domingo, 26 de octubre de 2008

Un chip revela que la osa Hvala sigue en Les ajena a su búsqueda y captura

Ojalá me equivoque, pero temo por la vida de esta osa. Creo que al final la van a asesinar los cazadores, que están sedientos de venganza y de protagonismo.

Agentes rurales cargan un tranquilizante para intentar sedar a la osa, ayer, en Les

La osa, en caso de ser alcanzada con un dardo sedante, será internada en un centro de Lleida. El Síndic d'Aran teme que la operación dure días, pero los cazadores se preparan para actuar antes.

Para ser en parte responsables de su exterminio, los cazadores del Vall d'Aran tienen en altísima consideración a los osos autóctonos. Apenas se les veía, dicen. No planteaban problemas a la población. No atacaban a las ovejas, ni a los perros, ni mucho menos a los humanos. No eran como los de ahora, importados de Eslovenia. No eran como Hvala, la osa que el pasado jueves atacó, por primera vez desde que estos animales fueron reintroducidos en el Pirineo por Francia en 1996, a un hombre, el cazador Lluís Turno, hiriéndole en el brazo con su zarpa y causando una ola de indignación entre la población local. Ajena a todo el alboroto, Hvala fue ayer localizada, gracias al chip que lleva incorporado en su cuerpo, por el helicóptero que la Generalitat facilitó para el dispositivo con el que el Conselh Generau d'Aran trata de calmar los ánimos de los cazadores, que arden en deseos de vengarse de ella.

Por el momento, lo único que se conoce es la zona por la que se está moviendo el plantígrado, situada a unos dos kilómetros del lugar donde se abalanzó sobre Turno, muy cerca del municipio de Les. De los presuntos cachorros que Hvala habría tenido, ni rastro. Pero una cosa es localizarla y otra muy distinta capturarla con un dardo tranquilizante o una trampa para que, después, sea trasladada a un centro especializado donde se intente averiguar qué demonios le pasó a Hvala cuando le dio un zarpazo a Turno, quien en ese momento participaba en una batida de jabalís. Más allá de su arresto y examen, tampoco se sabe qué destino le espera al animal.

Sin trampas

Los técnicos encargados del rastreo no disponían ayer de las trampas necesarias para detener, sin causarle daños, a la bestia más buscada de los últimos tiempos. Se espera que los artilugios lleguen hoy o mañana, pero entonces quizá Hvala --que llegó a tierras pirenaicas en el 2006, tiene unos seis años de edad y pesa cerca de 100 kilos de peso-- haya cambiado de zona, dada la gran movilidad de los plantígrados: uno de los osos reintroducidos por Francia apareció, hace unos años, en el Pirineo navarro. "Pueden pasar horas, días o incluso semanas", explicaba ayer el Síndic d'Aran, Francesc Boya.

¿Qué ocurrirá si el tiempo pasa y Hvala no aparece enjaulada? Los cazadores de Les la siguen teniendo en su punto de mira. El cazador Daniel Boya (ningún parentesco con el Síndic), quien vio a la osa poco antes de que atacase a Turno, dijo que, tras aparcar la vendetta que tenían prevista para hoy, habían concedido a las autoridades 48 horas para que dieran con el plantígrado. "Si el lunes no la han encontrado los técnicos, iremos nosotros a por ella", explicó.

El punto de inflexión

Hay algo en lo que unos y otros están de acuerdo, en lo que todo el valle está de acuerdo: lo ocurrido supone un punto de inflexión. Los araneses nunca han visto con buenos ojos a los osos traídos hasta aquí por Francia, que suman una veintena. Pero no es lo mismo comerse a una oveja que soltarle un zarpazo a un humano. Eso lo cambia todo. Los osos deben irse del valle. No hay sitio en estas montañas para ambos omnívoros.

Cuando se le recuerda al Síndic que en los Picos de Europa también hay osos y que la población no se queja, contesta que no hay comparación posible. "El valle tiene una población y una actividad económica elevada --dijo Boya--. El acceso a las montañas es increíblemente fácil y hay una cultura de caza, de setas y de senderismo. Este experimento de traer osos tiene aquí unos límites".

Algo similar piensa el alcalde de Les, Emili Medán. "El oso puede ser muy bucólico para los urbanitas, pero llegará un momento en que no podamos ni subir a nuestras montañas", sostuvo en uno de los bares del pueblo. Detrás suya había fotos en blanco y negro de cazadores posando orgullosos junto a osos recién asesinados. De los autóctonos.

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=556100&idseccio_PK=1021
Fecha: 26.10.08

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