lunes, 23 de febrero de 2009

Toros: el arte de la muerte

Sólo ocho países en el mundo siguen celebrando la fiesta brava tras el principio de civilidad promulgado por la ONU en 1978 en el que insta a respetar los derechos de los animales y afirma tajantemente que el único derecho que no tiene excepción de especie es el derecho a no ser torturado.

Colombia hace parte del grupo de naciones en los que se acepta de manera legal la fiesta brava, la lucha interminable del hombre por demostrarse superior a la “bestia”. Los otros países son: España, Portugal, el sur de Francia, México, Venezuela, Ecuador y Perú.

El toreo ha existido desde tiempos inmemorables. En algún punto de la historia universal se cree que se originó en Grecia como un espectáculo en el que el hombre hacía piruetas delante del toro, pero una vez la práctica se instaló en España se convirtió en una afrenta en la que el hombre empezó a hacer uso de armas contra el animal.

La primera gran batalla de los defensores de animales contra ésta y otras prácticas que llevan al límite la resistencia de especies distintas a la humana, fue precisamente el manifiesto de la ONU. Sin embargo, en los países donde aún se toleran las corridas de toros éstas son amparadas bajo los argumentos de protección hacia la cultura heredada de nuestros antepasados; en el caso de Colombia, los españoles. Y con base en este principio se defiende y se califica la tauromaquia como un arte.

La suspensión de la Feria Taurina en Cartagena en el pasado mes de enero revivió la polémica en la ciudad sobre si esta práctica es de verdad una cultura, una demostración de estética o una barbarie contra los animales. Aunque los taurinos salieron al paso a explicar que el descalabro de la feria se debió al mal manejo administrativo y la poca gestión comercial del organizador para lograr una taquilla impecable, diversos ciudadanos manifestaron a través de cartas enviadas a El Universal, su contento por la cancelación de la corrida.

La preocupación llevó a los taurinos a reunirse en foros para buscar alternativas que salven la feria en años venideros y los defensores de animales buscan crear conciencia en los cartageneros para que digan ¡No! a esta práctica.

A cada defensa que hacen los taurinos sobre su gusto, los defensores tienen una respuesta para contrarrestarlos.

La polémica

Edgardo, “El Pollo” Pallares, gerente de la Plaza de Toros Cartagena de Indias, desestima la calificación de tortura que le dan los defensores de animales a las corridas de toros.

Como primera medida dice: “el animal está en el mundo para servicio del hombre, de ahí que todos los seres humanos sobrevivimos gracias a ellos. En efecto la gente usa abrigos de mink, desayuna con huevos y usa zapatos de cuero”. Y prosigue explicando que el toro de lidia es un animal creado por la mente humana, una especie no doméstica, no salvaje, de concepción distinta a los demás vacunos, en el que sino se cumple su parábola vital, que es la lidia (lucha) termina matándose con su misma especie en el campo (los corrales, las fincas).

En lo que parece su principal argumento, Pallares intenta bajarle el tono a los defensores trayendo a colación un estudio preliminar hecho por la Universidad Complutense de Madrid en el que se afirma que durante la corrida, el toro de lidia, es el único animal en el mundo capaz de generar altas dosis de “betaendorfina”, una hormona que bloquea los receptores del dolor.

Álvaro Munera, actual defensor de animales, concejal de Medellín y ex torero, a quien una cornada lo dejó invalido en 1984, descalifica el estudio haciendo mención que este apenas es un ensayo al que le falta comprobación científica y que además fue hecho por aficionados taurinos.

“Ese es un cuento chino que se popularizó recientemente y el cual se cae fácilmente con sólo observar la reacción del toro cuando le clavan, la pica o las banderillas. El sistema nervioso funciona exactamente igual en los humanos que en los animales con sistema nervioso central y el toro de lidia está incluido en esta lista. De manera que cuando se le enchaza la banderilla en el morrillo, las células nerviosas del toro trasmiten la información al nervio más cercano y éste a la médula espinal, sube al cerebro, éste la clasifica y a través de la misma médula devuelve el mensaje de reacción. Si el cuento de la betaendorfina fuera cierto el toro no brincara cuando se le entierra la pica y las banderillas y mucho menos tratara insistentemente de quitárselas”.

En cuanto al tema que los toros de lidia pueden llegar a matarse entre sí mismos, Mauricio Gómez, de la fundación Defenzoores, sostiene que la afirmación es falsa por cuanto los únicos animales que tienen instinto de ataque son los carnívoros. Los toros son herbívoros, su naturaleza es defensiva, por eso el torero necesita azuzarlo tanto para generar en él una reacción. Cuando el toro sale a la arena lo único que quiere es escapar. Hay muchos toros que reciben la calificación de salir malos en las corridas, es porque su instinto no es de ataque. Precisamente el coso es redondo para que el animal no encuentre un rincón donde ampararse”.

En la corrida

Enrique González, presidente de la Peña Puerta Grande, fundada en 1997 y una de las de mayor renombre en Cartagena, asegura que no hay tal tortura en una corrida puesto que el animal no es maltratado consistentemente. “El toro pasa sus cuatro años de vida bien alimentado en un corral y en los 20 minutos de la corrida, sólo hay unos momentos en los que se infringe. Cuando se pica, cuando se le ponen las banderillas y el momento de la muerte”.

En esta parte hay que decir que la corrida dura 20 minutos y se divide en tres tercios. El primero incluye la pica (cuando el animal sale al ruedo un hombre desde un caballo sangra al toro clavándole un arpón. Los taurinos dicen que es para descongestionarlo porque debido a la bravura este podría morir del corazón. Los defensores dicen que es para debilitarlo). El segundo tercio es el lance de las banderillas y el tercero la muerte. Si el torero brinda una corrida de agrado al público la presidencia de la feria autoriza cortar una oreja al animal (ya muerto) y entregársela (al torero) a manera de reconocimiento.

“En el momento de la estocada, el toro siente lo mismo que cuando es sacrificado en un matadero”, afirma González, quien además precisa que hoy en día las practicas se han humanizado. Años atrás, las banderillas contenían explosivos en las puntas con la creencia que esto estimulaba la bravura del toro.

Edgardo Pallares (gerente de la plaza de toros) explica que las banderillas y las picas se le clavan al toro en el morrillo que es la parte más grasa del animal y por lo general quedan casi a nivel de piel.

“El abundante sangrado se debe a la actividad física que está teniendo el animal en ese momento. Si una persona se corta en momento que está ejercitándose la pérdida de sangre puede escandalizar”.

Desde el punto de vista de Álvaro Munera, quien tiene la experiencia de seis años en el oficio de torero, los 20 minutos que el toro pasa en la corrida deben significar una eternidad para el animal debido a la contundencia del ataque.

“Hay dos tipos de toreo, el de a pie, que es el que se hace con capote y el rejoneo que es el toreo a caballo, de paso sea dicho que en el 2006, en Esapaña murieron 26 caballos rejoneadores. La pica tiene 12 centímetros de largo por cuatro centímetros de diámetro, las banderillas tienen 6 centímetros y para el caso del rejoneo, que es menos común en Colombia, el arpón tiene 18 centímetros de largo. La espada tiene 90 centímetros de largo”.

La nobleza del toro

Francis Wolf, un filósofo francés dice que para el toro de lidia es una honra morir luchando.

Marcial Calvo, taurino tradicional cartagenero, quien comenta con gran emoción que su primera corrida la vivió a los 4 años en el antiguo circo teatro La Serrezuela, se refiere al toro como un animal noble, de casta que se presta para dar un espectáculo.

“Los cuernos del toro son un arma defensiva, él pelea porque se le incita a la lucha y en esa lucha se origina una obra de arte. En la burla que el torero le hace al toro es donde se produce el arte, una emoción estética”.

La explicación de Calvo pareciera causar angustia en Mauricio de la fundación Defenzoores, quien en primera instancia precisa que la tauromaquia es un engaño desde cualquier punto de vista que se le mire. “Es un engaño al animal que es sacado imprevistamente de su entorno y sometido a heridas y es un engaño al público que se le trata de convencer que el animal no siente dolor y que además el hombre es quien tiene que defenderse de él como si este tuviera instinto atacante”.

La diferencia

La polémica entre los aficionados taurinos y los defensores de animales nunca se terminará asegura Enrique González de la peña Puerta Grande.

“A la hora de defender sus posiciones cada cual tiene su explicación, a mí me parece que lo importante es respetar los gustos. Al que no le guste que no vaya, pero que no critique de bárbaro al que sí le gusta. Barbarie es tener un pajarito encerrado en una jaula por ejemplo”.

Pallares también es de un pensamiento que él mismo reconoce podría ser replicado. “Si cada persona que tiene una mascota, se dedicara a cuidar a un niño se acabaría la hambruna”.

A esto Álvaro Munera responde así “Uno no puede desviar la atención de la gente hablándole de otros temas también de mucha importancia como la desnutrición infantil y el tráfico de animales. Los taurinos tienen que defender la práctica, con argumentos que sólo se centren alrededor de ella, pero como no los encuentran entonces acuden a ser comparaciones que nada tienen que ver”.

Por su parte Mauricio Gómez, de Defenzoores, propone en primer lugar un debate en Cartagena con los aficionados taurinos en un canal de televisión con las líneas de teléfono abiertas al público.
“La tauromaquia está perdiendo afición en Colombia. Se dan fenómenos como Bogotá y Cali, pero en otros lugares como Medellín y ahora Cartagena la gente tiene más conciencia. Una de la crisis que ellos afrontan es una afición que desconoce en realidad la esencia de esta práctica, mucha gente va a las ferias a parrandear”.

En segundo lugar propone que las corridas en Colombia sean como las que se hacen en algunos poblados del sur de Estados Unidos, donde no se mata, ni se hiere al animal, sino que el torero puede lucir libremente su destreza caponeado y adhiriendo (por medio de velcro) banderillas sin puntas a una tela que se le pone al toro en el morrillo. También propone rescatar la práctica de los “recortadores” que son las personas que hacen piruetas delante de los toros.

Fuente: http://www.eluniversal.com.co/noticias/20090222/spl_fac_toros_el_arte_de_la_muerte.html
Fecha: 22.02.09

1 comentario:

La Tercera Guerra Mundial dijo...

Solamente con el logro de un pensamiento liberado de corrupción se logrará parar semejante genocidio animal.
El lograr este pensamiento en la mente es muy sencillo.
Libera tú espíritu, libera tu mente, libera tu cuerpo, libera tus sentimientos, libera tu culpa.
La liberación individual logrará la liberación colectiva.
Libérate un solo día de tu vida, uno solo, y serás libre para siempre.