viernes, 9 de octubre de 2009

Galicia, entre los tres puntos negros de envenenamiento del oso pardo

Los montes gallegos, los Picos de Europa y la montaña palentina han sido escenario de ocho muertes

La Fundación Oso Pardo ha constatado que hay al menos tres puntos negros en la cordillera cantábrica en lo que a envenenamiento de plantígrados se refiere, y entre ellos se encuentran los montes gallegos. Según la oenegé, en el último decenio se han contabilizado ocho muertes de estos animales en peligro de extinción: una en Galicia, tres en los Picos de Europa (Asturias) y otras cuatro en la montaña palentina. De hecho, ha sido en este lugar donde se ha detectado el último caso, concretamente en Cervera de Pisuerga en el mes de abril.

Para la Fundación Oso Pardo, el envenenamiento es un peligro que debe atajarse de forma innegociable. Según la oenegé, lo más probable es que el veneno se use como arma contra los lobos, pero junto a estos depredadores caen otros animales que no tienen nada que ver, y por eso «es un problema real y muy grave en toda la cordillera cantábrica, y necesita una acción muy contundente de las autoridades, tanto de las que tienen que prevenir como de las que deben investigar las rutas de distribución y uso ilegal de estos y otros productos tóxicos». Además de los osos, desde el año 1990 hasta el 2008 han aparecido muertos -las cifras son de toda España- 40 quebrantahuesos y nada menos que 114 águilas imperiales.

El veneno empleado habitualmente es el Aldicarb o el Carbofurano, ambos derivados de los carbamatos, unos insecticidas muy comunes en el mercado, donde se pueden encontrar hasta sesenta marcas. En general se usan para el control de plagas y, aunque la legislación actual solo contempla su utilización de forma muy controlada -no en vano están en la categoría de «muy tóxicos» y algunos prohibidos por la Comisión Europea desde el 2004-, la realidad demuestra que echarlos en la tierra es una costumbre muy extendida.

El efecto que estos insecticidas producen en los osos puede ser fulminante si el cebo tiene una concentración alta, pero en general -como no se colocan para matar animales de grandes dimensiones- lo que produce es una agonía de horas e incluso de días en el oso antes de matarlo.

El caso palentino

En el último caso, la Fundación Oso Pardo descartó desde el primer momento -tal y como indicaba la primera necropsia- la muerte del animal por disparos de cazadores. Para hallar el veneno en el animal hubo que hacer hasta un tercer análisis de los restos, que encargó la Junta de Castilla y León, en el cual se ha concluido que el oso murió por intoxicación con Aldicarb, una de las marcas cuyo uso como plaguicida está prohibido en Europa desde hace cinco años.

La situación es tal que la fundación aboga por un encuentro de las administraciones cantábricas, los sindicatos agrarios, expertos y oenegés conservacionistas para marcar una misma política en este terreno.

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/sociedad/2009/10/04/0003_8013701.htm
Fecha: 04.10.09

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