lunes, 29 de diciembre de 2008

¿Cuántas mentiras has dicho hoy?

Primatólogos, psicólogos y neurólogos han realizado varios experimentos que demuestran que la capacidad para el engaño y la mentira, mejora mientras más complejo sea el volumen de la neocorteza cerebral

Por Glenys Alvarez / El Caribe

Un joven babuino, culpable de varias travesuras, huía de su madre que se empeñaba en enseñarle buenos modales con una paliza. El pequeño primate, loco por escapar al castigo, de repente se detiene en medio de la persecución y comienza a escanear el horizonte como si escuchara o viera algo interesante. El acto entretuvo a todo el grupo de babuinos, incluida la madre, que comenzó a prepararse para defender el territorio y el astuto joven logró así evitar el castigo.

¿Le parece una conducta familiar? Ciertamente, el engaño y la mentira han sido parte de nuestro desarrollo social.

Y ahora, científicos han confirmado algo que los evolucionistas sospechaban desde hace tiempo: mientras más grande el cerebro, más compleja será la capacidad para engañar y mentir. Y de ejemplos está hecho el mundo, especialmente cuando hablamos de políticos y negocios.

Richard Byrne y Nadia Corp, de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, han estudiado este arte de engañar en varias especies de primates y han definido la relación entre la neocorteza cerebral y la complejidad de la mentira.

Esta estructura es relativamente nueva y se encuentra entre las piezas fundamentales que se desarrollaron al final de la evolución primate. Obviamente, mientras más grande la capacidad de razonamiento, más complejas serán las mentiras que diremos.

“Los humanos tenemos una neocorteza densamente corrugada, lo que nos permite mentir crónicamente y con aplomo”, expresó Bella De Paulo, profesora de psicología de la Universidad de California en Santa Barbara.

De Paulo y sus colegas realizaron una investigación con más de un centenar de voluntarios, tanto estudiantes como empleados. Los voluntarios, elegidos al azar, debían mantener un diario donde escribían sus conductas y, cada vez que mentían,debían explicar cómo y por qué.

Los resultados no deben extrañarnos pues la vida social exige mentiras. “Los estudiantes mentían por lo menos dos veces al día mientras que los miembros de la comunidad decían por lo menos una.

Afortunadamente, la mayoría de las mentiras carecían de importancia, como las que decimos cuando alguien nos llama y no queremos hablar o un amante que asegura extrañar a la pareja cuando no es cierto”, agregó.

En el reino de primates

El cerebro alcanzó su punto máximo en los primates, especialmente en el Homo sapiens. De hecho, el gran primatólogo Frans B. M. de Waal, profesor en el centro para primates de la Universidad Emory, ha observado a chimpancés y orangutanes en sus intentos de engaño.

“Muchas veces quieren que los humanos se acerquen y toman una pajita en la mano y la enseñan con el rostro más amigable que hayas visto. Pero cuando el humano piensa que el chimpancé es amigable y se acerca, ocurre lo peor, el animal lo agarra por un tobillo, por ejemplo, y se acerca para probarlo con una mordida.

Lo interesante es que este comportamiento no resulta entre ellos, se conocen muy bien para caer en ese engaño”, explicó. Aunque los primates sí mienten para salirse con la suya, como el joven babuino. Un chimpancé enamorado pondrá las manos sobre su erección si el macho alfa se presenta.

Hasta los delfines aprenden a engañar. Cuando los entrenadores les enseñaron a limpiar la piscina y recibir un premio por basura presentada, una hembra elaboró un plan donde escondía debajo de una piedra varias piezas de basura y las llevaba una por una al entrenador, recibiendo más premios que los demás.

El deseo de que nos mientan

Más de cien estudios han detectado la “ceguera de la mentira”, en la que los voluntarios parecen desear ser engañados, como cierta preferencia hacia la fábula estilizada que a la cruda verdad.

“Existe una motivación contraintuitiva para no detectar las mentiras o ya nos hubiésemos hechos campeones en el arte de descubrir al mentiroso”, explicó Angela Crossman, psicóloga del Colegio Universitario de Justicia Criminal John Jay.

“A lo mejor la persona no desea saber que la comida que cocinó no sabe bien o que su esposo la está engañando”. Ciertamente, el mundo que nos rodea y todos sus animales utilizan algún tipo de engaño para salirse con la suya, ya sea cambiar de apariencia para no ser descubiertos, aves que fingen que se han roto el ala para alejar el depredador del nido y peces que se mueven como gusanos para atrapar su comida. Este engaño natural se ha convertido en mentira táctica en los primates.

Fuente: http://www.elcaribecdn.com.do/articulo_multimedios.aspx?id=198249&guid=4BCFCE8D36704CDD9A66DC8D17B08A4F&Seccion=64
Fecha: 27.12.08

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