viernes, 2 de mayo de 2008

Maltrato animal

Por Norberto J. Martínez Blanco

Hace ya casi un siglo desde que Henry Ford comenzara a producir automóviles en cadena, sumergiendo a todo el planeta a una de las revoluciones más grandiosas que ha podido vivir la Tierra. También es cierto, que no todos los particulares disfrutaron de inmediato de aquel maravilloso invento de Karl Benz, pues sus precios eran exorbitantes, pero a partir de los años 60 y 70, prácticamente todas las familias españolas pudieron alcanzar el sueño de conducir ese aparato tan mágico, dejando a un lado aquel "coche" tirado por caballos o como se suele decir por esta zona, por "machos".

A partir de ahí, los motores a combustión revolucionaron el panorama mundial, siendo aplicados a infinidad de procesos mecánicos productivos, incluidos también los de la agricultura. En este último ámbito, antes de este invento, los transportes de frutas y verduras, se realizaban con burros, bueyes y caballos, cargando a su loma kilos y kilos de mercancía, incluso araban las tierras de nuestros campos tirando de un pesado hierro que removía la tierra, a golpe de latiguillo. Daba lástima observar los ojitos de aquellos burritos que tenían que pasearse por los enormes campos, cargados, sin poder rechistar, sin poder parar, aquejándose en muchas ocasiones del dolor de sus lomas y de los latigazos que sus amos les propiciaban para que no parasen la marcha. La economía de entonces era la agricultura, había que comer y no existían los tractores. No había otra forma que utilizar su fuerza para sacar adelante a las familias: ¡Pobres animalitos! Gracias a la revolución del motor, vinieron los tractores, el milagro para estos animalitos. ¡Ya no hace falta la fuerza de ellos! Ya no tendrán que cargar injustamente, ni serán golpeados nunca más.

Por desgracia esto no es así, y hoy en día los animales siguen sin tener derechos, ni siquiera el fundamental, el de la vida. Todos los animales, sin excepción alguna y por desgracia, están sometidos a la cruel voluntad del hombre. Sus vidas están a la suerte y antojo de estos, y aunque se haya inventado el tractor, siguen mostrando aquellas caritas que tiraban de las pesadas cargas a golpe de látigo. No tienen protección alguna y menos aún en nuestro país, el cual ha permitido que su indignante "cultura" aplauda y promocione el asesinato de miles de toros todos los años. Preocupante.

A todo esto, en Mutxamel, el fin de semana pasado hemos podido disfrutar de la III edición del Mercado Medieval. Aquí, artesanos, bufones y animadores ambientados en la aquella época amenizan durante dos días al año a los ciudadanos de Mutxamel. A priori, todo estupendo, y más conociendo la habitual pasividad de nuestros gobernantes a la hora de gestionar el ocio de los mutxameleros. Pero estos, se equivocan en algo fundamental, en algo esencial, ¡no saben en qué tiempos vivimos! Bien sea por la ignorancia de no saber que la era medieval ya ha pasado, o por no saber que existen otros medios en los que no es preciso el sufrimiento y el maltrato de los animales. Todo esto lo digo por lo siguiente: en la feria hemos podido observar como había ponys y burritos a los que por 3 euros su amo les obligaban a cargar con niños dando un paseo por las calles del municipio, sometiéndolos a través de la fuerza bruta a los caprichitos del público; además, hemos podido observar a aves como águilas y halcones, a los que su amo hace volar en presencia del público con el fin de que éstas retornen a su mano (sabían ustedes que, en muchas ocasiones, para que estas aves vuelvan a su amo, les cortan la lengua para que sólo su domador les pueda dar comer). ¿Han podido dedicar unos segundos a mirar la cara de estos animalitos? ¿Cuánta tristeza alberga en sus ojitos? Háganlo.

No es menos cierto, que la sociedad es la principal demandante de estas barbaries, pero bajo mi punto de vista, los poderes públicos son los que deben velar por formar una sociedad justa y equilibrada, de valores y principios. La alcaldesa de Mutxamel, Asunción Llorens y la concejal responsable de este evento, Rosa Poveda, deberían haber omitido esta forma de recreo cruel e injustificado a costa del sufrimiento de los animales, sustituyendo estos actos por otro tipo de costumbres medievales más acordes con los valores y tiempos que corren. Este Ayuntamiento debería haberse convertido en un defensor de los derechos de los animales y no permitir su maltrato, pero como en otras muchas cosas, sucede todo lo contrario. Por último, como ustedes sabrán, son muchos los significados que puede ofrecer la palabra "animal"; les cito las posibles definiciones que el Diccionario de la Real Academia Española prevé para ella, con el fin de que reflexionen: "Ser orgánico que vive, siente y se mueve por propio impulso. Animal irracional. Persona de comportamiento instintivo, ignorante y grosera. Persona que destaca extraordinariamente por su saber, inteligencia, fuerza o corpulencia".Si en este caso no se han apiadado de estos animalitos, ¿Qué clase de sensibilidad tendrán cuando actúen en defensa de nuestros intereses? Juzguen ustedes a la señora alcaldesa de Mutxamel, Asunción Llorens y la concejal Rosa Poveda, promotoras de esta injusticia.

Norberto J. Martínez Blanco es miembro de Gent D'Ací Mutxamel.

http://www.diarioinformacion.com/secciones/noticia.jsp?pRef=2008050200_8_750027__Opinion-Maltrato-animales
Fecha: 02.05.08