domingo, 2 de noviembre de 2008

Los últimos osos buscan un lugar donde vivir sin entrar en conflicto con el hombre


La Fundación Oso Pardo defiende crear un corredor para enlazar poblaciones

No está siendo un buen otoño para los osos. Hace días, durante una jornada de caza de jabalíes en el leridano Valle de Arán, una hembra asustada atacó a un tirador. Fueron, afortunadamente, heridas leves para el hombre, pero suficientes para generar una gran polémica en la comarca. Responsables locales se alzaron contra la presencia del animal. La Generalitat y el Ministerio llegaron a un acuerdo: sedar y atrapar a la osa implicada.

Poco después, en otra punta de España, a la altura del kilómetro 417 de la autovía A-6 un camión de gran tonelaje se llevaba por delante a un joven macho. Esta vez sólo sufrió el oso. El vehículo pasó sobre él como si fuera un conejo. Es algo inédito: la primera vez que se atropella a un oso en España, y en una autovía. Y de nuevo, rumores en las tertulias y los foros de internet: ¿Es el plantígrado una amenaza para la seguridad vial?

En realidad, los dos incidentes han coincidido en el tiempo, pero tienen poco que ver entre sí. En el Pirineo catalán ya no quedan osos ibéricos, pues se extinguieron hace décadas. Sólo hay unos 12 o 15, de origen esloveno e introducidos por Francia. Cuando pasan a este lado se encuentran con el rechazo de una población a la que han impuesto la presencia de un animal sin que haya habido un trabajo previo de adaptación y sin que haya un recuerdo reciente de su presencia, que ayude a convivir.

En la Cordillera Cantábrica, la cosa es distinta. Allí sí quedan osos autóctonos. Los últimos 130 ejemplares de la raza ibérica, divididos en dos núcleos separados. El llamado occidental, que abarca comarcas de Asturias, norte de León y Galicia, tiene unos 100. El oriental, en el vértice entre Palencia, Cantabria y Asturias, tiene 30. Y las cosas están yendo bien. La especie es una de las cinco que cuentan con un plan nacional de recuperación y en los últimos años los ejemplares aumentan.

La conservación de su hábitat y el trabajo con la población rural han permitido su coexistencia con el hombre. La rapidez y la cuantía de las compensaciones de la administración por los daños causados por la fauna ayudan. Y el río de ingresos por turismo que da su presencia, comprobable en zonas como Somiedo, han hecho ver a muchos que es un activo más para la renta agraria.

Falta de espacio

Pero a medida,que los osos cantábricos aumentan, se hace evidente la falta de espacio. No hay ya grandes espacios salvajes, por lo que han de vivir en lugares humanizados. Hasta ahora, la convivencia con los terrenos agroganaderos de montaña va llevándose adelante, pero sigue estando el problema de las infraestructuras.

Según Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo, el ejemplar atropellado encaja en el «perfil de animales que se dispersan explorando territorio». A medida que aumenta la población, los osos salen de sus refugios en las más remotas áreas de montaña y empiezan a pisar terreno humanizado y sembrado de vías de comunicación.

Y, precisamente, las carreteras y ferrocarriles son hoy por hoy el mayor obstáculo para la recuperación de la especie. La población llegó a reducirse tanto en el pasado que tiene severos problemas de consanguinidad. Y ésta se ve agravada por el hecho de que están separados en dos 'bolsas' de osos que no logran entrar en contacto. Los 100 occidentales están aislados de los 30 orientales por la autovía del Huerna, la N-630 y la vía férrea de Pajares.

Corredor entre zonas

Los gestores de fauna han renunciado de momento al método intrusivo de mover ejemplares de un lado a otro. Y apuestan por un corredor biológico que les permita unirse por sí mismos. La Fundación Biodiversidad, del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino y la obra social de Caixa Catalunya apoyan los trabajos de estudio que lleva a cabo la Fundación Oso Pardo.

Su presidente explica que se han detectado ya los lugares más adecuados para que los osos pasen de un lado a otro. Sólo 50 kilómetros de este a oeste los aíslan. Se trataría de seleccionar y mejorar el hábitat en los terrenos mejores para que ellos los recorran. Y para el paso concreto sobre las vías de comunicación bastaría con emplear aquellos puntos donde éstas discurren bajo túneles ya construidos.

Sobre la superficie circularían los plantígrados, aunque antes tendrían que ser conducidos hacia allá invitándoles a hacerlo mediante una serie de de las zonas aledañas.

A mediados del siglo XX, el oso estuvo a punto de extinguirse en España. Ahora, vuelve a prosperar, pero, como se ve, con respiración asistida, gozando de una libertad condicional en territorios prestados por el hombre.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/31/ciencia/1225479697.html
Fecha: 31.10.08

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