lunes, 23 de junio de 2008

La Senda Verde, un refugio muy especial

Chica es una de las especies de monos del refugio.

Bolivia.- Los animales de La Senda Verde convirtieron lo que en un principio iba a ser un lugar destinado al turismo, en un refugio donde recuperan las ganas de vivir, superan penas y curan sus dolencias.

Primavera ha encontrado el amor. Después de años de encierro, que además de impedirle volar le dejaron varios traumas, halló por fin a su príncipe azul. Aunque todavía tiene algunas manías, (como arrancarse ella misma las plumas), camina feliz junto a su compañero, Verano, quien la ha aceptado tal cual es. Una historia con final feliz para un animal que empezó no muy gratamente su existencia. Primavera es una paraba que llegó a La Senda Verde después de haber sido una mascota de ciudad. Sus dueños, enterados de la existencia del lugar, accedieron a darle una mejor vida y la llevaron al refugio, propiedad de Marcelo Levy y Vicky Ossio, en Yolosa, a dos horas y media de La Paz.

La Senda Verde se inició como un refugio para animales, casi por casualidad. Hace cinco años Vicky y Marcelo compraron el terreno al lado del río con la idea de construir allí su casa, luego decidieron utilizar parte de éste para recibir turistas que desafiaban en bicicleta al llamado “Camino más peligroso del mundo”, la vieja carretera La Paz-Coroico. Con esta idea, construyeron varios espacios para utilizarlos como restaurante, áreas de descanso, piscina, etc. En la actualidad trabajan con la agencia Gravitty Asisted, especializada en turismo de aventura, que organiza el viaje desde la Cumbre acompañando en el descenso a los turistas que una vez llegados a Yolosa, se desvían a La Senda Verde. Una ducha fresca, un almuerzo en base a un buffet de pastas caseras, unas brazadas en la piscina y un reparador descanso, son las ofertas que incluye el lugar para los visitantes, llegados en su mayoría de Europa. Luego algunos retornan a La Paz, otros siguen viaje hacia el norte para conocer Rurrenabaque, el Madidi, etc.

Pero sin pedirlo, los huéspedes de La Senda Verde se llevan un plus muy atractivo dentro de este paquete: pueden conocer de cerca animales silvestres, que han sido rescatados en diferentes circunstancias por los propietarios del lugar.

Ciruelo, un mono capuchino, fue el primero en ser acogido en el refugio. Ahora el lugar tiene 60 animales. “Nunca pensamos que podríamos rescatar tantos”, dice Marcelo Levy. “Eso nos obligó a la decisión de tener un mayor equilibrio en lo que era el negocio de La Senda Verde, el turismo, con el trabajo de rescate y conservación de los animales, por lo que se decidió limitar la cantidad de personas que pueden llegar hasta acá”.

Actualmente se trabaja solamente con reservas y se tiene espacio para 28 personas alojadas en cómodas cabañas. “Nos gusta saber qué tipo de gente viene porque nos interesa que sea responsable con el medio ambiente, que no solamente entienda lo que hacemos sino que aprenda de ello”, explica Marcelo.

Una singular experiencia

El ingreso a La Senda Verde está cerrado. Hay que esperar que uno de los empleados abra el portón. Después de identificarnos y explicar la reserva, podemos entrar. Cruzando un puente de madera, sobre un río cristalino, se escucha desde lejos el ruido de las parabas, que vuelan de un árbol a otro. Llegando al lugar, nos reciben dos monos araña que persiguen a un cachorro. Los tres juegan alborotados, mientras que un grupo de gansos pasea orondo por el sendero de piedra. Indudablemente, por los letreros escritos en castellano e inglés que indican qué se debe hacer y qué no en La Senda Verde, aquí los más importantes son los animales. No se los debe alimentar, tampoco tocar, no se puede utilizar flash si se sacan fotos, etc. Seguimos avanzando y nos encontramos con una docena de monos capuchinos, sujetos con cuerdas a sus casas, ensimismados en su almuerzo de fruta y verdura. Están amarrados por la presencia de extraños, pero en general pasean libremente, como Wara y Zambito, los jóvenes monos araña que nos dan la bienvenida o como Chica, la tímida monita aulladora que observa desde un árbol. Es cosa de un momento entrar en confianza con los monos capuchinos, y cuesta un poco más ganarse la atención de los otros, pero al final de la tarde, todos somos amigos, tanto así que al momento de la cena, los empleados del lugar nos piden que comamos en un recinto cerrado con malla milimétrica para evitar los hurtos de comida a la que están acostumbrados algunos primates. Se han invertido los papeles: ahora los encerrados son los humanos.

“La más complicada es la gente local, los bolivianos que no respetamos las reglas y sobre todo no respetamos la naturaleza, no hay educación acerca de conservación y naturaleza. A veces cuando la gente viene, ve el lugar como un zoológico o los incentiva a tener animales en sus casas como mascotas, y esa obviamente no es la idea de este refugio.”, afirma Marcelo Levy. Él cuenta que ya tuvo varios problemas con amigos que llegaban al lugar y le pedían les venda un mono o una paraba para llevarlos como mascotas a la ciudad, “La verdad es que he perdido varios amigos, pero no me importa, este es un refugio de animales, ojalá la gente entendiera que no se debe mover a los animales de su hábitat”.

Animales, no atracciones

El propósito con el que se trabaja en La Senda Verde es el rescate y el cuidado de animales para tratar de proporcionarles una vida mejor. Marcelo y Vicky saben que no es la ideal, porque el hábitat natural de estos animales es el único lugar perfecto, pero de seguro reciben un trato mejor que el que recibían antes de ser rescatados. Y es que entre los animales de Senda Verde hay historias muy tristes, como la de Primavera y sus manías, causadas por el estrés del encierro, la de Maruca, la mayor de los monos araña o la de Zambito, el juguetón.

Vicky cuenta la historia de Maruca como una de las que más la sigue conmoviendo. Sabían de la existencia de la mona en una de las comunidades de Coroico. Hablaron con el dueño, un hombre muy pobre que trabajaba como albañil y tenía varios hijos, pero él no estaba convencido de entregarla y aseguraba que sus niños se habían encariñado con el animal. Sin embargo después de dos años, llegó a La Senda Verde para explicar que ya no podía cuidar a Maruca y que estaba dispuesto a cederla.

La mona había vivido atada a un árbol, comía las sobras de la familia y no dejaba que se le acerquen. Estaba enferma y desnutrida. Cuando la llevaron a La Senda Verde, a Vicky y Marcelo les impresionó que el animal siempre estuviera detrás de un tronco y que cuando se aproximaba la gente, se escondiese. Vicky trabajó durante mucho tiempo con ella, tratando de acercarse de a poco, pero Maruca era muy asustadiza.

En este proceso, otra de las monas, Almendra, se enfermó. Después de acudir a veterinarios y buscar ayuda en La Paz, el animal murió. Vicky llegó a La Senda Verde a enterrarla y mientras lloraba su pérdida sintió un abrazo, era la mona Maruca que se acercó para consolarla.

Hoy Maruca no es uno de los animales más amistosos de La Senda Verde, pero se la puede ver paseando cerca de los demás animales y ya no huyendo de las personas. La relación con Vicky sigue siendo muy especial.

Información, lo vital

Pese a que los animales de La Senda Verde están en buenas condiciones y para muchos visitantes podrían estar incluso en el lugar ideal, lo cierto es que muchos han sido rescatados de situaciones extremas, arrancados de su ambiente y alejados de sus familias. Algunos de manos de traficantes, otros de gente incapacitada para tenerlos, los menos han sido llevados por sus propios dueños para que puedan vivir mejor.

Muchos de los animales vienen de San Borja, Riberalta y Rurrenabaque. Al no existir control en las trancas, son traficados hasta La Paz fácilmente, así que el hecho de tener varios especímenes, no significa un negocio para La Senda Verde, más bien constituye un motivo de preocupación para sus propietarios. “Lo que quisiéramos es trabajar con el Ministerio de Educación para que se incluya un área de conocimiento en escuelas y colegios que sea la conservación del medio ambiente, solamente enseñando a la gente que no debe sacar a los animales de su hábitat, es que se logrará hacer algo”, explica Vicky Ossio.

Con la idea de compartir conocimientos, además de las cabañas y las áreas para los turistas, se está construyendo un espacio de recreación y educación donde los visitantes podrán, al mismo tiempo de tener un lugar para jugar cartas o escuchar música, acceder a información acerca de los animales.

Los propietarios de Senda Verde quieren hacer talleres con los pobladores de la cercana comunidad de Santo Domingo, con los escolares de Coroico y las demás comunidades, para informar acerca del cuidado del medio ambiente y los animales. Para ello están recopilando videos, documentos, revistas, etc.

Pero este trabajo no es fácil y cuesta. El dinero para el cuidado de los animales ha salido hasta ahora de los recursos que se obtienen de los turistas, pero Vicky explica que se va a trabajar con colegios del exterior, donde el tema del medio ambiente es parte de la currícula, para conseguir más fondos. Los escolares podrán conectarse a través del Internet con la Senda Verde, que les mandará noticias acerca de los animales y los mantendrá informados semanalmente, de forma que ellos puedan adoptar un animal y seguir su desarrollo.

Aunque no se cuenta con un programa establecido de voluntariado, los extranjeros que han llegado hasta ahora al refugio tienen conocimiento del manejo de animales. En este momento una muchacha neozelandesa, quien trabaja en el zoológico de su país como enfermera, está ayudando en las tareas veterinarias de La Senda Verde. La idea es que los voluntarios no sólo aporten con dinero y trabajo, sino con educación que ayude a los conocimientos de conservación.

En la actualidad el refugio tiene un ocelote, una boa, cinco tipos de monos, parabas, loros de distintos tipos, tejones, chanchos de monte, tortugas, gansos, perros y patos. La estrella del lugar es el oso jucumari, un bebé de 9 meses, llamado Amaru (noche en aymara), que fue rescatado en La Paz. El animal es monitoreado constantemente y se lleva un registro preciso de su alimentación.

Aunque en un principio ni Marcelo ni Vicky tenían gran conocimiento del manejo de animales, cada vez que llega uno se sumergen en el Internet y consultan con especialistas para saber exactamente qué hacer y qué no. Además el veterinario visita a los animales semanalmente y se está sistematizando el trabajo tanto con este experto, como con la enfermera veterinaria y con los voluntarios para llevar registros de los animales, historiales, base de datos, etc. La Senda Verde quiere compartir información con centros especializados a nivel nacional e internacional, con facultades de veterinaria del país y trabajar en programas que se puedan difundir, para ello ha creado ya su página web (www.lasendaverde.com).

Más allá de los extranjeros, La Senda Verde es un lugar que ha captado la atención de los comunarios quienes ayudan en lo que pueden para la rehabilitación de los animales. De vez en cuando aparecen con fruta o verdura, y es casi una regla que las vendedoras del mercado le “yapen” a Vicky siempre algo “para sus animalitos”. En este momento 10 trabajadores permanentes brindan sus servicios, de ellos tres están dedicados exclusivamente al cuidado de los animales. Justina Luna es la niñera oficial de Wara, Zambito y Maruca, que la siguen a todas partes. La mujer tiene un trato especial con los animales, y su cariño es la mejor medicina.

Aunque cada vez llegan más animales, Marcelo y Vicky han logrado que una comunidad cercana acceda a ceder algo de su terreno para cuando La Senda Verde ya no dé abasto. Ellos saben que los animales no pueden ser liberados sin todo un proceso previo. “Liberar a un animal es demasiado caro, aún más que mantenerlo en cautiverio. Se necesitan laboratorios, especialistas que verifiquen que está en perfecto estado de salud y que no tiene ningún virus o bacteria humana, monitoreo, collares, GPS o telemetría, etc. Sería lindo poder ver un animal que vuelva a su hábitat después de haber pasado todos los procesos que corresponden, pero se necesitan muchos recursos y nosotros queremos trabajar esto con un proyecto serio, teniendo a la DGB involucrada en esto. Nosotros no hemos liberado nunca un animal”, dice Vicky.

Al respecto, recientemente la DGB realizó una inspección sorpresa a La Senda Verde, verificando el estado de los animales y el trabajo realizado con ellos. No hubo ningún problema. Historias como la de Primavera, muestran que La Senda Verde está cumpliendo su objetivo.

Fecha: 22.06.08
http://www.lostiempos.com/oh/22-06-08/22_06_08_actualidad1.php
http://www.lasendaverde.com/

Más fotos y reportajes sobre La Senda Verde:
http://www.amazonia.bo/amazonia_bo.php?id_contenido=238&opcion=detalle_des
http://www.travelblog.org/South-America/Bolivia/La-Paz-Department/Yungas-Road/blog-237443.html

Chicos y animales: una vida mejor


El programa "Cuidar, cuidando" funciona hace 18 años: por allí pasaron más de 600 chicos con problemas emocionales.

Por Gabriela Cabezón Cámara

Buenos Aires, Argentina.- En la granja, Alan descubrió a dos cabritas casi recién nacidas acurrucadas entre unas piedras, solitas. Las vio, corrió y se preocupó por saber si estaban enfermas y si las habían abandonado, las acarició y les dio de comer, mientras sus compañeritos cuidaban a otros animales.

Alan tiene 11 años y vive en un hogar para chicos, en una situación prácticamente de abandono familiar. Sus compañeros, todos menores de 13, sufren problemas emocionales, pero en la granja eso no importa, aquí no son pacientes sino "hacientes": son ellos los que cuidan e interpretan las necesidades de otros, los animales.

Están en el Zoo de Buenos Aires porque forman parte del programa "Cuidar, cuidando". Empiezan cuando niños con las cabras, vacas, gallinas y patos de la granja. Y terminan aprendiendo el oficio de cuidadores de todos los animales.

Desde que el programa comenzó -en 1990 en una iniciativa conjunta del Zoo y el Hospital Infanto-Juvenil Carolina Tobar García-, pasaron más de 600 chicos y adolescentes de entre 6 y 21 años. Hoy asisten 50, derivados por hospitales y escuelas porteñas.

El psicólogo Vicente de Gemmis, coordinador de "Cuidar, cuidando", explica que "tiene como objetivo la integración social de niños y adolescentes. Tenemos dos grupos: los más chicos, de 6 a 13 años, llegan a la mañana, van a buscar la comida al sector de nutrición y vamos a la granja, donde alimentan, cuidan y juegan con los animales. Después, vamos al Museo y a un taller de pintura, dirigido por un psicoanalista y artista plástico. Los más grandes, entre 14 y 21 años, aprenden a trabajar como cuidadores".

Juan Vasen, miembro del programa, médico psicoanalista y especialista en psiquiatría infanto-juvenil, cuenta que "hay un encuentro con un ser enigmático que no habla. Tratan de entenderlos, de saber qué les pasa, si les duele algo. Eso sensibiliza a sus propias dimensiones silenciadas: entran en otra resonancia con lo que les pasa a ellos mismos y no expresan". De Gemmis agrega que "con esto aparece la posibilidad de la curiosidad, de querer saber qué pasa con el otro, algo que los chicos con problemas emocionales a veces tienen inhibido".

En el caso de los chicos más grandes, el vínculo con los cuidadores es muy importante.

Alvaro Arias, que tiene 20 años y está culminando su formación como cuidador, tiene la esperanza, compartida por sus compañeros y por los miembros del programa , de ser contratado por el zoológico. Tuvo la suerte de que su cuidador lo cuidara, y aprendió mucho: hoy desarrolla una beca en Enriquecimiento Ambiental. Allí, "desestresa" a los animales con actividades lúdicas. A los 15 años, cuando murió su papá, Alvaro sufrió una gran depresión. Hoy estudia, trabaja y habla con amor de su relación con todos los animales, pero sus favoritos son los chimpancés: "A veces no se sabe quién juega con quién. Son muy divertidos", asegura.

Pablo Galván está feliz: cumple 19 años y le acaban de comunicar que será efectivizado como cuidador. Junto a otro compañero, está a cargo de los pandas, los lémures y los ciervos. Vivió muchos años en un hogar, la Casona de los Barriletes. Hoy tiene una hijita, un trabajo y planea estudiar gastronomía. Mientras se formó como cuidador, "pasó por todos lados". Lo que recuerda con más cariño es su paso por "felinos": le daba la mamadera a algunos tigrecitos y a otros les daba de comer con un palito en la boca. "Todavía me reconocen", dice orgulloso.

Es que, por suerte, la ternura también se aprende.

Fecha: 21.06.08
http://www.larazon.com.ar/notas/2008/06/21/01699082.html

Detrás de las glamorosas carreras de caballos

Bárbaro, el famoso caballo que acaparó la atención de la prensa por su accidente en Mayo después del cual fue sacrificado.

Alguien dijo que ''la realidad varía según los ojos que la ven, y no todos los ojos que ven están abiertos''. Esto se aplica muy bien al mundo del lucrativo deporte ecuestre. No crea que la vida de los caballos de carrera es el máximo del buen vivir en el mundo de los equinos, o que reciben el mimo y el afecto de un dueño o de un entrenador. Cuando las cámaras entran en un establo, todo ha sido preparado para esa oportunidad publicitaria y presentar un cuadro que es una infinitésima parte de la realidad. Vemos al purasangre siendo bañado, cepillado, o haciendo ejercicios mañaneros por la pista. Tiene que ser así porque están manipulando una mercancía delicada, valorada en millones de dólares. Mucho hay invertido, y mucho se puede perder.

Y eso es lo que es, una mercancía --y no un animal que sufre-- porque el purasangre, en la mayoría de los casos --especialmente en EE.UU.-- no tiene un solo dueño, sino que es propiedad de un grupo, una compañía de valores, cuya sola meta, al igual que cualquier otro negocio, es la búsqueda de ganancias a cualquier costo.

Detrás de esa imagen romántica y glamorosa de los caballos de raza pura, la historia es otra.

Y es una historia trágica en un ambiente comercial, de apuestas, de drogas y de sistemático abuso que sólo en estos últimos años ha captado la atención de los medios de prensa, los veterinarios de conciencia y los amantes de los caballos y la equitación.

Los potros comienzan un riguroso entrenamiento para desarrollar los músculos, y fortalecer las patas cuando tienen poco más de un año y sus delicados huesos aún se están desarrollando. Desde esta edad, hasta los tres años --cuando llegan a pesar hasta 1,000 libras, pero ni siquiera han mudado los dientes de leche-- los potros son sometidos a un régimen de hormonas y explotados sin escrúpulos usando esteroides para aumentar el rendimiento, el poder de resistencia y cubrir el agotamiento. Algunos atletas los usan ilegalmente por los mismos motivos, pero en las carreras de caballos la práctica es legal y los corticosteroides se usan con frecuencia cuando el caballo se cae o ha sufrido alguna lesión.

Esteroides, hormonas, analgésicos poderosos contra el dolor, no son las únicas drogas. La Universidad Estatal de Colorado está conduciendo un estudio sobre el uso de la furosemida, un anticoagulante que controla el sangramiento que los caballos sufren cuando compiten, ayudándolos a correr más rápido. Los caballos con frecuencia terminan una carrera con sangre en la tráquea y los pulmones y la droga lo previene o reduce.

El uso de drogas está actualmente bajo escrutinio congresional. En la mayoría de los estados no hay programas de pruebas. La Florida tiene uno.

Cuando un caballo de raza llega al final de su carrera, no sirve para procrear y ya no produce ganancias, el costo de mantenerlo es prohibitivo, y son llevados entonces a las subastas donde se venden por su carne. Los mataderos de caballos se prohibieron en EE.UU. el año pasado, pero todos los años más de 100,000 caballos son transportados a Canadá y México donde el hermoso animal llega a su destino final. Los caballos perdedores, o que han sufrido lesiones, con frecuencia son sacrificados. En Puerto Rico, reporta Associated Press, "más de 400 caballos son sacrificados anualmente, en perfecto estado de salud, sólo porque perdieron''.

mebush@bellsouth.net

Fecha: 14.06.08
Fuente: El Nuevo Herald
http://www.elnuevoherald.com/galeria/espacios/story/224886.html

Las precarias condiciones de la perrera de O Carballiño

La Xunta invirtió 250.000 euros en atender 250 perros. Los canes que mueren en la perrera de O Carballiño no son enterrados.

Ni agua, ni luz, ni consulta veterinaria, ni despensa para guardar el pienso y las medicinas, ni nevera para los despojos de carne fresca, ni un camino acondicionado para que entren los vehículos, ni un retrete para los trabajadores, ni un lugar en el que colgar la ropa cuando se visten de faena. Los colectivos ecologistas Adega (Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galicia) y Matarpormatarnon preguntan "adónde ha ido a parar la subvención de 250.000 euros que recibió el año pasado de la Consellería de Medio Ambiente [dirigida por el ex alcalde de la localidad, el socialista Manuel Vázquez] la perrera de O Carballiño".

A cargo de los canes había una mujer en condiciones laborales "muy penosas"
En este recinto que se estrenó hace poco más de un año en terrenos municipales, por no haber no hay ni un lugar en el que depositar los cadáveres con garantías sanitarias. Los canes que van muriendo son arrojados a una fosa, quedan al aire y se pudren expuestos a la vista de todos, sin que nadie les eche tierra o cal encima. El pasado fin de semana, los perros se pelearon y uno de ellos murió. El lunes por la tarde ni siquiera había sido llevado al agujero. Aún seguía tirado donde cayó.

La gestión de esta perrera corre a cargo del Grupo Ecologista Outeiro, cuya cabeza visible es Francisco Valeiras, oficial jefe de la Policía Local de O Carballiño. Según él, en las denuncias "urbanitas" de Adega y Matarpormatarnon hay "intereses personales", y recuerda que el Grupo Outeiro es un colectivo histórico del ecologismo, que se movilizó durante los días más negros de la catástrofe del Prestige y es famoso en la comarca desde hace "muchísimos años" por su centro de recuperación de fauna salvaje.

"Nos convertimos en asociación protectora de animales domésticos por demanda social", comenta, "queríamos solucionar un problema, sacar los perros de las cunetas, y si no invertimos en los capítulos del agua y la luz es porque el ayuntamiento, cuando firmó el convenio, asumió el compromiso de hacer la conexión". La pelota, según él, está en el tejado del consistorio de O Carballiño.

Valeiras reconoce que la perrera está "saturada", "inacabada", "al 50%"; que es deficitaria; que prescinde "de momento" de muchos servicios. Y asegura que todo lo que falta se hará cuando haya posibles.

El refugio da servicio a nueve ayuntamientos, pero según los ecologistas de Matarpormatarnon está pendiente de "otra subvención de alrededor de 300.000 euros", procedente de una mancomunidad de "23 municipios". El objetivo es hacerse cargo del servicio de lacería en todo ese territorio de la provincia de Ourense.

En la perrera de O Carballiño hay, can arriba, can abajo, 250 perros. Los despojos de carne fresca que comen corren por cuenta de la cooperativa avícola Coren y de la factoría de embutidos Castro Bello. La perrera carballiñesa costea el transporte de los alimentos. A cargo de todos estos animales había una única empleada que, después de un año trabajando en condiciones "muy penosas", renunció la semana pasada. "Si aguantaba era por los perros", asegura Julio Fernández, portavoz de Matarpormatarnon.

Francisco Valeiras dice en cambio que la empleada, una "auxiliar de clínica", se fue por su enfrentamiento con el otro trabajador de la perrera, un chico que momentáneamente, por culpa de esta mala relación, fue destinado al centro de fauna salvaje. El lunes entró a trabajar otra auxiliar en sustitución de la que marchó.

Los ecologistas de Adega y de Matarpormatarnon que denuncian el caso dicen que nadie de Outeiro atiende a aquellos animales; que ni siquiera se allanó el terreno antes de levantar las casetas de bloques de cemento (por lo que ahora no hay posibilidad de hacer un camino y hay que llevar todo en carretilla); o que el olor es tan nauseabundo que nadie soporta más de "dos minutos" limpiando dentro de un canil.

Y mientras, Francisco Valeiras destaca que, a pesar de la saturación de la perrera, los animales están sanos, que cuando "hay problemas" los baja en coche al veterinario y que en los dos últimos meses consiguieron que fuesen adoptados unos 36 perros. "Algunos incluso se han ido para Madrid con sus nuevos propietarios".

Fecha: 23.06.08
http://www.elpais.com/articulo/Galicia/Xunta/invirtio/250000/euros/atender/250/perros/elpepiautgal/20080623elpgal_7/Tes