martes, 30 de diciembre de 2008

Las gacelas vuelven a casa

Veinticinco ejemplares criados en España serán liberados en Senegal para intentar recuperar la especie. En el programa, dirigido por el CSIC, participa activamente el zoo de Barcelona.

Entre 1970 y 1975, en los últimos años de presencia española, un grupo de 72 gacelas dorcas emprendieron un largo viaje en avión desde el Sáhara occidental hasta Almería que está punto de dar sus frutos. Si se cumplen las previsiones, al menos 25 ejemplares, descendientes de aquellas poblaciones pioneras, serán liberados en los próximos meses para ayudar a recuperar la especie en su hábitat. Aunque han nacido en cautividad, en cierta manera vuelven al hogar.

Las gacelas aguardan el momento en un cercado de aclimatación en la reserva de Guembeul (720 hectáreas), cerca de la ciudad senegalesa de Saint Louis. Reciben alimentación a base de harina de cacahuete y su reproducción está controlada para evitar problemas de consanguinidad, pero la vida en Europa, sin chacales que salieran en busca de las crías, no les ha mermado el instinto de supervivencia: cuando detectan a lo lejos la presencia humana, huyen trotando.

La dorcas es una gacela pequeña y liviana, de color claro y con cuernos en ambos sexos, típica de los ambientes desérticos y sahelianos que se extienden desde la costa atlántica del Sáhara hasta Arabia. Aunque en general aún mantiene unos efectivos aceptables, la subespecie motivo de reintroducción, la dorcas saharaui (Gazella dorcas neglecti), se encuentra en grave peligro por culpa de la caza y el pastoreo excesivo de las cabras y las vacas domésticas. En cuanto a su territorio de origen, quedan grupos aislados en el Sáhara occidental y Mauritania --a los sumo 600 ejemplares--, pero se extinguió por completo en fechas recientes tanto en Senegal como en Marruecos.

Todo empezó en 1970

Las primeras dorcas llegadas a España fueron trasladadas en 1970 hasta la Estación de Zonas Áridas del CSIC, cerca de Almería capital, aunque con los años se redistribuyeron algunos ejemplares por los zoos de Barcelona y Madrid y diversos parques de fauna en Tabernas (Almería), Llanes (Asturias) y hasta el Reino Unido. Tanto tiempo después, las 72 gacelas originarias se han convertido en 180, un éxito reproductor que ha permitido acometer la última fase del programa: la reintroducción en Senegal.

Entre todos los centros participantes, en abril del 2007 se seleccionaron 6 machos y 14 hembras para ser trasladados a Senegal en un Hércules del Ejército español. Fueron llevadas a Guembeul, un parque vallado y bien comunicado, donde se están acostumbrando al clima y a una alimentación cada vez menos dependiente del hombre.

En Guembeul, una pequeña excepción con acacias en el superexplotado delta del Senegal, se llevan a cabo proyectos similares con gacelas dama, gacelas mohor, orix y tortugas. También hay, pero de forma natural, monos patas y ocasionales facóqueros y chacales. La temperatura suave del invierno invita a pasear: el teniente Diang, uno de los responsables del parque, nos acompaña.

Aunque en Guembeul siempre quedarán algunos animales como reserva de cría y atractivo turístico, el objetivo final del programa "será reintroducir la mayoría de las gacelas en la gran reserva de FerloNord", explica durante la visita Jordi Fàbregas, técnico del zoo de Barcelona. Pero incluso allí tendrán que pasar un periodo de aclimatación antes de su definitiva liberación. En Guembeul, las gacelas están separadas por sexos para evitar agresiones.

Una discreta valla electrificada rodea uno de los cercados para evitar que los ubicuos monos patas entren y se lleven la comida. El problema es que el mecanismo, alimentado por energía solar, "se ha estropeado y no hay manera de arreglarlo", lamenta el teniente Diang. Eso sí, aunque no hay electricidad, los cuidadores presumen de haberse comprado una nevera con generador gracias a las propinas.

Además del bienestar de las gacelas, el programa impulsado por el CSIC y los otros centros participantes también tiene por objetivo fomentar el ecoturismo --se ha erigido un pequeño museo-- y "la formación de técnicos locales que sean capaces de gestionar la reserva y los recursos", explica Fàbregas. "De hecho, Guembeul no está vallado para evitar que se escapen los animales, sino para que no entren las cabras y acaben con toda la hierba", añade Conrad Enseñat, responsable de mamíferos en el zoo de Barcelona. La reserva se enfrenta a otro problema igual de difícil: las chumberas crecen por doquier, transportadas por los monos patas en su digestión, lo que merma la disponibilidad de hierba para la fauna del parque.

"Españoles, amigos", repiten los guardas cuando conocen el origen del visitante. El programa está sufragado en gran parte por España, pero la colaboración local es agradecida. No es exagerado decir que en Senegal se preocupan por sus gacelas.

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