domingo, 14 de marzo de 2010

El naturalista que quería ser Disney

Recién muerto el dictador Francisco Franco, hace 35 años, unos 18 millones de españoles se sentaban cada viernes a las 21.00 delante del televisor. En la España del "pájaro que vuela a la cazuela", de La escopeta nacional y de las batidas contra las alimañas del bosque, más de medio país se sentaba a escuchar una voz engolada que le hablaba de la mentalidad social del lobo ibérico, de la velocidad del azor y de la belleza del lirón careto.

Aquel hombre de la ceja arqueada que inventó el ecologismo en España era Félix Rodríguez de la Fuente. Hoy, cuando se cumplen 30 años de su muerte, su personalidad sigue provocando discusiones. Como recuerda el biólogo Miguel Delibes de Castro, colaborador del comunicador en la redacción de la enciclopedia Fauna entre 1969 y 1972, Félix no era el mejor naturalista del siglo XX, como decían algunos, ni un segundo San Francisco de Asís, como pensaban otros, y tampoco un simple charlatán listillo con fortuna, como le pintaban sus críticos. Era, simplemente, "un hombre excepcional, con muchas virtudes y muchos defectos".

En sus documentales, Rodríguez de la Fuente dejaba sin comer a una gineta durante siete días para que luego atacara con saña a una liebre de mayor tamaño. O soltaba a una manada de lobos ante un rebaño de ovejas para filmar la matanza. Todo era artificial o, más bien, era la naturaleza interpretando el papel de naturaleza. "No se le puede acusar de mentir, porque nunca dijo que fueran animales silvestres. Hay que ver los documentales con perspectiva porque, aunque no decía cómo hacía el truco, eran fantásticos", recuerda Delibes de Castro, ex director de la Estación Biológica de Doñana.

El segundo más famoso de España

Aunque sus prácticas de entonces desaten la indignación de algunos ecologistas de ahora, sus resultados dejan pocas dudas. A comienzos de la década de 1980, el 70% de los biólogos admitía haber elegido su carrera por culpa de El Hombre y la Tierra, la serie que lo encumbró definitivamente. Y, gracias a la nueva sensibilidad ambiental creada por sus documentales, España fue el primer país de Europa en aprobar medidas de protección para las aves de presa.

Según recuerda uno de sus compañeros de rodaje, el naturalista Joaquín Araújo, Rodríguez de la Fuente se convirtió en "la segunda persona más popular de España, después de Franco". Su ego se hipertrofió. "He hecho más de doscientas películas de media hora, tengo casi todos los premios nacionales de TVE y he participado en seis premios internacionales, de los que gané cinco. En este momento, mis series las ven alrededor de 700 millones de personas, han sido exportadas a EEUU, Canadá, Japón, Alemania, la URSS, Australia, y pronto las podrán ver 800 millones más, puesto que vamos a ir a la República Popular China", presumía el propio Félix en una entrevista al Diario de Burgos unos días antes de partir a Alaska, donde murió en un accidente de avioneta cuando se preparaba para grabar la carrera de trineos tirados por perros más importante del mundo.

Al mismo nivel que Cousteau

"Sería multimillonario, tendría mi avión y mi yate si el trabajo que realizo en España lo hiciera en EEUU o en Japón. Estaría al mismo nivel que Walt Disney o Cousteau. Además, este último tiene muchos menos teles-pectadores que yo. Si realmente yo hubiera querido hacerme multimillonario, no tenía más que haberme dedicado a lo que profesionalmente soy, un médico odontólogo que acaba la carrera con notas brillantes", explicaba el dentista reconvertido en naturalista.

Delibes de Castro recuerda una anécdota que define la personalidad de Rodríguez de la Fuente. En una ocasión, leyendo un libro alemán, el hoy investigador del CSIC se topó con la frase "he ordeñado muchas vacas, pero el queso que he hecho es mío". Delibes de Castro pensó que la cita entusiasmaría a Félix, porque entonces ya se le criticaba por limitarse a divulgar el trabajo de otros. Y, efectivamente, le encantó. Meses después, Rodríguez de la Fuente, en medio de una conversación banal, le dijo a su pupilo: "Miguelito, desde pequeño mi lema es: he ordeñado muchas vacas, pero el queso que he hecho es mío". La frase ya era suya, desde siempre. "Vivía sus sueños con tanto entusiasmo que los convertía en realidad", rememora Delibes.

El periodista Benigno Varillas presentó ayer la última biografía de este animal de la comunicación, Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro. En el volumen, editado por La Esfera de los Libros, se pueden leer facetas poco conocidas del naturalista, como su amistad con el dictador que gobernó España hasta 1975. "Félix utilizó constantemente a Franco y, después, al rey", asegura Varillas. El periodista ha tenido acceso a un par de cartas enviadas por Rodríguez de la Fuente al dictador. En una de ellas, de 1973, se quejaba de que los ingenieros de montes del ICONA querían derribar su centro de cetrería. A las pocas semanas, se empezaron a construir unas nuevas instalaciones, más amplias y mejor dotadas, en la Casa de Campo de Madrid. En 1970, protestó ante el dictador porque le querían echar de la televisión. En seguida llegó su serie Planeta Azul. "Félix escribía a Franco y, al cabo de un mes, ya tenía vía libre para lo que pidiera", aclara Varillas.

Su biografía dibuja un personaje sin vacaciones, sin aficiones, sin vida social, completamente obsesionado por su única pasión: la naturaleza, su trabajo. La Guerra Civil le pilló con 6 años. Hasta los 9 no entró en una escuela. Creció salvaje, en el entorno de Poza de la Sal, la aldea de Burgos en la que nació en 1928. "En la agreste infancia de la meseta burgalesa, pedía a mis buenas niñeras del páramo que me contaran una historia de lobos y con estas historias me dormía, arrullado por la seguridad de la casa, dulce y confortable", dejó escrito.

En su investigación de las cartas, escritos y programas de radio y televisión, Varillas descubrió "una persona que intentaba evadirse de los procesos de domesticación, como la escuela, la universidad o la mili". "Quería ser un nómada", dice su biógrafo. Rodríguez de la Fuente demostró su capacidad de persuasión en el servicio militar, cuando convenció a los mandos de Valladolid para que recuperaran la cetrería. "Era capaz de convencer a cualquiera, así que se pasó la mili adiestrando halcones", narra Varillas.

La última vez que Félix sedujo a alguien, según el periodista, fue unas semanas antes de partir a Alaska. En aquella ocasión, la víctima fue el rey de España, Juan Carlos de Borbón. El naturalista tenía problemas para financiar su viaje a Norteamérica y el monarca desbloqueó los fondos. "A lo mejor es una leyenda", explica Varillas. Pero, ayudado por el rey o no, su aventura acabó con su avioneta estampada contra el suelo. "Qué lugar tan hermoso para morir", dijo pocos minutos antes de subirse a su mortaja.

Fuente: http://www.publico.es/ciencias/301359/naturalista/queria/disney
Fecha: 14.03.10

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