jueves, 6 de noviembre de 2008

"Queda mucho por hacer", de Jane Goodall

Artículo del Blog de Jane Goodall

Culminando ya una serie de conferencias y eventos por Australia y Nueva Zelanda, quisiera reflexionar sobre una cuestión que ha surgido recurrentemente a lo largo de esta gira. En los meses transcurridos desde la histórica resolución del Parlamento español sobre ciertos derechos de los grandes simios, el debate posterior ha dado un giro equivocado.

Mientras los comentaristas se enredan en los matices de qué derechos son apropiados para los simios y otros animales no-humanos, hemos perdido de vista la cuestión central: que se siguen usando grandes simios en la investigación invasiva, así como en la industria del entretenimiento y la publicidad, de modos que son innecesariamente nocivos y a menudo directamente crueles con estas maravillosas criaturas.

Como España, otros países han reconocido este hecho: Australia, Nueva Zelanda, Austria, Holanda, Japón, Suecia y el Reino Unido ya han prohibido o restringido la investigación invasiva sobre grandes simios. Aunque no haya acuerdo en cómo llegar a este punto, existe cada vez más consenso en el mundo respecto del hecho de que debemos ir en esta dirección.

A lo largo del último siglo se ha descubierto un gran cúmulo de información en relación con la conducta y la biología de los grandes simios. Sabemos ahora con absoluta certeza que ellos comparten muchas características fisiológicas, psicológicas y sociales con los humanos. Si tomamos en cuenta estos descubrimientos, no podemos cerrar los ojos por más tiempo ante su trato inhumano.

Durante años, los grandes simios han sido usados de modos inapropiados e irresponsables. La investigación invasiva continúa, a pesar del sufrimiento causado y de la abundancia de métodos alternativos de prueba sin animales. El uso de simios en la industria del entretenimiento y la publicidad también prosigue, sin importar el costo que estos animales pagan.

La mayoría de la gente no se da cuenta de que estos simios artistas son arrancados de los brazos de sus madres cuando son muy pequeños. Esa prematura separación frecuentemente conlleva un grave daño psicológico y en las habilidades sociales de largo plazo.

Además, los simios utilizados para entretenimiento tienen una “vida útil” muy corta. Sólo se los puede manejar hasta que maduran, cerca de los 8 años. Una vez que éstos ya no son manejables en un set, pueden quedar confinados en una jaula hasta los 50 ó 60 años, a menudo en condiciones inhumanas en parques zoológicos degradados, laboratorios de investigación biomédica o centros de cría donde el ciclo se repite.

Los investigadores han descubierto que la gente que se acostumbra a ver chimpancés imitando a humanos en la televisión, en el cine o en publicidad, tiende a pensar erróneamente que los chimpancés no son una especie en peligro. Esto va en contra de los denodados esfuerzos por generar concienciación y compromisos respecto de su conservación, una consecuencia que no podemos darnos el lujo de permitir en un momento tan crítico para los chimpancés y todos los grandes simios, que una vez fueron abundantes y ahora están al borde de la extinción.

En gran medida, esto se debe a la pérdida de sus hábitats como consecuencia del avance de la industria minera, maderera y de biocombustibles, y del creciente número de gente con necesidades básicas insatisfechas que ocupa las zonas de distribución de los grandes simios.

La acción del Parlamento español sirve como recordatorio de que debemos seguir presionando para proteger los hábitats de los grandes simios en África y Asia. Mientras los humanos nos peleamos sobre si los grandes simios son lo suficientemente parecidos a nosotros para que se les otorguen derechos fundamentales, nuestra crueldad continúa amenazando su existencia. Queda mucho por hacer.

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2008/10/23/jane_goodall/1224750248.html
Fecha: 23.10.08

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