lunes, 11 de mayo de 2009

Halcones a la vista

Barcelona.- A los más de dos millones de turistas que visitan la Sagrada Família cada año hay que sumar ahora los curiosos que intentan cazar al vuelo --en sentido metafórico-- a alguno de los halcones peregrinos que habitan el templo. El revuelo mediático creado en torno a las aves y el seguimiento on line de sus quehaceres diarios gracias a una cámara web instalada en su caja nido, al nacer cuatro polluelos el 8 de abril, han despertado el interés de los ciudadanos por estas criaturas. Un mes después, la retransmisión (www.falconsbarcelona.net) ya ha registrado más de 160.000 visitas.

Los paseantes que ayer se acercaron a la plaza del templo pudieron además observarlos en vivo, en directo y bien de cerca con los cinco telescopios que los biólogos responsables de la reintroducción del halcón en la ciudad instalaron durante la mañana. Eduard Durany, impulsor del proyecto con la empresa Thalassia Estudis Ambientals, estuvo allí, en vivo y en directo. Junto a otros colegas, Durany explicó a los asistentes todos los detalles acerca de la vida de estos animales en la ciudad y atendió a las numerosas preguntas. ¿Qué comen? ¿Cuánto llevan ahí? ¿Quién los ha puesto? ¿Han venido solos?

He aquí algunas respuestas. El macho ocupó en el 2003 una de las tres cajas nido situadas en la fachada de la Passió. Antes, este ejemplar vivió en otros sitios, como el puerto o la torre de Calatrava. La hembra procede de Montjuïc, lugar donde nació. Ambos llegaron solos, nadie los puso ahí. Son rapaces y, como tales, cazan. Se hinchan a comer palomas y cotorras, aunque los biólogos también han encontrado en la caja del nido restos de otras aves migratorias que, de paso por Barcelona, hallan un sino fatal. Pueden llegar a cazar hasta cuatro pájaros al día, aunque si no tienen polluelos, con uno se conforman.

Caza nocturna

"Lo curioso es que en general, los halcones de Barcelona realizan caza nocturna", explicó Durany. "Lo normal es que lo hagan de día, pero con la luz de la ciudad no tienen problemas en cazar de noche". El biólogo también comentó los cambios de comportamiento que están observando en otras aves de la zona, sobre todo en cotorras, que pese a ser chillonas por definición, "vuelan en silencio y más bajo desde que los halcones viven en el templo".

Los biólogos prevén que los cuatro polluelos arrancarán el vuelo bien pronto, dentro de unos 10 días. Serán de hecho sus padres quienes los van a echar de casa. Será como la vida misma.

Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=611277&idseccio_PK=1022&h=
Fecha: 11.05.09

"El oso cantábrico", nuevo libro de la Fundación Oso Pardo

La Fundación Oso Pardo publica un libro sobre los hábitos y la vida cotidiana del animal terrestre de mayor tamaño de toda la Península Ibérica

Ve mal, es promiscuo, un carnívoro arrepentido que se alimenta sobre todo de vegetales y que a partir de los 20 años puede ser considerado ya un anciano. Tiene las orejas pequeñas, no es un corredor de fondo -aunque en distancias cortas puede alcanzar los 60 kilómetros por hora- y ahora mismo, en esta época, entre abril y mayo, y en el norte de la comunidad, sale de la osera con sus crías, con unos oseznos que han nacido en enero y ahora ya pesan cinco o seis kilos. Es el oso pardo, y la fundación que lleva su nombre acaba de publicar un libro con fotografías de Andoni Canela que permite conocer mejor a este vecino de la Cordillera Cantábrica, el animal más apasionante del norte de León y Palencia y que, aunque está ahí, no siempre es fácil de ver.

«Las personas y los osos han de coexistir compartiendo los recursos naturales y el espacio disponible. No es infrecuente observar el animal a muy pocos kilómetros de áreas densamente urbanizadas, pero es evidente que el oso procura permanecer el mayor tiempo posible en las zonas menos frecuentadas: cumbres elevadas o laderas muy empinadas, recónditas cabeceras de valles, bosques cerrados, roquedos inaccesibles», explican desde la Fundación Oso Pardo. Durante el segundo semestre del año, este organismo prepara rutas no tanto para ver el oso (es complicado toparse con uno de ellos) como para conocer el hábitat en el que se desenvuelve (información en el 942 23 49 00).

A falta del animal, siempre es más sencillo ver su rastro. Los osos son plantígrados y dejan unas huellas muy grandes, marcando con absoluta claridad los cinco dedos y las uñas. Las huellas de una hembra cantábrica adulta miden unos 10,5 centímetros en la mano y 9,8 en el pie. Las del adulto pueden superar los 14 centímetros. Y las delanteras aparecen orientadas hacia dentro, como si fueran patizambos. Pueden erguirse sobre las patas traseras (aunque apenas llegan a caminar así unos pasos) y nunca atacan a sus presas en esta postura.

¿Cuántos osos hay?

En la actualidad, el indicador más utilizado para conocer la evolución de las dos poblaciones de oso cantábrico es el censo de osas con crías. Estos datos reflejan el mal momento por el que pasaron a finales de la década de 1980 y comienzos de 1990.

Desde entonces, y en la década del 2000, ha habido una progresiva y paulatina recuperación, más evidente en la población occidental que en la oriental. Los datos del 2008 estarán disponibles en junio o julio. ¿Por qué? «Porque las crías están con las osas año y medio, y los censos de cada año se ultiman una vez pasada la primavera del año siguiente, que es cuando las crías se separan de sus madres. El último dato disponible es, pues, el del 2007. Entonces, se contabilizaron tres osas con crías en la población oriental y 18, en la occidental. Es la cifra más elevada de los registros efectuados desde 1989 y son tres osas con crías más del dato que el 2006.

Los partos se producen durante el reposo invernal y las osas se despiertan para lamer, acicalar y desparasitar a sus crías. Ese periodo de hibernación -que hace bajar el ritmo cardiaco de 40 o 50 a 10 pulsaciones por minuto y la temperatura, desde los 37-39 a los 31-35 grados -parece determinado por la escasez de alimento y el frío de los bosques, que crean un balance energético negativo.

Durante estos meses, el oso deja de comer, de beber, de defecar y de orinar y mantiene las constantes funcionales gracias a la energía proporcionada por las reservas de grasa acumuladas durante el otoño, de las que consume una media de cuatro mil calorías diarias. La orina es reabsorbida en el sistema urinario y procesada en aminoácidos y proteínas.

Aun hibernando, el oso controla lo que pasa alrededor de la osera (el 80% en cuevas, el 20% excavadas en el suelo) y puede reaccionar con rapidez ante estímulos externos.

Fuente: http://www.nortecastilla.es/20090510/vida/norte-comunidad-20090510.html
Fecha: 10.05.09