martes, 12 de mayo de 2009

El mejor amigo del anciano

Una veintena de mayores de los centros de Novaire en Babel y en la Condomina reciben cada jueves la visita de canes abandonados del albergue de Asoka

Cada jueves, desde el mes de febrero, ancianos, perros y voluntarias, esperan con ganas que lleguen las cinco y media de la tarde para encontrarse. Forman una simbiosis perfecta a tres bandas porque a los tres beneficia. Dos residencias de tercera edad de Alicante y otra más de Alcoy llevan a cabo una terapia para ancianos en la que participan perros. Una vez a la semana, un grupo de residentes de Novaire escogidas por sus condiciones especiales, bien físicas o psíquicas y por su amor por los animales, pasan entre una hora y una hora y media acariciando, paseando y dando premios a los perros abandonados. Se trata de animales, la mayoría maltratados, que cuidan y dan en adopción en el albergue de Asoka el Grande de Alicante.

Para los perros también resulta un beneficio. Les ayuda a superar su miedo a los hombres que tiempo atrás les apalearon, torturaron e incluso dejaron medio muertos cuando se acabó su simpatía por ellos. Están rodeados de personas que insisten en cogerlos, acariciarlos y sentarlos en sus rodillas mientras les dan de comer.

Las voluntarias que prestan su tiempo para ayudar a los animales, sienten que están beneficiando tanto a los perros como a los mayores. Ellas trasladan a las mascotas en sus propios coches y se ocupan de ellos durante toda la sesión, luego los devuelven al albergue.

Una de sus ilustres voluntarias es la diputada Elisa Díaz, que cuando sus obligaciones en las Cortes Valencianas no se lo exigen, acude al albergue para alimentar, pasear y cuidar de los animales. El jueves pasado estuvo en Novaire Babel y un día después hizo de cicerone y recibió a los ancianos que acudieron en excursión al albergue para contemplar cómo se cuida allí a los animales. Durante las sesiones, los ancianos les preguntan a las voluntarias sobre los perros, cómo llegaron al albergue y cómo les cuidan. Los mayores rompen su monotonía diaria y también aprovechan para contarles aspectos de su vida a las chicas.

La galgo Cleopatra

Bono saludando a una residente

Una de las perras que repite semana tras semana es una galgo llamada Cleopatra. «Es una raza muy sociable, cariñosa. Son perros muy tranquilos», cuenta Elisa. Ella sujeta a Bono, un perro de gran envergadura y que acerca su hocico a cualquier persona buscando la caricia. No es ni la sombra del animal asustado que llegó en noviembre al albergue, asustado y temeroso de cualquier humano. Con la adopción de los galgos tienen mucha precaución, porque temen que sean cazadores quienes los busquen, y su destino seguramente será Alemania, uno de los destinos habituales de adopción de los animales del albergue.

Asoka llevó el jueves a la residencia tres perros pequeños y dos grandes. Como buena parte de los ancianos se mueve con dificultad o va en silla de ruedas, los pequeños son cómodos para subirlos en el regazo y así acariciarlos y hablares con ternura.

«Para nosotros es una experiencia muy innovadora porque en tercera edad no hay muchos centros que la pongan en práctica», cuenta la directora del centro de la Condomina, Débora Colomo, que se acercó hasta Babel para arropar a su homóloga Maite. «Aporta muchos beneficios a los residentes», cuenta.

La idea surgió de la fisioterapeuta Melisa Ruiz, amante de los animales y que creyó en el beneficio para los ancianos. «Seleccionamos personas a las que pensamos que pueda beneficiar físicamente, también cognitivamente y a nivel psicológico, y también viene gente por iniciativa propia», cuenta. La iniciativa sirve de terapia, de entretenimiento y devuelve a los ancianos los recuerdos de cuando tenían animales en su casa.

Tenía tres mastines

Como Ana Esteve, de 82 años, que poseía tres mastines que ahora viven con su hija. «Me gusta mucho estar con perros porque me he criado en el campo», cuenta, «he tenido mil clases y aquí los echaba de menos».

Su compañera Maruja Riquelme también confiesa su amor por los animales «yo tenía uno que se llamaba Randon. Los perros son más agradecidos que las personas», espeta la mujer. Y Herminia Martínez ya ha disfrutado por cuarta vez de la experiencia. «Tuve una pastor alemán muy cariñosa. Aquí no se pueden tener porque claro que me gustaría», mientras acaricia a Chispita. Nerea Cerdán es la voluntaria que ha trasladado a la perrita desde el albergue. «Soy voluntaria porque me encantan los animales y quiero hacer algo por ellos», y cuenta «esta actividad les beneficia a ambos, los animales vuelven tranquilos. Algunos han sido maltratados y tiene miedo a las personas, aquí reciben mimos, chucherías». Nerea ha adoptado a dos gatos del albergue.

El albergue de Asoka trata de asumir durante esta temporada la oleada de cachorros que les llegan en primavera y que tratan de dar en adopción gracias a su difusión a través de Internet. Mientras, siguen curando y dando mimos a los que, aunque son más mayores, han sido abandonados y si aún no logran casa, hacer felices a mayores que proyectan sobre ellos todo el amor, el cariño y la ternura que aún tienen, a raudales.

Fuente: http://www.laverdad.es/alicante/20090511/alicante/mejor-amigo-anciano-20090511.html
Fecha: 11.05.09

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