lunes, 19 de enero de 2009

Mascotas de Estado

Los perros y gatos más famosos del mundo comparten honores con sus dueños y protagonizan campañas institucionales

«El presidente, la señora Bush y sus hijas Barbara y Jenna están profundamente apenadas por la muerte de su gata India», afirmaba en un comunicado de prensa la portavoz de la primera dama, Sally McDonough. El animal, una gata americana de pelo corto negro fue durante dos décadas un miembro más de la familia Bush. En los primeros compases de la anterior Administración Bush fue incluso el centro de un incidente diplomático, cuando líderes nacionalistas hindúes consideraron su nombre un insulto e instaron a la gente a llamar 'George Bush' a sus perros.

Hoy queda lejos el tiempo en que los animales domésticos más famosos eran los que salvaban vidas o viajaban al espacio. Las más populares ocupan estos días palacios y sedes oficiales y algunas son protagonistas de vídeos institucionales y de campañas políticas. Como Barney, el terrier escocés de George W. Bush, que ha captado la atención mediática durante todo su mandato e incluso ha protagonizado varios cortometrajes. No extraña, pues, que hace nueve años abriera en EE. UU. el Museo de las Mascotas Presidenciales, una iniciativa privada con sede en Annapolis, cerca de Washington, que lleva un registro de los animales domésticos que han acompañado a los distintos presidentes de la Casa Blanca.

Vicky, la poodle; Pashá, el terrier, y King Timahoe, el setter irlandés de Richard Nixon, que a punto estuvieron de ser acusados de ser unos soplones y de haber colaborado en la caída de su amo; el labrador al que Gerald Ford puso de nombre Liberty; el cavalier king charles spaniel Rex que tiraba fuerte de la correa y arrastraba a Ronald Reagan; tanto o más que a Bill Clinton Buddy, otro labrador retriever color chocolate que competía con un gato llamado Socks (calcetines), propiedad de su hija Chelsea... Los Kennedy convivieron con una variada fauna. Acogieron al welsh terrier Charlie, al gato Tom Kitten y a Robin, el canario. Incluso llegaron a tener varios ponis, hamsters y un conejo. Pushinka, Shannon, Wolf, y Clipper completaron la familia de perros. Y por si fuera poco, Charlie y Pushinka tuvieron descendencia: Blackiey Streaker.

Franklin D. Roosevelt inauguró la costumbre de atender a sus invitados con la pequeña faldera Fala en los brazos, un scottish terrier regalo de su sobrina Margaret Stuckley. El animal aparece esculpido en una de las estatuas que se representan en el Monumento a Roosevelt, situado en 30.000 metros cuadrados de la Cuenca Tidal de Washington, e inaugurado el 2 de mayo de 1997.

El futuro perro de Obama

Sin aún existir, últimamente ha generado acaloradas discusiones el perro hipoalergénico y de perrera que Barack Obama ha prometido a sus hijas para su llegada a la Casa Blanca. Hasta un refugio canino madrileño ha ofrecido al demócrata a Happy, un perro mestizo con algunos problemas. Incluso, han llegado a pedir a Obama que adopte un gato y rompa con la tradición presidencial estadounidense de tener sobre todo perros (no sería el primero, Jimmy Carter tuvo un gato siamés). El entrenador canino César Millán cree que la nueva mascota del Despacho Oval no ha de ser ni muy ladradora ni poco mordedora, que debe tener «un nivel de energía medio, quizás un caniche», pero en todo caso, tratarse de «un líder». En su opinión, el liderazgo animal y el humano suelen ir juntos...

... Y revueltos andan Pharos, Dottie, Emma, Linnet, Rush, Minnie, Monty. Whisky, Pavos, Swift, Blondie, Susan, Tinker, Pickies, Chipre, Piper, Harris, Brandy, Cider y Berry, algunos de los cincuenta perritos corgi (pastor galés), labradores y spaniels de Isabel II. Los corgis tienen collar de plata con correa de oro de Cartier, además de gozar de una alimentación privilegiada a base de carne cocida y galletas. La misma reina prepara en cuencos y con cubiertos de plata el menú. En su 80 cumpleaños muchos británicos lucieron por Londres globos con forma de corgi a modo de felicitación para su majestad.

A la mujer también le gusta la cría de caballos; cada temporada presenta 25 para competir. Es que en la casa real británica no se quedan cortos en mascotas. Existe un antiguo estatuto fechado en 1324 y firmado durante el reinado de Eduardo II por el que se establece que «también pertenecen al rey ballenas y esturiones que se encuentren en los mares que él domine». Si alguno de los peces reales es capturado a menos de tres millas de la costa puede ser reclamado en nombre de la Corona británica. Asimismo, Isabel II es propietaria de 88 cisnes del río Támesis.

Vegetarianos, tal para cual

De una vaca, Ofelia, que descansa en su rancho de Texas, lo es también el presidente en funciones George W. Bush. Vegetariano se hizo el mastín Brodi -ya fallecido- del presidente esloveno Janez Drnovsek al poco de que su amo renunciase a la carne. Ambos se acompañaron durante un tiempo en los placeres de la dieta ovo-lácteo-vegetariana. Tenía delicada salud el conejo Lisis: la mascota del presidente letón Valdis Zatlers murió a causa del estrés relacionado con la mudanza a la residencia presidencial. El animal tenía una capacidad formidable para diferenciar a las personas por su genio y enseguida enseñaba los dientes a quien le caía mal.

Otro que agotó sus siete vidas fue Humphrey, el gato de Downing Street. La carrera del felino arrancó bajo la protección de la primera ministra conservadora Margaret Thatcher. La dama de hierro lo adoptó tras verlo merodear cerca de la residencia oficial. Cuando Thatcher tuvo que marcharse, su sucesor, Mayor, heredó a Humphrey como una parte más del patrimonio nacional. Los años pasaron con alguna escapada esporádica del animal. Debió de pensar que sus días acabarían ronroneando por los pasillos de la mansión, pero se equivocó. Seis meses después de la victoria laborista en 1997, Cherie Blair lo mandó a una residencia. Poco después, el equipo de Blair señaló que sufría una dolencia hepática. Murió en un dorado exilio.

A sus anchas anduvo también durante un tiempo la perra negra Connie del ex mandatario ruso Putin, que se paseaba por los pasillos del Kremlin. Una vez, una propuesta de ley del Parlamento ruso que limitaba la posesión de canes de ciertas razas, entre ellas la de Koni, puso en aprietos a Putin. Por suerte, la iniciativa no fue aprobada.

La esposa de Putin tenía un poddle, Tosya, que ha pasado a la historia con un discreto papel. Al contrario del que representa en el palacio presidencial de Kabul un perro de color naranja que echa por tierra toda imagen de autoridad y seriedad. Es propiedad del presidente afgano, Hamid Karzai, y su vigilancia personal lo utiliza para los registros a la entrada de su residencia oficial. Tintado con hena como una novia afgana, el animal pone la nota cómica.

Rescatar del olvido la raza de Nevado, el perro que acompañó a Bolívar en su lucha independentista, es lo que quiere ahora el presidente venezolano, Hugo Chávez. Para ello ha puesto en marcha la crianza de seis de estos canes -Nevado, Niebla, Queipa, Neblina, Luna y Guardián- en la montaña que separa Caracas del Caribe, donde se dan unas condiciones ambientales similares a las de los Andes, el lugar de donde provienen.

Recordemos a otro animal de Estado, Blondi, de Adolf Hitler, un regalo de su secretario personal, Martin Bormann. La perra pastor -alemán, naturalmente- tuvo cinco cachorros con Harrass, de su misma raza, cuyo dueño era uno de los arquitectos del dictador.

Blondi permaneció al lado del Fürher, incluso cuando éste tuvo que transladarse a su búnker. Al animal lo mataron con cianuro para que no fuera capturado por los rusos. Dos días después, Hitler y su esposa se suicidaban. Lo que pasó después no está claro. Una versión cuenta que la perra fue enterrada junto a sus cachorros vivos. La más extendida revela que cuando los soviéticos llegaron al búnker encontraron sin vida a Blondi y a uno de sus cachorros. Se dice que la muerte de su fiel mascota fue lo único que dolió a Hitler.

Fuente: http://www.nortecastilla.es/20090111/vida/mascotas-estado-20090111.html
Fecha: 11.01.09

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