lunes, 29 de marzo de 2010

La cloaca del mundo

Pero qué asco. Desde luego, el hombre es la peor plaga de este planeta...

Descubren en el Atlántico una superficie mayor que toda España a donde van a parar los plásticos y desechos arrojados al mar

Los temporales de invierno suelen arrojarlos a las playas. En tropel. Si, tras uno de esos episodios, camina usted por la orilla podrá escribir un sucio inventario: latas de refresco. Amarillas botellas de lejía. Cajas de poliespán. Sogas. Jeringuillas. Tetra briks. Grandes trozos de plástico. Cabos. Paquetes de tabaco. Bolsas de supermercado. Tapones y corchos. Aplicadores. Filtros y colillas. Frascos de medicinas...

¿Pero se han detenido a pensar alguna vez qué sucede con los desechos que el mar no nos devuelve ni nos arroja a la cara?

Los científicos de la Sea Education Association (SEA), una ONG estadounidense especializada en la formación de estudiantes, han encontrado la respuesta. A 500 millas de las costas de Atlanta, (926 kilómetros), existe un 'continente' de desechos plásticos. Se extiende a lo largo de unos 700.000 kilómetros cuadrados. Una bestialidad si tenemos en cuenta que España ocupa apenas 504.000.

Según anunciaron los científicos de la SEA en un congreso celebrado hace unos días en Portland (Oregón, EE UU), la zona está colonizada por botellas, cartones vacíos, trozos de cajas, redes y por un millar más de pequeños objetos. Su extensión y composición es comparable al 'Great Eastern Pacific Garbage Patch' (o Basurero del Pacífico Este) descubierto en 1997.

Los residuos se concentran en esa vasta zona frente a las costas americanas porque se trata de un área de altas presiones, con vientos débiles, y donde las corrientes marinas giran en el sentido de las agujas del reloj, como en los desagües domésticos. La zona viene a ser algo así como el sumidero del mundo civilizado. «Varias corrientes marinas terminan allí y los objetos que acarrean no escapan jamás de ese círculo gigante», explica Giora Proskurowski, oceanógrafo del SEA y responsable del estudio. Estas zonas son conocidas como 'gyros', círculos.

Un continente de basura

Las basuras aparecen pulverizadas. En la mayoría de los casos, trituradas, reducidas a diminutas partículas menores de un centímetro y con un peso inferior a los 15 gramos. «La imagen de un continente de basura es excelente para sensibilizar a la opinión pública, pero es incapaz de expresar la realidad de lo que encontramos allí», dice Proskurowski. «Se trata de multitud de fragmentos, difíciles de ver de lejos. Pero cuando te sumerges en el agua, te encuentras rodeado de plástico por todas partes».

La densidad media en la zona explorada es de unos 200.000 fragmentos de plástico por kilómetro cuadrado (frente a los 300.000 del sumidero del Pacífico). En la mayoría de los casos se trata de plásticos comunes como polietilenos, polipropilenos y poliestireno expandido (el corcho blanco). Los restos flotan entre dos aguas y hasta una profundidad de unos 10 metros. La SEA ha tomado 6.100 muestras en la zona desde 1986 en sus campañas anuales a bordo de veleros donde embarcan jóvenes estudiantes que descubren de esta forma el medio marino.

Respecto a su procedencia, los científicos del SEA consideran que la basura proviene de embarcaciones y de los desechos de los países ribereños del Océano Atlántico. Los desechos llegan hasta allí transportados por los vientos y las corrientes marinas. La ONG considera que otro tipo de plásticos, de mayor densidad, podrían encontrarse en el fondo del océano.

La fauna marina es la primera víctima de esta contaminación. Mamíferos marinos, tortugas y aves quedan enganchados en las redes y entre las bolsas. También tragan los pequeños fragmentos al confundirlos con alimentos o, en el caso de las ballenas, al ingerirlos junto al plancton que engullen. Su acumulación puede obstruir su sistema digestivo.

Los efectos nocivos de estos residuos han sido demostrados en unas 260 especies, según el SEA. Además, los restos actúan como verdaderas esponjas que absorben y acumulan desechos contaminantes persistentes (como el petróleo y metales pesados disueltos) que, de esta manera, hasta podrían ser ingeridos por el hombre si se alimenta de animales contaminados.

Además, aseguran, es imposible limpiar semejante cloaca. «Sería como pasar el Sahara por un tamiz», ironiza Charles Moore, el navegante e investigador que ha descubierto la acumulación de residuos en el 'gyro' del Pacífico. Además, el plástico es superresistente; ningún microorganismo es capaz de degradarlo por completo. Incluso reducido a polvo, todo el plástico producido por el hombre desde que lo inventó (la baquelita fue creada en 1907) está todavía presente en el medio ambiente.

Los límites del basurero

Para los científicos, la única solución para acabar (o, por lo menos, para frenar esta acumulación) pasa por no arrojar plásticos al océano y optar por el empleo de materiales alternativos biodegradables. Este verano, los científicos de la SEA tratarán de establecer los límites orientales del basurero del Atlántico. En su opinión, cuantos más datos existan sobre esta cloaca más «importante será la toma de conciencia sobre el asunto» dice Proskurowski.

Lo peor es que estas dos grandes bolsas de porquería no están solas en el planeta. Además de las del Atlántico y del Pacífico, hay otros tres 'gyros' gigantes capaces de albergar cantidades similares de desechos: una en el Pacífico Sur, otra más en el Atlántico y, una tercera, en el Océano Índico.

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es/v/20100329/sociedad/otras-noticias/cloaca-mundo-20100329.html
Fecha: 29.03.10

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