domingo, 10 de mayo de 2009

Las gorilas, a cargo de la unión familiar

Las gorilas hembra suelen palmotear para llamar la atención de sus crías y de los machos adultos, descubrió una nueva investigación.

Ésta es sólo la segunda vez que se logra registrar algún rasgo de comportamiento del gorila occidental de tierras bajas.

El estudio reveló que los grandes primates utilizan las palmadas para comunicarse a larga distancia y mantener unido al grupo familiar.

La investigación, que publica la revista Primates, fue llevada a cabo en el Proyecto de la Reserva de la Comunidad Lac Tele en la República del Congo, en África central.

"Lo que más me impresionó fue la forma como las hembras llevan a cabo esta conducta de forma controlada y deliberada mientras están en posición bípeda", explica la doctora Ammie Kalan, de la Universidad de Oxford Brookes en Inglaterra.

"Y lo hacen casi de la misma forma como daría palmadas un ser humano".

"Nos dimos cuenta de que la hembra era capaz de ejercer control en la conducta de su cría haciendo sonar las palmas de las manos. Lo cual me hizo recordar a una madre humana", afirma Kalan, quien llevó a cabo sus observaciones conjuntamente con Hugo Rainey de la Sociedad de Conservación de la Vida Salvaje.

Humanos a la vista

Los gorilas machos y hembras que viven en cautiverio a menudo dan palmadas, ya sea para demostrar entusiasmo o para atraer la atención de sus cuidadores humanos.

Hace más de 25 años, Diane Fossey observó a una gorila salvaje de montaña (una especie distinta) dando palmadas. Pero esa hembra adquirió y perdió la conducta en el transcurso de cuatro años.

Hace 20 años, el primatólogo Michael Fay observó en África central a gorilas occidentales de tierras bajas aplaudiendo y creyó que era una respuesta de alarma de los animales ante los observadores humanos.

Ahora Kalan y Rainey registraron las palmadas en cuatro grupos separados de gorilas occidentales de tierras bajas que habitaban el pantano Likoula en la Reserva de la Comunidad de Lac Tele.

En todos los grupos, afirman los investigadores, observaron a cinco hembras adultas aplaudiendo. Cuatro eran madres con crías presentes.

Y en cada ocasión, la hembra hacia sonar las palmas de sus manos dos veces en rápida sucesión y frente a su cuerpo.

En dos ocasiones, agregan los autores, estaba claro que las hembras palmoteaban para alertar a un macho adulto de la presencia de observadores humanos.

En respuesta, el macho trató de intimidar a los observadores y en otra ocasión un macho que estaba escondido a 10 metros de distancia detrás de un árbol produjo un fuerte gruñido, después golpeó el suelo y se golpeó el pecho.

Cohesión familiar

En otra ocasión, después de que el equipo de Kaplan y Rainey sorprendiera a tres hembras posadas en un árbol, las escucharon aplaudiendo cinco veces en sucesión, haciendo cada una pausas de un minuto.

"Creemos que estaban intentando establecer contacto con el macho adulto, aún cuando nosotros ya no éramos una amenaza", explica Kalan.

También observaron a una madre aplaudiendo de repente a su cría, quien al oír las palmadas dejó de jugar y otros adultos, mientras tanto, pararon de buscar alimento.

Después todos siguieron la mirada de la madre, quien a su vez estaba observando a los investigadores y rápidamente todo el grupo se alejó.

"Ésta es una forma de comunicación con gestos que hasta ahora ha sido pasados por alto por los investigadores", dice Ammie Kalan.

"Los gorilas la usan como una forma para comunicarse en largas distancias con los machos adultos, incluso cuando los humanos no suponen una amenaza inmediata, y también la usan para llamar la atención de los miembros del grupo".

"La palmada con las manos permite a los gorilas mantener la cohesión de su grupo", señala la científica.

Fuente; http://www.bbc.co.uk/mundo/ciencia_tecnologia/2009/05/090508_gorila_familia_men.shtml
Fecha: 08.05.09

La foto de un jaguar demuestra que esta especie amenazada sobrevive en Panamá

Panamá.- Una foto tomada a un jaguar en la Isla de Barro Colorado, en el Canal de Panamá, donde el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI, por su sigla en inglés) investiga la biología tropical, demuestra que esta especie amenazada aún sobrevive en este país, informó hoy ese organismo.

La foto fue tomada el 20 de abril pasado en un sendero de Barro Colorado por la zoóloga Jackie Willis y su esposo, Greg, de la Montclair State University (EE.UU.), quienes montaron cámaras con sensores infrarrojos para fotografiar los animales en sus entornos naturales, señaló el STRI en una nota de prensa.

Los cámaras de los investigadores, que elaboran el censo anual de la isla desde 1982, capturaron "el primer retrato de un jaguar adulto" que hizo disparar el sensor de la cámara a su paso por uno de los senderos en estudio, destacó el STRI.

"Nuestra foto de un jaguar en Barro Colorado es una señal de esperanza. Esto comprueba que los jaguares sí se encuentran en la región," comentó Jackie Willis.

Greg Willis avistó un jaguar en la isla en 1983, pero desde entonces solamente se habían visto de forma irregular en Barro Colorado, sin certificar su permanencia.

Los investigadores asumen que el jaguar fotografiado es un visitante que proviene de tierra firme, de un punto a unos 182 metros de la isla.

Jackie Willis afirma que "estos felinos son increíblemente escurridizos y sus avistamientos en tierra firme, y aún más en Barro Colorado, son extremadamente fuera de lo común, característica que convierte a esta foto en algo tan excitante."

La foto, agregó, es "una prueba positiva de que a pesar de todos los obstáculos que enfrenta esta especie, aún sobrevive en Panamá".

Otro de los investigadores del STRI, William Laurance, destacó que los jaguares se mueven a través de grandes extensiones y que Barro Colorado puede resultar demasiado pequeña para mantener una población de estos felinos.

Laurance sostuvo que "la presencia de por lo menos un individuo que llega nadando significa que los jaguares todavía se mueven a través del área del Canal entre los parches de bosques fragmentados."

Los Willis empezaron a usar cámaras en 1994 como una herramienta para registrar las especies escurridizas y nocturnas.

Esto ha resultado ser "excepcionalmente beneficioso" para ayudar a recoger datos sobre especies que estaban pobremente representadas en los censos anteriores realizados en la isla, indicó el STRI en la información que comparte en su página web.

Un programa de seguimiento de jaguares que incluye a la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) y la Sociedad Zoológica (Somaspa) de Panamá, así como al grupo internacional Panthera, está usando cámaras con sensores para vigilar jaguares en tierra firme.

El jaguar, un carnívoro solitario, es el felino más grande que se encuentra en las Américas. Los machos adultos pueden llegar a pesar más de 136 kilogramos.

Nadadores poderosos, los jaguares tienden a vivir cerca del agua y por lo general prefieren los bosques tropicales lluviosos y las áreas que se inundan.

Históricamente, su rango alcanza desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina. La pérdida del hábitat debido a la agricultura y la expansión urbana ha sido la mayor amenaza para esta especie. A pesar de la protección legal, la gente usualmente les dispara a los jaguares en áreas donde se mantiene el ganado.

La Isla de Barro Colorado es la sede de la estación de campo para el estudio de la biología tropical más importante del STRI. Establecida como reserva biológica en 1923, esta isla, ubicada en el medio del Lago Gatún, en el Canal de Panamá, se encuentra equidistante a 40 kilómetros de la capital, en el lado pacífico de la vía, y de la ciudad de Colón, en el lado atlántico.

Fuente: http://www.soitu.es/soitu/2009/05/06/info/1241643455_973091.html?id=d9a6f8d63f936da5f36e4cd79834c51c&tm=1241896081
Fecha: 06.05.09

"La crueldad con animales y sus interpretaciones"

Artículo de Julio Ortega Fraile

La subjetividad de las interpretaciones es un hecho indiscutible, el problema es cuando se aplica a cuestiones que son crímenes si la víctima es una persona y lícitas si se trata de un animal.

La materia, orgánica o no, constituye por si misma una existencia objetiva, los sentimientos o deseos que despierta su contemplación son en cambio subjetivos. Así, ante una misma realidad, en las personas se producen reacciones diferentes y que a menudo son antagónicas.

Hay a quien la visión de un perro abandonado le causa tristeza, le hace pensar en lo siniestro del destino del animal y en que probablemente, el responsable de su soledad y de la fatalidad que le aguarda es el egoísmo o la maldad de algún hombre; para otros, su desvalimiento significa la oportunidad de satisfacer sus inclinaciones sádicas procurándole cualquier tipo de dolor y de divertirse a costa de su sufrimiento. Solidaridad frente a vileza.

Ver a un pájaro posado en una rama puede servir para pasar un rato ameno e instructivo observando su plumaje, siguiendo sus movimientos o escuchando su canto; habrá quien sin embargo, lo identifique de inmediato como una presa fácil para abatir de un disparo, se lo imaginará colgando ensangrentado de su zurrón y eso le llenará de satisfacción. Respeto frente a voracidad.

Para muchas personas la imagen de un toro es un motivo de entusiasmo, por lo hermoso e imponente de su estampa; pero no son pocos los que únicamente lo conciben como un ser destinado a saciar su deseo de matar impunemente a un animal de gran envergadura, bien sea a lanzazos, quemado, golpeado por tractores o en la tortura institucionalizada por excelencia: la corrida de toros. Admiración frente a desprecio e impiedad.

Los hay a los que un zorro les estimula su percepción de la belleza y quienes lo imaginan convertido en un abrigo de pieles. Un elefante o un tigre pueden suscitar fascinación en algunos, otros esperan ver subido a uno encima de una pelota o saltando al otro a través de un aro de fuego en la pista de un circo, para regresar ambos a las cadenas y a la jaula una vez concluido el espectáculo. Sensocentrismo frente a especismo.

Hay muchos ejemplos más y no todos conciernen a animales irracionales; así algunos, la gran mayoría, están convencidos de que la mujer merece la misma consideración que un hombre y para unos pocos es un ser inferior, de su propiedad, que piensan que pueden manejar y hasta maltratar a su antojo. Pocos dudan que a toda persona se le debe idéntico respeto sea cual sea su raza, sin embargo queda todavía quien cree inferiores a los que pertenecen a determinadas etnias. Casi todos ven en los niños entes vulnerables a los que hay que proteger, pero algunos los entienden como las víctimas apetecibles de sus depravaciones sexuales. Derechos universales frente a sexismo, racismo o violación y abuso.

Pero volviendo a los animales "inferiores", porque de los casos en los que el ser humano está involucrado ya se preocupa la justicia, al menos sobre el papel. No ocurre tal cuando aquellos que, llevando a la realidad la degeneración de sus instintos, su acción supone el padecimiento y la muerte de una criatura irracional, pues en un gran número de casos, dichas actitudes cuentan con la indiferencia de los responsables de preservar el bienestar de todos los seres vivos o lo que es peor, con su beneplácito y colaboración, siendo esta ruindad legal una tara indigna de un sistema que se pretende democrático.

Que en toda sociedad existen personas dañinas es un hecho conocido y asumido; la brutalidad, la crueldad, el uso de la violencia con los más débiles o la saña, son patologías y conductas criminales estudiadas, demostradas, tipificadas y afrontadas con menor o mayor éxito por la medicina y por la ley, pues es una labor exigible en los garantes de la protección de todos los ciudadanos. Y cuando digo patologías o crímenes, me refiero también a los que incomprensiblemente, se siguen ocultando bajo denominaciones que tratan de clasificarlos como cuestiones lúdicas, culturales, educativas o socialmente rentables. El salvajismo no pierde su carga de iniquidad porque su autor se vista con traje de luces, disponga de una licencia de caza o incluso ostente un cargo mayestático. Y podrán llamar tradición a la tortura, pero no por no nombrarlo dejará de ser aplicable el calificativo de sangrienta si su puesta en escena implica martirizar a un animal.

El problema surge cuando los comportamientos indicados y otros similares, son identificados o no como tales, en función de la víctima escogida por aquellos cuya empatía con el dolor ajeno, se ha degradado hasta tal punto, que disfrutan provocando sufrimiento o siendo testigo de la agonía de un ser vivo. Despellejar hombres, cortarles sus testículos y clavarlos en la punta de una lanza, descabellarlos, hacerles ingerir ácidos, abrirles un boquete en el pecho con un cartucho u obligarles a realizar números circenses a golpe de látigo, son cuestiones que a casi todos horrorizan y que las autoridades declaran como delito, castigando de forma inmediata a quien las cometa. Si en vez de a una persona, ponemos como protagonista de todo lo anterior a un animal, de pronto se transforma en deporte, tradición, entretenimiento, ciencia o industria textil. ¿Es posible tal mezquindad moral?. Pues sí, todavía lo es.

A nadie que atase al cuerpo de una persona unas teas ardiendo y después le persiguiese hasta que ésta, cubierta de quemaduras, se derrumbase por no poder continuar con su huida desesperada, pegándole un tiro en ese instante al no darle más juego para su entretenimiento, se le ocurriría justificar su acción diciendo: "a quien no le guste que no participe, pero que nos dejen en paz con nuestra tradición", pues esa es la defensa esgrimida una y otra vez por los que llevan a cabo barbaridades semejantes con toros o con cualquier otro animal, que variedades del encarnizamiento humano con estas criaturas hay suficientes para ahogarse en la vergüenza e indignidad de nuestros actos.

Esta denigrante interpretación parcial y cargada de subjetividad de hechos que sólo pueden responder, debido a su naturaleza, a una valoración objetiva - ¿no lleva acáso la justicia sus ojos tapados con una venda simbolizando su equidad? – con independencia de que el perjudicado tenga dni, microchip o la marca al fuego de una ganadería, es una herida abierta en esta sociedad cuya sangre, brotando constantemente, nos empapa a todos y a todos nos convierte en responsables, por más que no seamos autores materiales, porque sí nos convertimos sin duda en cómplices necesarios si no luchamos sin descanso por terminar con tan ignominiosa situación.

Pero no todo es desesperanza, y así como hay algunos a los que la pertenencia a un grupo político les sirve para medrar y alimentar sus ambiciones, otros pretenden utilizarla como plataforma para defender a los más débiles y no en beneficio propio, sino dedicados a los que carecen de cualquier tipo de apoyo institucional y no disponen de más amparo que el de la voluntad de algunos hombres. Por eso es tan importante el compromiso político en este asunto, porque permite emplear armas legales contra las que no caben las críticas tópicas y vocingleras de los "salvatradiciones", esos que intentan identificar la defensa de los derechos de los más desprotegidos con terrorismo social o con demandas de ignorantes.

Y trabajar por erradicar el maltrato a los animales no significa en modo alguno despreocupación por el ser humano, como algunos energúmenos oportunistas afirman tratando de confundir y de guarecer sus intereses pancistas, al contrario, es contribuir a su progreso y bienestar, porque así como el respeto a los derechos ajenos no empieza y acaba en el hombre, la responsabilidad por las acciones infamantes que perpetra dañando a las criaturas de su entorno, sí es patrimonio exclusivo suyo.

Julio Ortega Fraile

Fuente: http://www.espana-liberal.com/20090509-la-crueldad-con-animales-y-sus-interpretaciones.html
Fecha: mayo 2009