sábado, 8 de noviembre de 2008

Las hormigas kamikaze

La naturaleza nunca deja de sorprenderme ...

Por Pablo Jáuregui
pablo.jauregui@elmundo.es

El autosacrificio por la tribu sigue siendo un gesto muy aplaudido y respetado en las sociedades actuales del animal humano. En muchos países, se han levantado monumentos a la figura del soldado desconocido, un héroe anónimo que lo dio «todo por la patria», y al que se le suele honrar regularmente con la colocación de coronas de flores. Hace unas semanas, como todos los años, en España se celebró el desfile ceremonial de las Fuerzas Armadas, y una vez más se homenajeó con gran pompa a todos aquellos «caídos» en acto de servicio que dieron su vida por «preservar la seguridad de todos». Es cierto que en esta ocasión, lo más comentado fue que al líder de la manada conservadora se le escuchó decir que aquello es un «coñazo». Pero en todo caso, la permanencia de los ejércitos y sus exhibiciones ritualizadas en pleno siglo XXI demuestran cómo la especie humana, por mucho que a veces nos empeñemos en disfrazarla de otra cosa, sigue dividida en sociedades con fronteras protegidas por hombres (y desde hace poco, también mujeres) cuya función es defender el territorio de la tribu, si es necesario sacrificándose a sí mismos, ante cualquier amenaza externa.

De todo esto también saben mucho las hormigas. Como ya comentamos en una columna anterior, los trabajos del famoso entomólogo de Harvard Edward O. Wilson han descubierto que en ocasiones, estos insectos también se convierten en kamikazes que sacrifican su vida en el altar del hormiguero. De hecho, existen varias especies de hormigas que, en situaciones extremas de combate, se aprietan el abdomen y vuelan por los aires, lanzando un veneno mortal sobre el enemigo y suicidándose por la patria. Pero lo que ahora se ha descubierto por primera vez es que en algunos casos, las hormigas se suicidan por el bien de la colectividad, no como estrategia de guerra en mitad de un conflicto, sino como medida rutinaria de protección para garantizar la seguridad del hormiguero.

Según ha comprobado el científico polaco Adam Tofilski, en una investigación realizada en el estado brasileño de Sao Paulo, algunas hormigas de la especie 'Forelius pusillus' se sacrifican cada noche para tapar la entrada del hormiguero y evitar así los potenciales ataques de cualquier enemigo. Cuando cae el sol, entre una y ocho trabajadoras se dedican a echar arena con sus patas traseras sobre la puerta del hormiguero. Pero esta misión defensiva tiene un precio muy alto: tras completar la tarea, estas hormigas se quedan fuera a la intemperie, totalmente desprotegidas, y por ello mueren irremediablemente (generalmente de frío o devoradas por algún depredador).

Para confirmarlo, los científicos -cuyo trabajo se acaba de publicar en la revista 'American Naturalist'- provocaron de forma artificial varias aperturas en un hormiguero de esta especie, y comprobaron cómo siempre se enviaba a un escuadrón que se ocupa de tapar estas entradas, y posteriormente moría al quedarse fuera, sin protección alguna. Todo parece indicar, además, que la selección de las hormigas elegidas para el autosacrificio no es aleatoria: generalmente se elige a las más ancianas y torpes para que el coste sea el menor posible para el conjunto de la sociedad. Está claro que el concepto del kamikaze no lo inventaron los japoneses.

Fuente: http://www.elmundo.es/suplementos/natura/2008/30/1226098807.html
Fecha: 08.11.08

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