oso se extinguiese, el suyo habría sido uno de los pasos más fugaces por la historia de la Tierra. Los europeos apenas comenzaron a conocerlo en torno al año 1000, cuando los primeros reyes escandinavos iniciaron la costumbre de enviar ejemplares a otros reyes del continente como regalo de boda. Pero de hecho el oso polar es un animal relativamente reciente, el producto de la adaptación forzada de un grupo de osos grizzly aislados en el hielo hace tan solo 100.000 o 200.000 años. Nada.

Su evolución desde entonces ha sido tan rápida que aún hoy la ciencia duda si incluirlos en el grupo de los osos. Ian Stirling, el mayor experto, ha calculado que dentro de otros 50.000 años serán una especie diferente. Con toda seguridad, Stirling no estará para comprobarlo. Lo triste es que probablemente tampoco estén los osos.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/portada/2008/10/04/00031223140121771905989.htm
Fecha: 04.10.08

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