viernes, 24 de septiembre de 2010

Hoy salvo al toro, hoy lo torturo

Artículo de ÀNGELS PIÑOL / CLARA BLANCHAR publicado en El País

Cataluña avala los 'correbous' dos meses después de abolir las corridas. Cuando se trata de intereses electorales e identitarios, la defensa animal pasa a segundo plano.

28 de julio de 2010. La tribuna del Parlamento de Cataluña prorrumpe en un aplauso después de que la cámara apruebe por una amplia mayoría (68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones) la abolición de las corridas de toros. 21 de septiembre de 2010. Último pleno de la legislatura. El mismo palco, lleno de representantes de la zona del Ebro, en el sur de Tarragona, celebra con otra ovación la ley que regulará los correbous, encierros en los que a los toros se les coloca palos encendidos en los cuernos (bou embolat) o se les pasea atados (bou capllaçat). La votación es inapelable: 114 a favor, 14 en contra y 5 abstenciones.

Todo el mundo parece contento menos dos colectivos: los 12 parlamentarios de Iniciativa per Catalunya (ICV-EUiA) y una decena de antitaurinos concentrados con pancartas ante el Parlament. Y alguien más: Luis Corrales, el portavoz de la plataforma antitaurina, inmerso en una cruzada para recuperar la fiesta. Corrales salió encendido del hemiciclo. El debate fue poco concurrido -no estaban la mitad de diputados- y desató pocas pasiones salvo cuando el diputado del PP metió con calzador el tema del aborto. La única voz de queja fue la de Corrales, que levantó un folio reprochando a Francesc Sancho, el diputado de Convergència i Unió (CiU), promotor de la ley, la ambivalente postura de su coalición.

¿Qué ha pasado entre las dos fotos de julio y septiembre? Que los dos partidos nacionalistas catalanes, CiU y Esquerra Republicana (ERC), apelando a la tradición, han cambiado el sentido de su voto. Las dos formaciones se opusieron a las corridas amparándose en el derecho de los animales a no sufrir y no torturarlos (Joan Puigcercós, de ERC, recordó la caza del zorro en Inglaterra) y despojaron su discurso de cualquier elemento identitario para que nadie les reprochara que atacaban una fiesta española. ERC votó como un bloque contra los toros y CiU dio libertad a sus diputados, pero la mayoría apoyó la abolición. Ahora, han blindado los correbous. Más coherentes, ICV ha votado en contra de las dos fiestas y PSC (salvo algún diputado) y PP, a favor.

"Está claro: algunos han necesitado hacerse perdonar su voto de abolición de las corridas", sostuvo Daniel Pi, diputado de Iniciativa. "Decían que el debate de los toros no era identitario y en cambio en el preámbulo de la ley figura tres veces la palabra Cataluña ¿Por qué CiU dio entonces libertad de voto y ahora no?". Albert Rivera, de Ciutadans, en las antípodas ideológicas de los ecosocialistas, fue categórico: "Si no hubiera elecciones, no estaríamos aquí. Es una tomadura de pelo".

CiU y ERC -que como PSC y PP se han valido de diputados del territorio para defender sus posturas- han tenido que realizar equilibrios para no perder un mínimo de coherencia. Pero han encontrado un punto en común: que con la ley se evitarán abusos y que en los correbous, a diferencia de las corridas, no hay muerte del animal. "¿Hace falta recordar algo tan esencial? Le he dicho a un periodista americano que esto es como los rodeos", dijo Sancho. Nadie se planteó, en el debate, salvo IC, si el toro sufrirá cuando se le ponga fuego en los cuernos 15 minutos o cuando se le estire con una cuerda 30 o cuando se hace la sospechosa mención de que está prohibido someterlo a descargas eléctricas. "Los toros no van allí a tomar cañas", ironizó Rivera.

La nueva ley coronó la estrategia de CiU que presentó la proposición para regular los correbous cuando entraba en el Parlament la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) contra las corridas, que recogió 180.000 firmas y que causó pánico en la zona. La medida de CiU aspiraba a mimar una tradición tan sagrada para los pueblos del Ebro como el agua del río. Absolutamente innegociable, independientemente (salvo excepciones) del color político.

Tanto es así, que cuando la ILP se estaba tramitando con la calculadora en la mano, siempre se tenía en cuenta a los diputados del Ebro -se daba por sentado que apoyarían las corridas-. No todo el mundo lo vio así. Corrales acusó al diputado de CiU de haberse vendido: "¿No eras abolicionista? ¿Qué votaste en la ILP?", decía en el folio de protesta que alzó en el Parlament. Los protaurinos se han sentido traicionados y no ocultan su estupor. Joselito, ganadero y ex torero, asistió en el Parlament en el debate previo a la ILP para hablar de las corridas. Ahora se siente agraviado: "Me parece todo una farsa. Me da mucha pena la falsedad de estas situaciones. Es de un cinismo tremendo. Más ridículo hacen los políticos". Salvador Boix, apoderado de José Tomás, abunda: "Es inadmisible. Fuimos víctimas de una circunstancia".

El bando animalista no se ha rasgado las vestiduras. La plataforma Prou!, que impulsó la recogida de firmas y ya está disuelta, siempre defendió que la sociedad catalana estaba preparada para firmar contra los toros pero no contra los correbous. Ana Mulà, de la comisión de defensa de los derechos de los animales del Colegio de Abogados de Barcelona, y ex miembro de Prou!, sostiene que la ley es un instrumento positivo: "Nos oponemos al bou embolat o capllaçat porque es maltrato. Las denuncias se archivaban y con la nueva ley, las malas praxis podrán ser sancionadas".

En esa línea, el etólogo Jordi Casamitjana cree que la ley es un paso hacia la abolición. Residente en Londres y comprometido en la lucha contra la caza del zorro, Casamitjana recuerda que allí fue así. "También estaba legislada la caza del zorro, ciervos y liebres. ¡Claro que sufren los toros! Seguramente más psíquica que físicamente. Lo ideal es la supresión en una sociedad moderna y civilizada, pero nos falta un poco".

Pero este debate es casi inexistente en el territorio. La misma tarde que se blindaron los correbous, el presidente de la Agrupación de Peñas y Comisiones Taurinas Terres de l'Ebre, Miquel Ferré, evitaba entrar en él: "Es una tradición. ¿Maltrato? ¿Tortura? Que vengan y lo vean. ¿Contradictorio abolir corridas y blindar bous? A nosotros nos gusta". A su lado, el ganadero Pedro Fumadó, El Charnego, afirmaba: "No nos los podían quitar. Es un sentimiento del sur, estamos hartos que desde Barcelona decidan qué está bien y qué no". El Charnego recordó la sensación de abandono presente en el Ebro: "Tendría que haber elecciones cada año para que se acordaran de nosotros".

El territorio está eufórico. Ahora tocará cumplir el texto. No será fácil, vista la realidad de los bous. Por ejemplo: la ley vela para que reciban un trato digno. ¿Lo es tirar al astado a un canal "para que se refresque", como suelen hacer en Sant Jaume d'Enveja? Otro ejemplo, el texto dice que durante un bou capllaçat habrá que retirar obstáculos del recorrido. Cualquiera que haya estado sabe que se suele cortar el tráfico, sí: pero ni se retiran coches aparcados ni siquiera las mesas de las terrazas. También fija la edad mínima para participar, 14 años, cuando ahí está el pueblo entero; no todos corren, pero mirando, hay desde abuelas hasta bebés.

En otros aspectos, el texto es condescendiente con la tradición. Sobre las condiciones de seguridad de plazas y barreras, especifica que los "elementos constructivos deberán disponerse y estructurarse de manera que no exista peligro de lesión o daño para las personas y los animales". La norma avala las actuales plazas construidas con andamios, escaleras, carretas de tractor o remolques. Contempla, eso sí, un régimen sancionador, con multas entre los 50 y 150.000 euros. El organismo con competencias sancionadoras es la Generalitat o sus servicios territoriales. Los mismos que autorizan los correbous. El delegado del Gobierno en las Tierras del Ebro es Lluís Salvadó, de ERC. Por boca de los republicanos defendió la tradición Marta Cid, que celebró la seguridad de animales y personas por la que vela el texto. Al contrario que con las corridas, no vio tortura y sí relacionó correbous con identidad. La de la gente del Ebro: "Son cohesión social. No son una profesión, no son un negocio, no matamos, no cobramos entrada", exclamó.

Fuente: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Hoy/salvo/toro/hoy/torturo/elpepisoc/20100924elpepisoc_1/Tes
Fecha: 24.09.10

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