domingo, 11 de enero de 2009

La emoción del avistamiento de ballenas


Artículo de Lucy Cruz Wilson publicado en México Desconocido sobre el avistamiento de ballenas en México.

Puede decirse que casi todos conocemos a las ballenas. Las hemos visto en fotografías o videos. Sabemos que son fuente de inspiración de historias, leyendas, cuentos y una estupenda y famosa novela. No obstante, la experiencia de establecer “contacto” con estas magníficas criaturas no tiene igual: el nerviosismo de la espera, la curiosidad por lo desconocido, la incertidumbre de dónde o cuándo se visualizarán y al final, el privilegio de “vivirlas” no puede describirse.

Que quede huella

México es un país con muchas fortunas (recursos naturales), y quizás la más valiosa es su biodiversidad, ésta se debe a una larga serie de privilegios, por ejemplo, la posición geográfica, las largas cadenas montañosas que lo cruzan a lo largo y ancho, y los mares que lo bañan por casi todos sus flancos. Todo ello hace del país una sucesión de hábitats donde prolifera la vida. A esto se debe que en las aguas mexicanas, especialmente en la zona del Golfo de California, gracias a su gran productividad, o sea, presencia abundante de plancton, se encuentren poblaciones temporales o permanentes de 39 especies de cetáceos de los dos órdenes: misticetos, ballenas con barbas, y odontocetos con dientes (desde la pequeña vaquita marina hasta el cachalote). Se puede decir que los misticetos son las verdaderas ballenas, aunque también suele incluirse en esta denominación a los odontocetos de gran tamaño como orcas, calderones y cachalotes. Así, en el Golfo de California se encuentran 8 de las 11 especies de misticetos que hay en el planeta: la ballena azul (Balaenoptera musculus), la ballena de aleta o rorcual común (Balaenoptera physalus), la ballena de Bryde o rorcual tropical (Balaenoptera edeni), la de Sei (Balaenoptera borealis), la Minke (Balaenoptera acutorostrata), la jorobada (Megaptera novaeangliae), la gris (Eschrichtius robustus) y la franca del norte (Eubalaena glacialis). Además del más grande de los odontocetos: el cachalote (Physeter macrocephalus), la piloto Globicephala macrorhyncus y la orca (Orcinus orca), entre otras.

Y todo empezó por ¡un hipopótamo!

Los especialistas saben hoy, a partir de diversos estudios paleontológicos y moleculares, que las ballenas que vivieron hace alrededor de 50 millones de años tuvieron un origen terrestre, muy probablemente un animal (un artiodáctilo vegetariano) parecido a los hipopótamos actuales. Lo interesante aquí es que los ancestros de las ballenas, al igual que los primeros vertebrados que se “aventuraron” en la vida terrestre hace unos 400 millones de años, eran anfibios, es decir, repartían su vida entre el medio terrestre y el acuático, y que antes de poseer aletas, como las conocemos hoy, usaban patas para nadar, y allí empezó la historia de las ballenas actuales.

¿Por qué… nos son tan atractivos estos animales?

Tal vez nos atrae que son el grupo animal con las especies más grandes que existen hoy, y en él se encuentra el ser más grande de todos los tiempos, la ballena azul, que mide entre 25 y 35 metros y llega a pesar más de 100 toneladas. Asimismo, nos conmueve que todas estén amenazadas o en peligro de desaparecer por razones, en la mayoría de los casos, ligadas a las actividades humanas; por ejemplo, la ballena azul, gracias a la velocidad a la que se desplazan, estuvo a salvo de los primeros cazadores de ballenas del siglo XVIII, no obstante, a finales del siglo XIX, cuando se cambió la tecnología al arpón explosivo y a la posibilidad de perseguirlas por medio de embarcaciones rápidas y la técnica de inflarlas con aire para que no se hundiera después de ser arponeadas, condujo a que la caza se incrementara, al extremo de que en 1931 se mataran 29, 000 ejemplares para obtener aceite.

Es posible que también nos atraigan por sus melancólicos cantos y su capacidad de llevar sus toneladas fuera del agua en espectaculares saltos para comunicarse entre los miembros de un grupo, como es el caso de la ballena jorobada.

Además, nos sorprenden sus estrategias de sobrevivencia como la que emprenden las hembras (madres, tías, primas) para el cuidado de sus ballenatos. Por ejemplo, la ballena gris protege a sus crías de los tiburones poniéndose entre ésta y los depredadores. Los cachalotes hacen la formación de “margarita” para conducir a las crías al centro y los adultos colocan sus cabezas en círculo con las aletas caudales hacia fuera para alejar a los depredadores. También, en esta especie, las hembras del grupo cuidan a los ballenatos cuando la madre tiene que hacer inmersiones para alimentarse de calamares gigantes, que sólo puede encontrar a grandes profundidades.

Asimismo, es fascinante la organización social que demuestran a la hora de la alimentación: las jorobadas trabajan en equipo, se mueven en círculo haciendo cada vez más pequeño el cerco para “compactar” y filtrar a sus presas que es básicamente krill (pequeños crustáceos que están en el plancton) y algunas especies de peces pequeños. O bien, forman una red de burbujas entorno a la presa para compactarla y facilitar su captura.
Es posible también que la atracción hacia las ballenas se deba a que las percibimos como seres “inteligentes y sensibles”, que vencen la curiosidad y se acercan naturalmente para establecer contacto con nosotros.

Lucha de gigantes

Desde mediados del siglo XX, existe la Comisión Ballenera Internacional, nacida con la idea de hacer un contacto menos devastador al protegerlas de la caza absurda a la que fueron sometidas. No obstante, la realidad es que dicho organismo ha sido, en muchos casos, títere de los países interesados en continuar con la captura. Actualmente, las naciones afiliadas a este organismo se han comprometido a no cazar ballenas con fines comerciales, sin embargo, Japón aún pugna por “su derecho” a matar ballenas con fines “científicos”.

Por otra parte, se encuentra otra institución, la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora (cites, por sus siglas en inglés) formada por alrededor de 145 países, y que declara en su Apéndice número 1 que no se permite el comercio internacional de cetáceos, sus productos y subproductos.

¿A quién atienden los países? Lo cierto es que el público general y las organizaciones no gubernamentales han sido una presión real para los gobiernos y éstos se han visto en la necesidad de atender el apremio por salvaguardar las poblaciones de ballenas, con buena o no tan buena disposición. Mientras tanto, la discusión sobre “el derecho” a explotar algunas poblaciones continúa, cosa que es muy discutible, por ejemplo, no hace mucho circuló en la red una serie de fotos sobre un rito anual de iniciación de los jóvenes en la vida adulta en las islas Feroe, pertenecientes a Dinamarca, en ellas se observa la increíble matanza, que realizan los iniciados, de cientos de ballenas piloto o calderón. ¿Tienen el derecho a ese tipo de contacto, aunque sea parte de sus tradiciones?

Contacto exclusivo

En nuestro país existe una norma oficial (nom-131-semarnat-1998) con la que se les protege y conserva su hábitat. En esta norma también se puntualiza sobre las actividades de observación en espacios federales. Todas las ballenas que se encuentran en aguas mexicanas están protegidas, y se hace énfasis en la ballena gris, que lleva a cabo la migración más larga entre los mamíferos marinos. Ésta da inicio en octubre, en aguas árticas. Las grises viajan por costas canadienses y estadounidenses hasta alcanzar las lagunas de la Península de Baja California, en donde paren, descansan y se reproducen para regresar en marzo a las aguas de alimentación en Bering y Chukchi, haciendo un recorrido total de más de 20,000 kilómetros.

Los contactos con la ciencia

En sus investigaciones, los científicos realizan expediciones para ir al encuentro con las poblaciones que hay en nuestros mares. Lo hacen en embarcaciones de distintos tipos y desde ellas, o directamente por medio del buceo, establecen contacto. Cuando se avista un grupo de ballenas, se identifica la especie por medio de ciertos patrones como la coloración, las formas de la aleta caudal o dorsal y la forma del lomo. Estos datos los ayudan a dar seguimiento a sus observaciones y registro de datos.

Y los demás… ¿dónde, cuándo y cómo hacemos contacto?

El Golfo de California es por excelencia el mejor lugar para hacer contacto con las ballenas y el resto de la abundante lista de mamíferos marinos que hay en México. Sin embargo, Nayarit y Jalisco son buenos lugares para visualizar ballenas jorobadas. Inclusive, con un poco de suerte, en los meses de invierno es posible observarlas desde playas de Colima, Michoacán y Guerrero.

Las embarcaciones salen de distintos puntos del Golfo de California y de la zona del Pacífico. Parten desde temprano y regresan hasta que se pone el sol. Si la excursión es en panga, el viaje se lleva a cabo a poca distancia de la costa. Si el tamaño del transporte es mayor, se realiza mar adentro. Cualquiera puede participar del evento.

Los indicios de un buen día de contacto son un mar tranquilo y cielo despejado. Es posible que se vislumbre a lo lejos agrupaciones de gaviotas o pájaros bobo alimentándose, o se tenga el hallazgo de un gran círculo de burbujas en el agua, que indica dónde se sumergió una. Por fin, el momento esperado llega cuando asoma un lomo, una aleta caudal, una dorsal o tal vez un salto que da paso al: ¡ballena a la vista! Entonces, la alerta prepara a todos los pasajeros para una experiencia que nunca olvidarán.

Fuente: http://www.mexicodesconocido.com.mx/notas/16580-Contacto-con-gigantes
Fecha: 07.01.09

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