domingo, 13 de abril de 2008

Bobby de Greyfriars: una historia de amor y fidelidad a su amo


Estatua de Bobby, frente a la iglesia de Greyfriars, donde está enterrado junto a su amo, John Gray.

Este relato es real y sucedió entre 1858 y 1872 en Edimburgo, la capital de Escocia. Si bien es una historia real, su magnitud y dimensión emotiva la sitúa ya en la categoría de los grandes mitos o narraciones que pasarán a la inmortalidad.

Bobby de Greyfriars es indudablemente una de las historias de amor más grandes de todos los tiempos, probando de una vez por todas que la esencia verdadera del amor dura para toda la eternidad, aun más allá de esta vida. ¿Por qué esta historia es tan notable y despierta la admiración de quienes la conocen? Por el hecho de haber sido cierta.

Su personaje central es el perrito Bobby, quien durante 14 años durmió todas las noches sobre el sepulcro de su amo! Esta es una prueba más que suficiente para convencernos que los perros poseen alma, y también tienen la capacidad más grande de todas: la del amor incondicional.

En 1856, un anciano policía llamado John Gray le compró a un amigo un perro al que llamó Bobby. Se hicieron inseparables, hasta que dos años más tarde Gray murió a causa de tuberculosis. Fue enterrado en el viejo cementerio de Greyfriars. Su tumba, nivelada a mano y no marcada, era apenas perceptible; parecía pues, que el difunto no hubiera tenido nunca lazos humanos ni tampoco ningún deudo. No obstante, podemos decir que este lugar sagrado no fue ni desatendido ni olvidado.

Durante catorce años el perro fiel del muerto hizo una guardia constante sobre la tumba hasta su propia muerte en 1872. James Brown, el viejo guardián del cementerio, recordaba siempre el entierro de Gray y a su deudo más visible: el perrito Bobby, un Terrier Skye quien, al día siguiente del sepelio, fue encontrado durmiendo sobre la tierra de la flamante tumba de su amo.

Esto era una novedad que el viejo James no podía permitir pues existía una orden en la puerta del cementerio por la cual los perros no podían ser admitidos allí. En consecuencia sacó a Bobby del camposanto. Pero a la mañana siguiente el fiel perrito estaba allí otra vez. Había llovido, el terreno estaba frío y húmedo, y cuando el anciano vio al animal temblando sobre la tumba, se compadeció de él, y le dio algún alimento. Esto hizo que Bobby, desde aquel día, tomara al cementerio como su propia casa; y a partir de allí hasta su propia muerte, nunca pasó una noche lejos de la tumba de su amo.

A menudo, ante el mal tiempo, hacían tentativas de ponerlo bajo techo para que se guareciera, pero sus aullidos tristes denotaban que eso no le gustaba y debían volverlo al exterior. No obstante, Bobby tenía algunas rutinas.

Todas las mañanas el perrito ascendía hasta el Castillo de la ciudad, en la que estaba permanentemente instalada una guardia de infantería. Bobby hizo amistad con el soldado Scott, encargado de dar el cañonazo que anunciaba la hora a la población.

Pero no fue sólo Scott quien dio la bienvenida a Bobby sino todo el cuartel, al punto que en los desfiles Bobby encabezaba el mismo al son de las tradicionales gaitas y aplaudido, a su paso, por la gente que ya había aprendido a amarlo. En ese tiempo, todos los relojes se ponían en hora cuando el cañón era disparado exactamente a las 13 horas. Diariamente Bobby acompañaba a Scott hasta el terraplén desde el cual era disparado el cañón.

Luego, volvía a bajar a la ciudad para llegar hasta el restaurante de otro de sus amigos, quien le daba su ración diaria de alimento. Como ya Bobby iba siendo conocido en la ciudad, la voz se corrió y muchas personas se congregaban frente al restaurante para ver cómo Bobby comía. Y al final de sus paseos diarios, Bobby volvía a ingresar al cementerio donde podía vérsele, en cualquier tiempo que fuera, durante el día, paseando por entre las tumbas o echado en cualquier parte del recoleto lugar, y durante la noche, no importando las condiciones climáticas, nada podía hacerle dejar la tumba de su amo.

Una de las anécdotas que corre entre la gente, es que Bobby no tenía licencia de perro con dueño, y eso era sumamente importante para conservar a Bobby como "perrito de todos". Fue así que el señor William Chambers, quien era concejal de la ciudad y un hombre muy cariñoso y amante de los perros, compró su licencia. A partir de ese momento, Bobby lució un collar con una plaqueta de bronce que decía: "Bobby de Greyfriars, 1867, licenciado por el Señor Preboste".

Cuando Bobby murió fue enterrado junto con John Gray, descansando juntos en un lazo de amor que se extendió más allá de la vida y de la muerte. En el epitafio puede leerse: “Dejó su lealtad y su dedicación como una lección para todos nosotros”.

Esta es la historia de Bobby de Greyfriars, un animalito que más tarde fue conmemorado por la Baronesa Burdett Coutts, cuando erigió una estatua y una fuente en su memoria, el 15 de noviembre de 1873, y que anualmente el pueblo escocés lo recuerda con festivales en su nombre en el mes de agosto, llevados a cabo en el mismo cementerio donde ocurrieron los hechos.

Fuente: http://blog.iespana.es/sanguiao1/archives/byday/08-12-2007

Las asociaciones pro animales piden medidas contra El Refugio (Los Barrios, Campo de Gibraltar)

Acusan a sus responsables de no prestar asistencia veterinaria a los animales y sospechan del uso de Mioflex para los sacrificios.
Denuncian la «complicidad» de los ayuntamientos de la comarca que subvencionan la actividad desarrollada en las instalaciones.

«El Refugio maltrata a los animales y los Ayuntamientos lo consienten» fue una de las consignas repetidas ayer por los participantes en la manifestación convocada por Prodean contra los responsables de las instalaciones barreñas.

La principal acusación apuntaba que los animales que ingresan heridos o enfermos no reciben atención veterinaria, por lo que, según la presidenta de Prodean, Carmen Ardila, finalmente mueren o son sacrificados.

A estas acusaciones se suma el presunto uso de Mioflex para los sacrificios, en lugar de barbitúricos o anestésicos. Según explicó Ardila, la diferencia radica en que el Mioflex es más económico, pero supone una muerte lenta en la que los músculos se paralizan de forma progresiva hasta que el animal muere por asfixia. «Con el Mioflex te cuesta 35 céntimos matar muchos animales, mientras que de otro modo te puede costar 35 euros sacrificar uno sólo», indicó Ardila.

La presidenta de Prodean explicó que ha solicitado facturas del líquido empleado para los sacrificios al gerente de El Refugio de Los Barrios y que no se le han entregado. «Esto», indicó, «refuerza las sospechas que se confirmaron en el caso de El Refugio de Puerto Real, que fue cerrado cautelarmente tras encontrarse grandes cantidades de jeringuillas y agujas desechables y 53 ampollas de 10 mililitros de Mioflex Braun 500 miligramos en el recinto.

Los asistentes a la protesta repitieron consignas contra los ayuntamientos, en concreto, contra los consistorios de Algeciras, San Roque, Los Barrios, Tarifa, Castellar y Jimena, que otorgan ayudas anuales a El Refugio, que en el caso de Algeciras asciende este año a más de 47.000 euros. Aunque los responsables municipales insisten en que las instalaciones cumplen el pliego de condiciones, Ardila recalca que se producen situaciones de maltrato animal.

La presidenta de Prodean añadió que tienen fotografías que demuestran sus acusaciones, si bien han sido tomadas sin el consentimiento de los propietarios del recinto porque no permiten hacer fotografías en el interior sin previo aviso.«Lo que pedimos es que se cumpla la Ley de Protección de los Animales», declaró Ardila, «porque lo que denunciamos no es nuevo, sino algo que detectamos desde hace cinco o seis años». Asimismo, anunció que las nueve asociaciones de Cádiz se unirán en la federación 'Holly' para luchar contra el maltrato animal.

Fuente: www.diariosur.es
Fecha; 13.04.08
http://www.diariosur.es/20080413/gibraltar/asociaciones-animales-piden-medidas-20080413.html