jueves, 30 de julio de 2009

Indultan en Colombia a narcohipopótamo

Matilda, mascota del extinto capo Pablo Escobar Gaviria, estaba condenada a muerte

La cacería de recompensas más apasionante de América Latina, desde que el “barón de las drogas” Pablo Escobar Gaviria fue acribillado a balazos en una azotea de Medellín, ha llegado a su fin, después que el gobierno colombiano acordó levantar una controvertida sentencia de muerte contra Matilda, el hipopótamo hembra que era mascota del narcotraficante.

La criatura, parte de un conjunto de animales importados de África para el zoológico personal del capo, escapó del cautiverio hace tres años, durante una tormenta, junto con su pareja, Pepe, y parecía condenada a morir a manos de un equipo de soldados de elite encargado de localizarla.

Esta semana los medios colombianos publicaron fotografías del cuerpo de Pepe, las cuales provocaron un escándalo y protestas masivas de los vociferantes defensores colombianos de la vida animal. Pepe murió por el disparo de un rifle calibre 375 al corazón, el mes pasado, cuando vadeaba el río Magdalena, a corta distancia de Puerto Berrio, ciudad desde la cual Escobar controló alguna vez la oferta mundial de cocaína. El cuerpo estaba rodeado por soldados que blandían las armas en gesto triunfal.

La pareja de hipopótamos había sido culpada de matar ganado y dañar cercas, y el Ministerio del Medio Ambiente colombiano la consideraba una amenaza a comunidades de campesinos y pescadores.

Hasta este jueves, el cerco parecía cerrarse sobre Matilda y su cría Hip, nacida hace pocos meses. Sin embargo, la caza se suspendió, cuando una de las principales firmas cerveceras del país, Bavaria, ofreció pagar a expertos de África para que los capturaran. “Hemos aceptado la oferta de Bavaria”, informó un vocero del ministerio. “La idea es reubicar a los animales. Los expertos, una vez en el terreno, pueden ayudarnos a encontrar el mejor lugar posible para que vivan”.

Es probable que Matilda sea devuelta junto con su cría a la Hacienda Nápoles, el alguna vez extraordinario rancho de 2 mil 200 hectáreas donde Escobar dirigió su imperio hasta su muerte, en 1993, a la edad de 44 años. En la cúspide de su poder e influencia, cuando Forbes lo catalogó como el número siete entre los hombres más ricos del planeta, Escobar convirtió el fundo en un extraño campo personal de juego, instalando lagos para pescar, establos y hasta una plaza de toros.

Importó cientos de animales exóticos, como camellos, jirafas, búfalos, elefantes de India, rinocerontes e incluso una colección de canguros, a los que pasaba días enteros tratando de domesticar. Uno se hizo famoso porque jugaba futbol para entretener a los invitados del capo.

Tras la muerte de Escobar, los animales fueron trasladados a zoológicos colombianos, con excepción de unos 20 hipopótamos, los cuales se consideraron demasiado difíciles y peligrosos de capturar y transportar.

Hoy los hipopótamos son una gran atracción para los turistas que visitan la Hacienda Nápoles, la cual se transforma actualmente en “ecoparque”. Unos 50 mil visitantes llegan ahí cada año, y se construye un hotel de cinco estrellas.

La decisión de sacrificar a los tres hipopótamos se tomó luego que se les culpó de dar muerte a seis vacas pertenecientes a granjeros locales y de causar graves daños a costosos cercados. La comunidad local, preocupada por tener frente a sus puertas a los únicos hipopótamos salvajes de Sudamérica, respaldó los planes del gobierno, pero la decisión provocó un clamor en los bien financiados cabilderos colombianos pro derechos de los animales.

Cientos de manifestantes –muchos con máscaras de hipopótamo– marcharon a principio de semana hacia el Ministerio del Medio Ambiente para exigir la revocción de la “sentencia de muerte”. La organizadora de la protesta, Marcela Ramírez, presidenta de la Red para la Protección de los Animales y el Medio, declaró a los reporteros: “Es un escándalo que el mismo gobierno que permite la tortura de las corridas de toros y las peleas de gallos ahora respalde el asesinato de hipopótamos”.

© The Independent

Artículo de Guy Adams
Traducción: Jorge Anaya

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/07/28/index.php?section=sociedad&article=036n1soc
Fecha: 28.07.09

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