lunes, 1 de diciembre de 2008

Muy gallos

De la utilización del daño a los animales para proporcionar placer al ser humano

Artículo de Elisabet Felgueroso López

Hace tiempo que sigo en la prensa alguna noticia relativa a la presencia de gallos de pelea en Langreo, la última un robo de ejemplares en dos locales de la Asociación de Galleros Asturianos. He de reconocer que, desde la más absoluta ignorancia, desconocía la presencia de asociaciones y crianza de gallos de pelea en nuestra autonomía. Es más, la primera vez que leí una referencia al tema en las páginas de este mismo diario me vinieron a la mente Gabo y «El coronel no tiene quien le escriba», costándome unos instantes encajar costumbres tan lejanas en nuestro valle. Según se refleja en los medios de comunicación, el Ayuntamiento de Langreo ha denegado la petición de permiso de organización de «tientas» de gallos, un espectáculo que la AGA diferencia de esas «peleas» que conocemos a través del cine mexicano. A mí todo esto se me escapa, no conozco los matices y vericuetos de las lides entre aves, pero no logro alcanzar el entendimiento del placer visual que reside en la contemplación de las tientas, las peleas o cualquier otro acto organizado en torno a la confrontación de dos animales. Si bien la AGA defiende que no se organizan peleas de gallos en Asturias, la crianza y venta de aves a otros países con tal fin parecen habituales en España. Sorprendente.

Supongo que la utilización de animales como medio de distracción tiene un origen primitivo y arraigado en este país, donde aún sorprenden las peleas de gallos, pero se organizan asiduamente corridas de toros, fiestas donde se veja, humilla y tortura a éstos u otros animales y multitud de aberraciones que me hacen dudar de que seamos una sociedad civilizada. La falta de sensibilidad y respeto hacia los animales son una práctica común que nos toca erradicar a base de una mayor educación en valores que fomenten la preservación del medio ambiente.

Los seres humanos en muchas ocasiones nos ponemos «muy gallos» defendiendo nuestra libertad individual a mantener «las tradiciones», a poder desarrollar nuestros intereses y aficiones sin que nadie las interfiera. Los derechos de los animales están por debajo de los nuestros y ello sirve como excusa para utilizarlos a nuestro capricho. No puede ser así. Desde las instituciones públicas se debe actuar con rigor y proteger el patrimonio natural. Si estuviera en mi mano, no duden que los espadas de este país tendrían que cambiar de profesión. Porque la búsqueda de satisfacción a través de espectáculos degradantes para los animales nos degrada, porque abusar de la debilidad de seres inferiores no nos convierte en mejores personas, sino en déspotas regodeándose en su capacidad para la tiranía.

Fuente: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008120100_52_702326__Opinion-gallos
Fecha: 01.12.08

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