lunes, 22 de junio de 2009

El destripador de gatos

Artículo de Mercedes Soler
mercedesenelnuevo@gmail.com


Por semanas la noticia me rondó como un ronroneo recurrente que preferí ignorar. Para qué preocuparme por las muertes de unos cuantos felinos cuando el mundo anda tan revuelto que, tragedia tras atrocidad, a diario atentan contra nuestros intentos de lograr paz interna, de escudarnos contra lo pernicioso para no ser afectados.

Los rastros que dejaba el asesino, sin embargo, cada vez se hacían más morbosos. Ya eran casi una veintena de mascotas con los cráneos reventados, los ojos sacados, los hocicos cortados y el cuerpo desmochado de cabo a rabo. Sin duda, un psicópata delirante andaba suelto, un criminal despiadado que en algún momento pudiese aburrirse de los gatos para tornar su aberrante fijación hacia otros animales, como los de su propia especie.

Cuando por fin las autoridades efectuaron un arresto, que vimos la cara del monstruo, su rostro desafiantemente sonriente, joven y atractivo, contrastaba con la imagen perturbadora que habíamos imaginados. El niño-hombre apenas tenía 18 años, vivía alternadamente en las casas de sus padres divorciados, localizadas en barrios aledaños de clase media alta, donde ni siquiera sus amigos sospechaban de él.

Las extrañas asociaciones, los llamados seis grados de separación con este muchacho, comenzaron a sorprenderme. Tyler Hayes Weinman había asistido a la misma secundaria, Palmetto High School, que mi sobrina, aunque él abandonó los estudios y ella se graduó. Cursó la escuela intermedia en Southwood Middle School, el recinto tristemente notorio porque un niño degolló a otro en el baño hace unos años y un padre que por años violó a su hija, alumna de esa escuela, terminó suicidándose hace unos meses, después de matarla junto a la hermana y la madre. La niña ultrajada había comentado de su angustia en Facebook, días antes de ser asesinada. Weinman resultó arrestado debido a posteos, hasta ahora no divulgados por las autoridades, que puso en Facebook. En esa red social, sarcásticamente, también se había hecho miembro de un club electrónico que solicitaba la captura del matón de gatos. Mi hija era miembro. La sobrina que ya mencioné, quien la protege como una hermana mayor, la instó a no participar en esos clubes porque uno nunca sabe si el propio culpable los anda visitando con ideas peores. Aparentemente, las autoridades tuvieron la misma premonición que ella porque ahí comenzaron a monitorearlo.

De repente, la noticia que me había parecido tan ajena a mi propia vida cobró matices urgentes. En la aldea electrónicamente conectada del siglo XXI todos somos vecinos. La posibilidad de aislarse del conjunto de la sociedad, para bien o para mal, se hace cada día más difícil. ''Recuerda bien ese nombre, tía, porque de aquí a 15 años puede que surja de nuevo'', me advirtió mi sobrina, que pronto se gradúa en periodismo.

''Tiene toda la razón'', asegura Diana Montané, reconocida escritora cubana que en estos momentos redacta un libro sobre un asesino en serie, asesorada del agente retirado del FBI Robert Ressler, quien acuñó la frase ''asesino en serie'' y fundó la Unidad de Aprehensión de Criminales Violentos. Según Ressler, la fascinación con la crueldad hacia los animales es una característica recurrente entre todos los asesinos y violadores en serie. Según sus investigaciones, Ted Bundy, quien fuera ejecutado en la silla eléctrica por el asesinato de dos mujeres, aunque se sospecha que mató a 40; el estrangulador de Boston, quien mató a 13; el caníbal Jeffrey Dahmer, quien desmembró a 17; Eric Harris y Dylan Klebold, autores de la masacre en la secundaria Columbine donde mataron a 13, hirieron a 24 y se suicidaron; el asesino de Kansas, conocido como BTK, quien cobró la vida de 10; y el francotirador Lee Boyd Malvo, quien, junto a John Allen Muhammad, le cercenó la vida a otros 10, todos torturaron animales. ''Estos niños no aprendieron que es malo arrancarles los ojos a un cachorrito'', escribió Ressler.

Nuestras leyes exigen que Weinman sea considerado inocente hasta que un tribunal lo declare culpable. Quede absuelto o no, lo importante aquí es aprender de las lecciones que nos depara la historia. Quienquiera que sea el destripador de gatos en serie que ha estado aterrorizando a la comunidad en general tiene el potencial de convertirse en asesino de humanos en serie.

Si se comprueba que se trata de este jovencito, quizá todavía estemos a tiempo para rescatarlo --de sí mismo-- y de rescatar de un futuro horroroso a quienes se crucen en su camino. Encerrarlo en un pabellón con otros criminales únicamente acelerará una tendencia latente. Lo que este tipo de personas necesitan es tratamiento psicológico antes de que sus instintos se vuelvan incontrolables, antes de que el ronroneo de unas muertes más trágicas se les haga recurrente. Todos en la aldea, aún quienes prefieran ignorar los hechos, se beneficiarían de ello, o pudieran llegar a arrepentirse de haberlos ignorado.

Fuente: http://www.elnuevoherald.com/opinion/story/479671.html
Fecha: 21.06.09

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