domingo, 23 de noviembre de 2008

Las reinas del cielo

Águila Real
Fotografía de Sergio González Ahedo

La población de águilas reales en Andalucía crece un 63% gracias a la mejora del tendido eléctrico y la persecución de los cebos envenenados

Como todas las reinas, es difícil de ver. Pero, igual que las monarquías se popularizan, el águila real cada vez abunda más en nuestros cielos. El número de parejas de esta especie en nuestra comunidad autónoma ha pasado de 208 a 327 desde 1990 hasta la actualidad. En parte, gracias a los esfuerzos de la Consejería de Medio Ambiente por combatir a sus principales enemigos: los cables y postes eléctricos, los cebos envenenados y el hambre.

El registro -que se realiza por pares, al tratarse de una especie monógama- está encabezado por la provincia de Jaén, con 99 parejas, seguida de Córdoba (62), Granada (60), Sevilla (40), Almería (33), Málaga (19), Huelva (12) y, por último, Cádiz, con sólo 2 parejas.

Fernando Ortega, jefe del servicio de Flora y Fauna de la Consejería de Medio Ambiente, explica que, aunque el 'Aquila chrysaetos' no está en peligro de extinción, su hábitat está sometido a diversas amenazas, por lo que se la considera especie protegida. Por ello, la recuperación de su población en los últimos años es «un magnífico indicador de la salud de los ecosistemas montañosos» en Andalucía.

Si esta especie se vio en peligro fue por la «tremenda mortalidad» causada por el tendido eléctrico: al igual que otras rapaces, estas aves morían al chocar contra los cables eléctricos -sobre todo cuando los ocultaba la niebla- o al posarse en los postes y sufrir una descarga en contacto con algún elemento de la línea.

En los últimos diez años, la Consejería de Medio Ambiente ha combatido esta causa de muerte por dos vías. Por un lado, ha instalado señales de colores fuertes en 897 kilómetros de cables para hacer visible el tendido a las aves y prevenir los choques. Por otro, ha colocado protectores en 5.609 postes o torres de alta tensión, para evitar el riesgo de electrocución. Ortega resalta que estas medidas se han aplicado en las zonas donde se registraba una mayor mortalidad, con lo que los accidentes se han reducido «en un 80% o un 90%».

Trampas envenenadas

El segundo motivo de 'muerte violenta' para las águilas reales son los cebos envenenados colocados por propietarios de fincas ganaderas o de caza para proteger a sus animales de los depredadores. Aunque los principales destinatarios de estas trampas prohibidas son los zorros y los perros asilvestrados, mucho más abundantes que las rapaces, estas aves los sufren por igual.

Aparte de tratar de concienciar a los propietarios de tierras, Medio Ambiente dispone desde 2004 de dos equipos caninos adiestrados para detectar el olor de los venenos empleados en estas trampas mortales, con una eficacia «del 100%». «La gente sabe que si pone cebos se expone a ser descubierta y a pagar una fuerte multa», recuerda Ortega. Como compensación, la Junta ha ampliado el periodo de caza del zorro a casi todo el año.

El responsable de Fauna y Flora se felicitó porque, como fruto de esas medidas, la mortalidad por esa causa se redujo por primera vez en 2007 y se espera que la tendencia continúe en 2008.

El tercer fenómeno que puso en peligro al 'Aquila chrysaetos' -y al borde de la extinción a otras especies, como el águila imperial ibérica- fue la práctica desaparición de los conejos silvestres. La población de este pequeño mamífero se vio diezmada a causa de la mixomatosis y, cuando comenzaba a recuperarse, a finales de los ochenta, sucumbió a otra plaga, la de hemorragia vírica. «Afortunadamente -explica Fernando Ortega- la especie se ha inmunizado y se va recuperando». Además, se han realizado repoblaciones de conejos en algunas zonas.

En todo caso, el águila real tiene una dieta diversificada. Junto a los conejos silvestres, liebres, roedores y zorros, se alimenta de aves voladoras y terrestres (como las perdices), de crías no protegidas o individuos enfermos de mamíferos más grandes, como cabras salvajes, ciervos o jabalíes. «Pero si tienen hambre pueden llegar a comer escarabajos y tampoco desdeñan la carroña», recuerda Ortega.

A 240 por hora

Gracias a su magnífica vista, el vuelo de búsqueda les permite detectar desde varios cientos de metros de distancia el menor movimiento de una posible presa. Una vez localizada, pueden lanzarse en picado a unos 240 kilómetros por hora. Sin embargo, recuerda el experto, su constitución no les permite alcanzar la velocidad del halcón peregrino, que convierte su cuerpo en un auténtico proyectil a 300 kilómetros por hora.

El especialista resalta que «la mejor época para verlas» es el periodo reproductivo, que en Andalucía se produce entre diciembre y enero, ya que las crías nacen en primavera, cuando más alimento hay en el campo. En esta etapa pueden ser observadas en un vuelo a media altura, por parejas, haciendo picados entre ellos, en las cercanías donde han construido su nido, tanto en árboles como en zonas rocosas.

Una última causa de muerte es la caza, aunque Fernando Ortega asegura que quien dispara a un águila real «no puede ser llamado cazador». Por suerte, cada vez hay más águilas y menos desaprensivos.

igallastegui@ideal.es

Fuente: http://www.ideal.es/jaen/20081120/sociedad/reinas-cielo-20081120.html
Fecha: 20.10.08

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