sábado, 3 de enero de 2009

¡Una orangutana que silba!



Nadie tuvo que enseñarle. Bonnie escuchó a un cuidador y le imitó.

Excitación en la comunidad primatológica. Se pensaba que los primates no humanos son muy emocionales a la hora de producir sonidos, poco capaces de controlarlos, y con un repertorio muy limitado y fijo. Los grandes simios en cautividad aprenden a producir algunos sonidos nuevos tras un intenso entrenamiento.

Pero esta orangutana llamada Bonnie aprendió espontáneamente a silbar*, imitando a uno de sus cuidadores. Aparentemente lo hace porque sí, porque le gusta. Y después de que ella aprendiera, otra compañera suya, ya fallecida, llamada Indah, también empezó a silbar.La evolución de la gran capacidad que tenemos los humanos para crear y aprender sonidos parece más fácil ahora. Como en tantas otras cosas, no hemos partido de cero.

Más información:
Nota de prensa en Great Ape Trust of Iowa

Escrito por PALOFREAK en Soitu.es

Fuente: http://www.soitu.es/participacion/2008/12/15/u/paleofreak_1229377811.html
Fecha: 15.12.08

La isla utópica que salvó sus pájaros


A los creadores de utopías les gustan las islas. Los territorios aislados por el mar reúnen las condiciones para el emplazamiento de sociedades perfectas, a resguardo de los males que corroen al mundo. La muestra más reciente la pone la isla Cousin, en el Índico. Este islote del archipiélago de las Seychelles ha sido escenario de uno de los éxitos más resonantes en conservación del medio ambiente. Con una gestión modélica, su propietaria, una ONG conservacionista, ha salvado sus aves de la extinción.

Desde Tomás Moro a nuestros días, las islas han resultado irresistibles para los utopistas, que trazaron en sus superficies los planos de innovadoras arquitecturas sociales. El caso de Cousin se inscribe en ese linaje, con una diferencia: aquí no se ha pensado en el bienestar de los seres humanos sino en el de sus moradores alados.

El objetivo es congruente con el perfil de los protagonistas; en lugar de soñadores filósofos sociales tenemos a los ecologistas de BirdLife Internacional. En 1968 compraron la ínsula, cuya flora y fauna original prácticamente habían desaparecido por causa del monocultivo de cocoteros (del carricero de Seychelles, ave oriunda de sus manglares, apenas quedaban 30 ejemplares en el planeta). Simultáneamente, obtuvieron para la isla la declaración de Reserva Natural por parte del gobierno del archipiélago. Ya tenían las manos libres para aplicarse a sí mismos sus recomendaciones.

Pasadas cuatro décadas, el ecosistema ha recuperado su riqueza biológica. A sus costas acuden a desovar las tortugas de carey del Índico; y en su extensión anidan 300.000 especímenes de siete especies de aves marinas. El número de carriceros se ha cuadruplicado, y sus arrecifes coralinos bullen de vida acuática. Estimulados por los resultados, los expertos de Birdlife International trasladaron la colonia entera de mirlos urracas de la vecina isla Fragata. En su nuevo hogar, los pájaros prosperaron y salieron de la Lista de animales amenazados de la UICN.

Durante treinta años, la ONG invirtió en el experimento varios millones de dólares obtenidos de diversos patrocinadores. En la última década, el experimento se ha financiado con el ecoturismo (la isla recibe 10.000 visitantes al año). La clave radica en la gestión integral -supervisión constante de la biodiversidad isleña, investigaciones y ecoturismo-, más el compromiso a largo plazo de una organización internacional, el control aéreo y terrestre de los accesos a la isla, y la implicación de los lugareños para evitar el furtivismo. "Nuestra meta es mantener esta reserva totalmente consagrada a la conservación", explica Nirmal Shah, el responsable de Nature Seychelles, la entidad gestora. "Sólo empleamos vigilantes locales y los ingresos del ecoturismo van íntegros a la gestión. Es importante que las comunidades locales y la naturaleza de Cousin se beneficien de las ganancias".

El éxito ha sido premiado con una lluvia de galardones internacionales. La loable iniciativa serviría de poco si fuese una experiencia única e irrepetible. Pero como en cada utopía late la vocación por proyectarse como un modelo a imitar, Birdlife Internacional se ha volcado a "exportar" su fórmula a las islas Denis, Curieuse y la citada Fragata. Ciertamente, el trasplante del modelo tiene límites precisos: su dependencia económica del turismo. Si éste flaquease, todo el esquema se tambalearía.

En un plano más general, la historia de la isla sostenible habla a las claras de un fenómeno de mayor alcance: el viraje de la imaginación utópica. Atrás quedaron las visiones de nuevas y superiores relaciones humanas, de gobiernos sabios y ciudadanos felices; los visionarios de hoy prefieren idear mejores tratos con la naturaleza; en definitiva, utopías defensivas que aspiran a salvar lo que se pueda de la catástrofe.

Fuente: http://www.soitu.es/soitu/2008/12/23/medioambiente/1230025376_238434.html
Fecha: 23.12.08