viernes, 7 de noviembre de 2008

La muerte provoca sentimientos en los animales

Gana no aceptaba la muerte de su cría y sujetaba su cuerpecito como si se tratara de una muñeca de trapo, esperando que un rayo de vida iluminara a su bebé muerto

Las notables fotos de Gana, una gorila de 11 años en el zoológico de Münster (Alemania), con su bebé muerto en brazos recorrieron el mundo hace algunas semanas.

Las notables fotos de Gana, una gorila de 11 años en el zoológico de Münster (Alemania), con su bebé muerto en brazos recorrieron el mundo hace algunas semanas. Claudio, su hijo, murió a los 3 meses de edad de una falla cardíaca, pero durante varios días los médicos no pudieron verificar esto debido a que Gana se negaba a entregar su cadáver a los vigilantes.

El hecho provocó admiración y compasión entre los observadores humanos, y comentarios como: “¿Ves que los gorilas, y probablemente muchos otros animales, están conscientes de su mortalidad y lamentan a sus muertos tal como nosotros?”.

Durante horas, Gana llevó al bebé arriba y abajo. Lo agitaba, lo acariciaba y lo acunaba sin parar intentando que volviera a la vida.

Nadie sabe qué emociones pasaron por la cabeza y el corazón de Gana mientras insistía en acurrucar y frotar los restos de su hijo. Pero los primatólogos saben esto: entre casi todas las especies de monos del mundo, una madre va a reaccionar de la manera en que lo hizo Gana: estrechando al pequeño contra su pecho y tratarlo como si estuviera vivo. Durante días, e incluso semanas, ella lo llevará consigo a todas partes y combatirá cualquier cosa que intente arrebatárselo.

Durante varios días, Gana llevó a su hijo sobre su espalda y no permitía que los cuidadores del zoo se lo quitaran. Se ha observado en los gorilas la costumbre de realizar ciertos ritos fúnebres y de llorar por los miembros del clan cuando mueren

Conciencia animal versus instinto

“La única vez que fui atacada por los langures (monos de la India) fue cuando intenté inspeccionar el cadáver de un bebé”, afirmó la primatóloga Sarah Hrdy. Sólo de manera gradual, va a permitir que aumente la distancia entre ella y la carcasa cada vez más retorcida.

Sí, somos muy parecidos a otros primates, particularmente a los grandes monos, con los cuales tenemos más de 98% de genes en común. Pero estas demostraciones de aparente pena maternal pueden revelar menos acerca de nuestra conciencia de la muerte que de nuestro impulso compartido de actuar como si ésta no existiera. La doctora Hrdy, autora de “Madre Naturaleza” y del próximo “Madres y Otros”, señaló que tenía sentido para una madre primate aferrarse a su bebé inmóvil y mantener sus esperanzas altas por un tiempo.

“Si el bebé no estuviera muerto, sino que temporalmente en estado de coma, porque estaba enfermo o se cayó de un árbol, podría volver a la vida. Hablamos de primates que tienen nacimientos únicos después de largos períodos de gestación. Cada bebé representa una enorme inversión para la madre”.

Los biólogos afirman que en todas partes de la naturaleza se encuentran ejemplos de animales comportándose como si estuvieran al menos vagamente conscientes de la brutal supremacía de la muerte.

Fuente: http://www.ciudadanodiario.com.ar/2008/11/07/nota62427.html
Fecha: 07.11.08

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