martes, 27 de enero de 2009

"Escribo sobre animales pensando en el hombre"

Entrevista a Esther Ramón, ganadora de la última edición del Premio Ojo Crítico de Poesía y autora de "Reses".

Madrid.- Con este inquietante, estremecedor y bello poemario de título inusual para un libro de versos, Esther Ramón (Madrid, 1970) ganó la última edición del Premio Ojo Crítico de Poesía, uno de los más codiciados por los jóvenes creadores. El libro está recorrido por imágenes terribles y esperanzadoras, y traza continuos paralelismos entre la existencia de los animales que el hombre ha domesticado y usado en su beneficio, y el propio ser humano, que ha demostrado ser un auténtico depredador con los de su propia especie en las guerras y otros hechos históricos que asolaron el siglo XX.

'Reses' es un título poco frecuente para un libro de poesía.
Me gusta que los títulos sean inusuales. Reses, además, tiene un doble sentido. Combinando sus letras puede convertirse en Seres. El libro está lleno de animales, pero remite más a los hombres.

¿La relación del poeta con la palabra es especial?
Como dijo un colega, "La poesía es una flecha que no da en el blanco, sino en lo blanco". Si el poeta sabe dónde va a acabar, el poema se agria. No me gusta el concepto del poeta generador; el poeta no es una fuente, sino un vaso.

¿La culpa de que no se lea mucha poesía es de los lectores o de los poetas?
Del sistema educativo. La poesía que se enseñaba parecía pensada para espantar al niño más que para atraerlo. Habría que empezar a enseñar poesía de nuestro tiempo. La oscuridad que se le atribuye es relativa. La poesía tiene que trenzar con un misterio, manejar algo que no se puede explicar.

¿Escribe sobre animales pero piensa en personas?
Los animales son seres imprevisibles. Me gusta jugar con el concepto de animal no clasificable. Hablo también de una parte de lo humano que no podemos manifestar, la parte salvaje del ser.

¿Ha sentido el deseo de humanizarlos?
No me interesa atribuir a un animal cualidades humanas, pero me interesa el paralelismo entre hombre y animal. Los animales son sacrificados por nosotros, y nosotros lo seremos por no se sabe quién.

¿Los ojos de un animal le dicen tanto como los de un humano?
A veces mucho más. Tuve la oportunidad de visitar un matadero, y recuerdo la mirada de una ternera poco antes de morir. Me transmitió muchas cosas.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?
Me vino la imagen de gente velando a siete caballos mutilados sobre otras tantas mesas en una sala de autopsias. Caballos que habían sido torturados por humanos. Y concebí el libro como una reata de bueyes —los poemas extensos— unidos por argollas, los breves.

¿Qué le parece la relación del hombre con los animales?
Tenemos la idea de que el mundo es antropocéntrico, y pensamos que los animales están a nuestro servicio. En esa relación tiene que existir un equilibrio y un respeto. No podemos utilizar su vida y su muerte a nuestro antojo. Usar la inteligencia para llevar a los animales a un límite es espantoso.

¿Podemos aprender de ellos?
Mucho, aunque tampoco hay que llegar a idealizarlos. Tenemos que aprender a respetarlos, eso sí. El hombre no debe dejar de ser un depredador, pero con respeto.

ASÍ COMIENZA "RESES"

En el vertedero de caballos todo está listo para la representación.
Encendieron las luces de emergencia y nadie sabía si los que corrían querían salir o venían llegando. (En realidad estaban detenidos.)
Ignoraban el humo, pero su estilizado rostro azul sonreía a los presentes.

Se habían reunido allí para estudiar los cuerpos.

Un carpintero había fabricado siete grandes camillas de madera. Iban a cubrirse con enormes sábanas. Esto es obra de un demente. Alguien le hizo callar. Los de las batas blancas se adelantaron.

Heridas de cortes desiguales. Los ayudantes anotaban cada detalle y los más virtuosos insertaban dibujos entre las letras.

Los dos primeros animales lucían exactas mutilaciones. El demente había concebido gemelos. Luego individuos únicos.

Todos los caballos eran tordos menos uno blanco que parecía intacto. Pero siguieron la costura. Los órganos estaban descolocados. Era un orden incomprensible en que el corazón y los riñones se apretaban en la garganta.

La luna adelgazaba aquella noche en que algunos hombres se reunieron en un hangar, mientras los demás dormían.

Después de taparlos decidieron iniciar las diligencias. El sospechoso podía ser un joven pálido, empleado en un matadero. O un maquinista. O el conductor de un circo itinerante.

Para velarlos dispusieron sillas polvorientas. Apagaron las luces y los cristales del techo se abrieron como ojos en blanco...


Fuente: http://www.gaceta.es/23-01-2009+escribo_sobre_animales_pensando_hombre,noticia_1img,26,77,45120
Fecha: 23.01.09

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