jueves, 23 de octubre de 2008

Un derrame de hidrocarburos en México envenena a miles de animales


Cosoleacaque, Veracruz, México.- El ejido San Francisco Tierra Nueva se volvió un pueblo fantasma: las 26 familias que lo habitaban escaparon, no sólo de la inundación provocada por el desbordamiento del río Coatzacoalcos, sino también de una extensa mancha de petróleo que cubrió viviendas, tierras de cultivo y de pastoreo.

El pequeño poblado está prácticamente cubierto por una plasta negra que despide un olor nauseabundo y causa dolores de cabeza y vómitos a los pocos lugareños que van a revisar sus propiedades. También envenenó animales domésticos, contaminó esteros y mata especies acuáticas.

El 23 de septiembre, cuando se desbordó el Coatzacoalcos, los cárcamos del complejo petroquímico de Cosoleacaque se saturaron y su contenido fue arrastrado por la crecida.

A ello se sumó la rotura de un ducto en desuso que contenía residuos de hidrocarburos. El desastre afectó por lo menos cuatro poblados, especialmente San Francisco Tierra Nueva, cuyo suelo quedó cubierto de una capa negra hasta de 20 centímetros de espesor.

El ejido ahora es un enorme lodazal. Se perdieron los cultivos de maíz, frijol, cítricos y coco, tierras de pastoreo y esteros. “Tenemos al menos 250 hectáreas impregnadas de combustóleo. Muchos pollos, puercos y caballos murieron por el agua contaminada, y las vacas preñadas que salvamos están abortando”, relata Vicente Zárate Enríquez, comisario ejidal.

Justino Reyes, uno de los ejidatarios afectados, dice que los animales que se salvaron de las inundaciones no se han librado de la intoxicación. “Hay un olor espantoso a químicos; por la noche aumenta y se hace insoportable. Yo encontré todos mis animales envenenados y apenas pude salvar un perrito”, lamentó. En el lodo negro también han aparecido mapaches, garzas, víboras, conejos, zorros e iguanas muertos.

Durante la inundación, el hijo de Justino, Jesús, resistió varios días en un tapanco para cuidar el rancho, pero luego tuvo que ser atendido en la clínica de Cosoleacaque por la intoxicación que le produjeron los vapores del combustible. Otros lugareños presentan afecciones de la piel.

Trabajadores de una empresa contratada por Petróleos Mexicanos (Pemex) aún limpian el camino principal de toneladas de hierba y lodo impregnados de combustible, y en el estero del pueblo colocaron barreras de contención –conocidas como cordones oleofílicos– para retener los hidrocarburos.

Situación similar vive el ejido Estero del Pantano, donde, además del derrame del 23 de septiembre, los pobladores reportaron que el primero de octubre ocurrió una descarga de químicos al río Calzada, afluente del Coatzacoalcos, que mató miles de peces.

“Denunciamos el hecho para que se investigara, pero nadie nos hizo caso. Además, el petróleo derramado exterminó las larvas de camarón y crías de robalo, chucumite, lubina y ronco, que son las especies que capturamos”, indica Ángel Martínez López, representante de los 100 pescadores del poblado, quienes ahora deben capturar río arriba.

“Cada vez nos alejamos más porque las especies van acabándose. La mayoría tardan de seis a siete meses en alcanzar el tamaño adulto, pero si matan las crías el ciclo se rompe y los pescadores perdemos”, explica.

En 24 meses, según el director de Fomento Agropecuario del ayuntamiento de Cosoleacaque, Alfredo Alor González, han ocurrido en la zona tres grandes derrames de hidrocarburos que afectaron los municipios de Jáltipan, Texistepec, Minatitlán y Cosoleacaque.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2008/10/22/index.php?section=estados&article=041n2est
Fecha:

No hay comentarios: