viernes, 2 de enero de 2009

África 2009: entre guerras y extinciones

Senkwekwe, uno de los seis gorilas de montaña aniquilados en julio de 2007 en el Parque Nacional de Virunga, es acarreado desde la escena del crimen. Quedan menos de 700 en estado salvaje. Foto de Brent Striton, Reportaje de Getty Images


Artículo de Rodolfo Zamora Rielo
El Mercurio Digital

Mientras el continente africano se sumerge cada vez más en la guerra y la destrucción, mientras sus riquezas naturales son saqueadas por las grandes trasnacionales occidentales que alimentan las rivalidades internas, mientras los mercados bursátiles colapsan por especulaciones, mientras un joven árabe resume la dignidad del mundo arrojando sus zapatos al apóstata mayor, el Programa Ambiental de la ONU, la Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios y la Convención para las Especies Migratorias declararon a 2009 como el Año Internacional del Gorila.

Como una medida para elevar la conciencia sobre el peligro de extinción que se cierne sobre estos animales, así como luchar contra la deforestación, la caza furtiva, la vulnerabilidad a las enfermedades que menguan sus comunidades, esta decisión no solo atrae la atención de un mundo demasiado ocupado en el poder hacia una especie en riesgo de desaparecer, sino hacia todo un continente que peligra de implosión por la inestabilidad política, el caos socioeconómico, la tragedia higiénico-sanitaria y la devastación natural.

Los gorilas son solo un eslabón de una gran cadena que comienza con los estratos vegetales y termina con el universo de todo el ecosistema. Por eso, la lucha por su conservación implica también satisfacer las necesidades de la población que vive en las zonas en que habitan los gorilas, pues su empobrecimiento los hace sucumbir a las exigencias del mercado que no reparan en daños ambientales.

Un ejemplo es el Parque Nacional de Takamanda, establecido por el gobierno de Camerún para proteger al gorila del río Cross, el más raro del mundo, que está críticamente amenazado de extinguirse. Ubicado en la frontera con Nigeria, es el reservorio de unos 115 gorilas del río Cross, cuando la población total de esta subespecie se estima en menos de 300.

Otro ejemplo es el Acuerdo de los Gorilas, formulado bajo la Convención de Especies Migratorias de la ONU. Los gobiernos afiliados en el tratado —Ruanda, Uganda y la República Democrática del Congo— se comprometieron a garantizar la protección del hábitat, la cooperación mutua, el control del virus de Ébola y minimizar el conflicto entre las poblaciones animal y humana.

Acuerdos y buena voluntad

No obstante, a pesar de estos acuerdos y la buena voluntad de sus promotores, las acciones han quedado flotando en el marasmo de la indefinición, pues dos de las causas más recurrentes de la muerte de los gorilas no han logrado minimizarse: la incidencia y expansión del virus de Ébola y los conflictos armados.

Para los gorilas, la fiebre del Ébola se ha convertido en una verdadera plaga y la epidemia de cólera que ataca hace meses a Zimbabwe es apenas una arista de la impunidad de la que gozan las enfermedades infecciosas en el continente negro, gracias a la falta de condiciones higiénico-sanitarias y al desdén de las grandes empresas médico-farmacéuticas.

Desde el punto de vista científico, todavía no se conoce todo sobre la vulnerabilidad de los simios al virus, aunque se especula que la deforestación tenga parte de responsabilidad.

Esta teoría se basa en la hipótesis de que el portador del virus es un animal, aún sin identificar, que habita en las márgenes de los bosques y la tala indiscriminada de estos delimita y hace avanzar esos bordes y, con ellos, el portador más la transmisión de la enfermedad.

La incidencia de los conflictos armados es otra mano macabra que se cierra sobre los indefensos primates. La guerra interna que se libra en el Congo ha cobrado entre sus víctimas no solo a civiles inocentes, sean hutus o tutsis, sino también a gorilas y elefantes.

La caza furtiva tiene varios objetivos: desde la venta de la carne, pasando por la piel hasta los límites de la morbosidad que considera una mano de gorila como un singular cenicero.

Se hace perfectamente previsible que la carne de estos animales pueda servir de rancho a las tropas rebeldes del general congolés Laurent Nkunda, toda vez que su facción controla la zona del Parque Nacional de Virunga, santuario del gorila de montaña. Las fuerzas rebeldes de Nkunga tomaron el parque, expulsaron a los guardabosques y dejaron a los simios en la más absoluta vulnerabilidad.

Hace solo unos días, integrantes de la facción Patriotas Resistentes Congoleses abatieron dos elefantes, lo que provocó que el director general de la ONG Innovación para el Desarrollo y Protección del Ambiente, Bantu Lukambo, lanzara un llamamiento a la comunidad internacional por el peligro inminente al que están sometidos los elefantes, gorilas, chimpancés, jirafas, okapis, búfalos cafre y otras aves endémicas.

Algo parecido a la ejecución "sumarísima", meses atrás, de cuatro especies de gorila en las estribaciones del Parque Virunga por seguidores de Nkunga. Al parecer, pretenden acaparar más que coltán y dinero extranjero.

Los apenas 700 gorilas de montaña que quedan, habitan en el mismo vórtice del conflicto: las montañas Virunga del Congo, Ruanda y la selva de este último país. Curiosamente son los países en conflicto, donde la caza furtiva es una tradición mantenida por grupos de lugareños que no paran mientes en eliminar a todo el que les amenace el negocio.

Uno de los casos recogidos por la historia, seguramente el más famoso, fue el asesinato en Ruanda de la doctora Dian Fossey, zoóloga estadounidense que aportó mucho en el conocimiento de la evolución y las costumbres de los gorilas. Su muerte a machetazos en 1985 resulta una prueba irrefutable de la conexión avaricia-dinero.

Un gran paso adelante lo constituyó la firma, en junio de 2008, del Acuerdo sobre la Conservación del Gorila y sus Hábitats que sienta las bases legales y obliga por primera vez a los gobiernos africanos a trabajar de forma conjunta para conjurar las amenazas a la supervivencia del gorila.

Entre las medidas aprobadas se pactó colaboración y el endurecimiento legal de la lucha contra el furtivismo. Baste decir que tres de cada cuatro especies de gorilas africanos engruesan la lista de grave riesgo de extinción de la Unión para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Según Lera Miles, del Centro de Monitoreo Mundial de la Conservación, de Cambridge, "todos los grandes primates están clasificados como 'en peligro', o 'en peligro crítico de extinción' (…) En peligro crítico quiere decir que su número ha caído o caerá un 80 por ciento a lo largo de tres generaciones".

A pesar de de la participación activa de organizaciones monitoreadas por la ONU, la World Wildlife Foundation (WWF), el Programa Internacional para la Conservación del Gorila (IGCP) y la Fundación Africana para la Naturaleza (African Wildlife Foundation), el problema es mucho más complicado todavía de lo que se muestra.

Ante los agravados problemas que se agolpan en la circunstancia africana y a los que todavía la comunidad internacional no les otorga la prioridad merecida, sería un verdadero milagro que, si se resuelve la mayoría, no sea demasiado tarde para las especies las cuales, desde su primitivo raciocinio, contemplan con estupor cómo sus primos lejanos pisotean sus vínculos y los masacran.
Otra deuda del ser humano con sus orígenes que, al final, cuando se mire alrededor, será la verdadera razón de su desaparición.

Fuente: http://elmercuriodigital.es/content/view/15612/146/
Fecha: 01.01.09

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo con el artículo (me considero ecologista). Es lamentable, no obstante, que en él no se haga referencia a los cientos de miles de personas que padecen la guerra del Congo. Leído el artículo, parece que los únicos que sufren la guerra son los gorilas.

Anónimo dijo...

mi dirección:
http://stopthewarinnorthkivu.wordpress.com

un saludo