miércoles, 18 de marzo de 2009

La Costa Brava suma a su oferta lúdica el avistamiento de ballenas

El rorcual común es, después de la ballena azul, el segundo animal más grande del planeta. Cientos de estos cetáceos, de hasta 22 metros de longitud y 40 toneladas de peso, cruzan las aguas de la Costa Brava cada primavera. Se dirigen al mar de Liguria, situado entre Niza y el norte de Italia, para criar y alimentarse. Pasada la época estival, hacen el camino inverso para volver al Atlántico o al sur del Mediterráneo. Por primera vez, varias empresas de L'Estartit (Torroella de Montgrí, en el Baix Empordà) han unido su infraestructura para ofrecer al público una ruta turística que permita conocer de cerca a estos colosos. Ayer se estrenaba, pero no apareció ninguna ballena.

"La gente no siempre sabe que no hace falta ir a un lugar exótico para ver ballenas --explicó Xavier Munill, presidente de la asociación Bufalvent, antes de que zarpara la primera expedición--. De hecho, el año pasado hubo muchos avistamientos de cetáceos en Catalunya". No solo fueron rorcuales, sino también delfines y calderones. "Por eso hemos decidido impulsar esta iniciativa --añadió--. Nuestro objetivo no es solo comercial, sino también educativo y conservacionista".

Esta asociación naturalista trabaja en varios proyectos científicos y de conservación relacionados con las islas Medes, y parte de la recaudación de estas excursiones se destinará a financiar sus estudios. A pocas millas del pequeño archipiélago está el cabo de Begur, que es, junto con el de Creus, uno de los puntos de la costa catalana por el que las ballenas pasan más cerca del litoral en su viaje anual de peregrinación.

Esta proximidad viene dada por la cercanía de estos cabos a dos profundos cañones submarinos. A un kilómetro de la costa, la profundidad casi alcanza los 300 metros, una condición necesaria para la presencia de estos grandes mamíferos.

La excursión dura unas cuatro horas y no es precisamente un viaje en golondrina. Ayer se levantó un fuerte viento de gregal a media travesía y algunos pasajeros se marearon.

MAREJADA

Con ese mar, fue imposible avistar ningún cetáceo. Ni ballenas ni calderones ni delfines. Un par de peces luna se cruzaron en el camino del trimarán Nautilus y algunas aves pintorescas, como gaviotas corsas y albatros, lo acompañaron en su singladura. El mar no es un acuario y los organizadores son conscientes de que no pueden garantizar a sus clientes la contemplación de los rorcuales.

Por ello, la travesía también se aprovecha para informar sobre las peculiaridades de estos animales, disfrutar de la imponente vista de la Costa Brava desde el mar e incluso degustar un pequeño almuerzo a bordo. Toda la información sobre la ruta está disponible en la página www.cetacis.cat. Estas excursiones marinas, confirmaron ayer, no siempre acabarán con éxito. "Intentarlo, ya es una aventura", dijeron.

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=595486&idseccio_PK=1021&h=
Fecha: 16.03.09

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