sábado, 20 de diciembre de 2008

"Hombres y ballenas", por Pedro Millán del Rosario

Artículo de Pedro Millán del Rosario

Hace ya casi tres décadas descendí el Barranco de Masca por primera vez en mi vida y lo recuerdo como una experiencia comparable en emoción a cualquier expedición a lugares remotos que haya realizado después. En esos momentos me enamoré perdidamente de ese paraje natural y aún hoy -a pesar de su masificación y de los intentos de domesticación- me complace recorrerlo cada temporada, enseñarlo a amigos de aquí, de otras regiones y otros países con orgullo, como una de las "joyas de la corona" que tenemos en las siete islas canarias, que es decir, de toda España.

Masca supone una actividad integral plena, porque reúne mar y tierra en el mismo recorrido y, desde luego, no sería lo mismo sin la posibilidad (obligada) de completar la excursión con una travesía marítima que nos permita divisar, por un lado, los espectaculares y sobrecogedores acantilados de Teno y, por otro, los delfines o las ballenas calderón.

Recuerdo con cariño cómo fue un entrañable pescador de la zona, Marino Martín, quien accedió a recogernos en aquel rincón perdido del paraíso que era -en aquellos tiempos- la playa de Masca para devolvernos a la "civilización", y cómo -por vez primera en nuestras vidas- tuvimos la oportunidad de ver un par de delfines que nos acompañaron cerca del muelle de Los Gigantes, lo que constituyó sin lugar a dudas una experiencia mágica para nosotros. Los tiempos han cambiado. Marino ya no está entre nosotros, pero su hijo, Pedro Martín, abandonó definitivamente los aparejos de pesca, se adaptó y creó una empresa ejemplar de transporte y observación de ballenas y delfines. Además, colabora activamente con cualquier campaña medioambiental, vigila que se respeten las normas para evitar dañar a estos frágiles mamíferos y, en definitiva, gente como él, son los principales garantes de la protección de este importante y único patrimonio de biodiversidad marina. Aquella primitiva barca de pesca se convirtió en una flotilla de cinco barcos adaptados y el puñado de turistas despistados de los ochenta ha pasado a decenas de miles de personas, en lo que se ha convertido en una floreciente y rentable actividad económica.

Los orígenes de este fenómeno reciente en Canarias, conocido como el "whale watching", y que atraen a la nada despreciable cifra de 600.000 personas al año, convirtiéndonos en el segundo lugar del mundo para el avistamiento de cetáceos (inmediatamente después de los Estados Unidos de América, incluida Hawai), se remontan a mediados de los ochenta, con un documental del legendario comandante Cousteau que descubría al mundo la colonia estable de ballenas calderón de Tenerife y las relacionaba (de forma atrevida si quieren) con el entonces "misterioso" lenguaje de la cercana isla de La Gomera, el silbo? Nadie es perfecto. Sin embargo, años antes y más modestamente, algunos pescadores del sur de Tenerife como el mencionado Marino Martín ya sacaban a los primeros turistas en sus barca de madera para mostrarles estos cetáceos.

Como suele ocurrir con frecuencia en España, y en Canarias en particular, es necesario que los foráneos se interesen por nuestro patrimonio para que lo valoremos adecuadamente o que -al menos- mostremos interés por conocerlo. La cuestión empeora cuando miramos tierra afuera y mar adentro. El canario, en general, ha vivido de espaldas al mar, casi con temor, y salvo excepciones honrosas, en mayor medida en las islas orientales, apenas despierta la curiosidad por conocer esta parte de nuestra riqueza, de un legado que tenemos la responsabilidad de dejar a nuestros descendientes en las mismas condiciones que lo hemos heredado de nuestros padres. Afortunadamente, hay personas y colectivos que de forma desinteresada y altruista se preocupan de que el resto de la sociedad, en especial los más jóvenes, sean conscientes de lo que tenemos a escasos minutos de nuestra casa.

En concreto, me voy a referir al proyecto "Ballenas y delfines en la escuela" (http://delfines.balfin.org/) , que promueven los profesores de Secundaria Teo Lucas y Gustavo Pérez, y que tiene como objetivos principales enseñar y concienciar a escolares de las islas sobre la importancia de la protección y la conservación de los cetáceos en su "santuario" canario.

Gracias a su esfuerzo y perseverancia, y al dinero que logran arañar a la administración pública, desde el año 2000 hasta la actualidad, han conseguido que miles de alumnos y cientos de profesores contemplaran en sus propios ecosistemas algunas de las 28 especies diferentes de cetáceos que pueden encontrarse en los mares del Archipiélago. Han llevado el aula hasta el océano y eso no es nada fácil ni sencillo, pero supone una lección que no se olvida en la vida.

Como ya hemos comentado en alguna ocasión, sólo el conocimiento y la información constituyen las vías primordiales para conservar y proteger el medio ambiente, y el hecho de que personas como los citados profesores o las tripulaciones de los barcos de observación de cetáceos (y muchos otros que no conozco) se comprometan a extender la conciencia ambiental en nuestra sociedad me aportan buenas sensaciones y algo de optimismo cara al futuro de nuestro medio ambiente. No es poca cosa en los tiempos que vivimos.

Fuentes: http://www.eldia.es/2008-12-17/sociedad/sociedad6.htm
http://www.eldia.es/blogs/malpais/?p=252
Fecha: 17.12.08

No hay comentarios: