martes, 18 de noviembre de 2008

Lametones contra el daño cerebral

El boxer 'Tor' se abalanza sobre Jaime, con quien tiene una «conexión especial». / Ignacio Pérez

Los perros no sólo aportan compañía o protección. También pueden estimular de forma beneficiosa a las personas con algún tipo de deterioro físico o cognitivo. La dirección del centro de día Bekoetxe, ubicado en el bilbaíno barrio de San Ignacio, ha apostado por un proyecto pionero que persigue rehabilitar a sus pacientes con perros. La mitad de ellos, además, pertenecen a las denominadas razas peligrosas.

Al equipamiento foral acuden diariamente alrededor de 45 vizcaínos que sufren lesiones cerebrales causadas principalmente por accidentes, en el caso de los jóvenes, y por trombosis o tumores. Unos doce usuarios reciben semanalmente una 'zooterapia' especial. La impulsa el centro getxotarra de Educación y Psicología canina Txiki-Eder. Su promotor y adiestrador, Julen Bilbao, acude todos los viernes hasta diciembre al centro con cuatro de sus perros para dirigir la actividad. Lo hace de forma desinteresada. «Yo no puedo aportar dinero a estas personas, pero sí el cariño de mis perros», dice.

'Tor', un boxer, 'Danko', un cachorro rottwailer de su hija Oiane, una labradora y una perra mestiza ratonera llevan a cabo las actividades terapéuticas. «Realizan otras funciones normalmente. 'Tor' es el guardián de la casa, pero en el centro se vuelve dócil y cariñoso. Así se demuestra que lo de 'peligroso' es sólo una etiqueta y que cualquier perro bien educado puede ser útil a la sociedad», reivindica Bilbao.

Aunque la primera sesión tuvo lugar el pasado viernes, los animales ya han visitado Bekoetxe en otras cuatro ocasiones para que los usuarios se acostumbren a ellos. 'Danko' es el favorito de Sergio Argal, un portugalujo de 34 años que pronto saldrá del centro para trabajar en un taller ocupacional. «Me encantan los perros de razas 'potentes'. Tuve uno pero se murió. Ahora mis padres tienen dos nietos y ya no quieren un animal en casa. Y yo no estoy nunca para poder cuidarle», lamenta. Sergio forma parte del segundo grupo en el que se divide el aula. Durante la intervención, cada uno amarra a un animal y sigue las instrucciones del adiestrador.

Aprenden cómo hacerse obedecer por ellos. 'Tiene que adaptarse a tu ritmo. Si no obedece, tírale de la correa', les incita Julen. En la primera parte de la terapia participan los usuarios más dependientes, con graves dificultades para moverse o hablar. Los perros juegan dóciles a su alrededor y suben a las sillas de ruedas para lamerles. Los pacientes se esfuerzan por hacerles carantoñas.

Algunos logran sonreír y reaccionar a sus brincos. Los canes ya sienten alguna predilección. Como el boxer 'Tor' con Jaime. Es su ojito derecho. «Están enamorados. Tienen una conexión especial», dice Mirenbe, la mujer de Julen. «Jaime no habla en toda la semana pero cuando viene 'Tor' lo intenta, se ríe y se le nota más feliz».

Disciplina y cariño

Lo cierto es que los animales «tienen un sexto sentido. Saben sobre quién se tienen que subir porque no puede agacharse, a quién tratar con más cuidado...». Sin embargo, no han recibido una instrucción específica: «Les hemos dado la educación que hay que dar a cualquier otro. Primero, disciplina, y después, cariño. Debe notar que quien mandas eres tú. Con esa base, sirven para cualquier labor».
Maite Cabezudo, una de las beneficiarias del tratamiento, cree que a «largo plazo pueden verse resultados muy positivos». Tiene 26 años y un accidente sufrido a los 18 la acabó postrando en una silla de ruedas. Dentro de poco comenzará a usar un andador y, con el tiempo, cree que podrá volver a caminar. «Me lo paso en grande con los perros. Tener uno sería un sueño, pero mis padres no me dejan. De momento, sólo tengo un gato».

«Les estimulan. Se divierten con ellos. Es una manera de que se evadan un poco del mundo interior en el que están inmersos», considera la directora del centro. Teresa Muela cree que interactuar con los animales favorece especialmente la recuperación de usuarios que, aunque dependientes, son cada vez más autónomos por milagros de la vida y la rehabilitación. «Con el apoyo de un perro, pueden ser más autosuficientes. La experiencia ha resultado satisfactoria en el caso de los invidentes, y puede extrapolarse a otros colectivos». El problema radica en las familias, ya que mantener a un animal supone un plus de trabajo, inasumible en ocasiones. «Mantendremos una reunión con los familiares y les explicaremos las ventajas que supondrá adquirir un perro, porque después de las sesiones muchos están deseando tener uno». «Son perfectamente válidos y capaces de adiestrar y llevar a un perro», dice Julen Bilbao.

Su sueño es poder abrir un centro mayor del que actualmente regenta en la zona getxotarra de Salsidualde y poder dar trabajo «a gente como Sergio». «Para él sería una satisfacción estar ocupado y trabajar con animales, y yo estaría encantado de poder hacer algo por ellos», confiesa.

Fuente: http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20081117/vizcaya/lametones-contra-dano-cerebral-20081117.html
Fecha: 17.11.08

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