sábado, 2 de enero de 2010

«Chica» vivió, «Skinni» murió

Las protectoras de animales piden más denuncias para lograr sentencias como la de un juez de Granada que retiró la custodia de un perro por maltrato

A mediados de este año un perro de raza pit bull llamado «Skinni» moría en la perrera municipal de Gijón. No hubo manera de lograr que se recuperase de los daños que la desnutrición había causado en su cuerpo, que era todo costillas y dos ojos enormes llenos de pena. El mejor amigo del hombre había sido localizado en los huesos amarrado a la puerta de una nave industrial en Tremañes (Gijón). La Policía Municipal lo rescató, y su dueño jamás volvió a preguntar por él. No tuvo la suerte de «Chica», la perra granadina que ahora vive a cuerpo de rey después de una intervención judicial insólita, pues por primera vez en España -ayer se conoció la sentencia- un juez ha retirado la custodia de un perro a su propietario por maltratarlo de manera sistemática.

«Skinni», cuando fue rescatado de la nave industrial de Tremañes.

Fueron los vecinos los que denunciaron la situación en la que se encontraba «Skinni», el pit bull de Tremañes. No pudieron salvarlo, pero al menos lo intentaron. Los que cuidan y recogen a diario los perros abandonados, maltratados y perdidos de Asturias afirman que debería haber muchas actuaciones vecinales como ésta y también muchas más sentencias como la de Granada, pero para que el asunto llegue ante un juez hay que denunciarlo primero ante la Policía. Y para ello animan a los ciudadanos a que llamen poniendo en su conocimiento casos de maltrato animal, algo que no siempre ocurre con la suficiente frecuencia. Responsables de sociedades protectoras de animales de la región consideran que aún hay miedo a denunciar el maltrato de animales, pese a que «hay muchos perros ladrando desnutridos a la puerta de una nave industrial». El dueño de «Skinni» fue localizado, pero no le pasó nada, no hubo condena ni multa como en el caso granadino porque nadie lo llegó a denunciar.

Explica Froilán Neira, presidente de la perrera municipal de Oviedo desde hace 21 años, que hay mil y una formas de que un perro acabe en un albergue de animales, pero que precisamente el maltrato no suele ser la más habitual. «El que trata mal al animal sigue con él en su casa, a no ser que los vecinos denuncien la situación, y esto es muy difícil, la gente no quiere problemas», explica Neira. Las llamadas anónimas son casi diarias en la perrera: «Oiga, le llamo porque mi vecino pega a su perro, pero no puedo decirle quién soy», se escucha frecuentemente al otro lado del aparato. «No es tan sencillo, sin una denuncia ante la Policía para que los agentes actúen, nosotros no podemos hacer nada», explica el presidente de la perrera municipal ovetense, en cuyas instalaciones se han recogido este año más de mil animales. En muchos casos, comenta Neira, son los propios propietarios de los perros quienes los entregan haciéndolos pasar por animales abandonados.

Explica Alejandra Mier, de la asociación Amigos del Perro, de Gijón, que la sentencia de Granada tendría que ser algo más común. «Debería quitarse la custodia de muchos más perros, pero no es sencillo». A diario se encuentran casos de maltrato de animales de compañía. Mier explica, por ejemplo, cómo desde hace días hay una perra que ladra detrás de la puerta de un piso de la calle La Mancha en Gijón. A media tarde de ayer los ladridos se convirtieron en llantos, asegura. «Fueron los vecinos los que alertaron a la Policía, la propietaria del piso acaba de ser desahuciada y dejó a su perro abandonado dentro», explica Mier. Como Froilán Neira, pide a los ciudadanos que denuncien estas situaciones. «Si nadie denuncia, la Policía no va a buscar al dueño. En este caso están intentando dar con el paradero de la propietaria de la perra», comenta en alusión al animal de La Mancha.

El que no da una vida mejor a su perro es porque no quiere, pues las asociaciones de defensa de los animales se brindan continuamente a hacerse cargo de las mascotas abandonadas. «Nosotros estamos aquí porque hemos adquirido un compromiso con los animales, y yo ahora ya no puedo dejarlo, cuando me meto en un proyecto lo hago y me involucro hasta el final», sostiene Frolián Neira.

No todos los casos terminan tan mal como la historia de «Skinni». A veces los salvadores de perros también llegan a tiempo. Cuenta Alejandra Mier la historia de dos perras boxer, madre e hija, que estaban metidas en un patio de Gijón. Su dueño, que solía viajar mucho, les echaba comida en cada escala que hacía por Asturias. Se comían sus propias heces y no había agua en sus bebederos. Una vecina dio la voz de alarma hace algunos meses a la Policía, denunció la situación. Los agentes tomaron entonces cartas en el asunto y fueron a recoger a las perras. Cuando llegaron los efectivos la boxer madre ya estaba muerta, pero su hija, que a punto estaba de morirse por una dilatación en el estómago, recuperó la sonrisa y la salud en la perrera. «Se pegaba tales atracones cuando su dueño venía y le daba de comer que el estómago comenzó a hinchársele y a punto estuvo de provocarle una torsión, que es letal», explica Alejandra Mier, que tiene todas las esperanzas puestas en que «no se les ocurra volver a llevar a la perra con su dueño».

Quienes se dedican a recoger los perros abandonados que los asturianos van dejando en el camino insisten una y otra vez: hay que denunciar los malos tratos contra los animales, «sólo así podemos actuar para salvarles la vida», argumenta Alejandra Mier. Así la historia de «Skinni», el pit bull de Tremañes, no volverá a repetirse.

Fuente: http://www.lne.es/asturias/2009/12/30/chica-vivio-skinni-murio/853892.html
Fecha: 30.12.09

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