sábado, 2 de enero de 2010

Nuevo Rescate Abierto: Igualdad Animal salva a una familia de ovejas de la muerte


Rescate abierto de una familia Open rescue of a family from Igualdad Animal on Vimeo.

COPIO DE LA WEB DE IGUALDAD ANIMAL:

© Jo-Anne McArthur


Galería fotográfica: http://www.flickr.com/photos/igualdadanimal/sets/72157622437140403/

"En esta época del año en que el consumo de animales se dispara, en Igualdad Animal queremos aprovechar para presentaros nuestro último rescate abierto de animales. Mientras algunos celebran estas fiestas comiéndoles, nosotros hemos preferido salvar a algunos individuos de esta masacre.

Varios activistas del Equipo de Rescates Abiertos de Igualdad Animal acudimos de noche a una granja de explotación de ovejas y corderos para carne, leche y lana de Cataluña con el objetivo de rescatar a tres animales de entre todos los que vivían allí explotados con una sentencia de muerte sobre ellos. Tras haber inspeccionado la granja varios días antes —aquella misma mañana habíamos presenciado cómo un camión se llevaba a decenas de corderos al matadero— y contando ya con un lugar adecuado para los animales que serían rescatados, esa noche arriesgamos nuestra libertad para ayudar a otros animales, porque pensamos que la solidaridad y la justicia no deberían entender de especies.

Decidimos rescatar a una madre que se encontraba encerrada junto con sus dos hijos recién nacidos y que todavía tenían el cordón umbilical colgando. Aprovechando que estaban separadas del resto, nos resultó sencillo coger a la madre y llevarla hasta la furgoneta que habíamos aparcado al lado. Aunque inicialmente estaba intranquila —quizás temiendo que le fuésemos a hacer daño a ella o a sus hijos—, una vez en nuestros brazos, permaneció inmóvil y nos dejó trasladarla sin problemas. Sus hijos, llevados en los brazos de Sonia e Iván, se reunieron con ella instantes después. Horas más tarde se encontraban ya en un lugar seguro para ellos donde nadie volvería a hacerles daño. Le quitamos a la madre el crotal o etiqueta con que la identificaban como propiedad de un humano y observamos cómo se adaptaban a su nuevo hogar.

Como no es de extrañar, el consumo de carne de cordero, leche de oveja y su pelo para vestimenta tiene terribles consecuencias para las ovejas y los corderos que son obligados a vivir privados de libertad, sometidos a diversas mutilaciones, separaciones y condiciones para finalmente ser degollados en cualquier matadero. Es por ello que desde Igualdad Animal te animamos a prescindir del consumo de productos animales, adoptando una alimentación vegana y vistiendo con prendas confeccionadas sin la piel o el pelo de otros animales. Si crees que esto resulta complicado —no dudes en pedirnos ayuda para dar el paso—, echémosle un vistazo a lo que supone para las ovejas y corderos que no lo hagamos. Empecemos por la madre…

Nana, la oveja madre que hemos rescatado, había tenido que padecer, como "hembra reproductora", la terrible experiencia de verse separada una y otra vez de sus hijos. Los sucesivos embarazos a los que había sido sometida siempre eran acompañados de la casi inmediata separación de aquellos seres a quienes ella quería y trataba de proteger desde que nacieron.

Aunque no solemos pensar en ello, los humanos no son los únicos animales que sufren cuando son separados forzadamente de sus crías. Las ovejas son animales sociales que forman vínculos afectivos entre sí y para quienes sus vidas, así como las relaciones que establecen, son tan importantes como para nosotros la nuestra. Al sufrimiento y angustia que ha tenido que padecer por esto, tenemos que añadirle lo que supone ser mutilada —por supuesto sin anestesia— cuando le cortaron el rabo —y de paso varias vértebras del mismo— y, con el propósito de facilitar su identificación, le cortaron la oreja longitudinalmente con una tijera tal y como podrás ver en las fotografías.

Sus hijos no iban a correr mejor suerte. A la cordera quizás le tocase experimentar el conjunto de horrores que un humano había preparado para ella como "hembra reproductora" de la que pretendía obtener más víctimas. Su hermano, una vez alcanzase los 22 kilos de peso, sería separado de su familia y metido en un camión que le llevaría en unas horas al matadero comarcal. Una vez allí, y rodeado de otros corderos asustados que balan llamando a sus madres en busca de su protección —tal y como hemos presenciado nosotros mismos y así hemos grabado— sería recibido a patadas y empujones para obligarle a avanzar con el resto hacia su verdugo. En todo ese tiempo podría ver ante sus ojos cómo se iban llevando uno a uno al resto de su grupo. Podría verles luchando por su vida y y escucharles balar mientras cuelgan boca abajo y la sangre, de fuerte olor, empezaría a cubrirlo todo. El matarife, cansado ya de matar durante horas, no se tomaría la molestia de atinar con el aturdidor y le colgaría de una de sus extremidades con una cadena que le llevaría hasta quien, mecánicamente, le clavaría un cuchillo en el cuello y le dejaría desangrándose durante varios minutos.

Afortunadamente, ni Nana ni sus dos hijos, tendrán que padecer todo eso. Ahora viven en un refugio a cargo de personas responsables que les cuidan y procuran que tengan una vida plena y feliz. Nana es una madre en todos sus sentidos. Vive preocupada por sus dos hijos (un cordero y una cordera), observando sus movimientos y llamándoles cuando se alejan demasiado. Ellos no pueden refrenar las ganas de explorar este mundo al que han llegado hace poco. Se encuentran en esa situación en la que su interés por sentirse protegidos al lado de su madre empieza a ser superado por la curiosidad que tienen por todo lo que les rodea y llama su atención. Si imitamos sus balidos —cosa que nos gusta hacer especialmente— y a pesar de nuestro aspecto tan diferente al suyo, no pueden evitar acercarse intrigados por la llamada, eso sí, siempre bajo la atenta mirada de su madre que ya ha empezado a confiar en nosotros.

Ahora que ya ha transcurrido los momentos más intensos para todos, nos satisface verles tranquilos, ajenos a todo el horror que les aguardaba —y que su madre ya había tenido que experimentar—. Desgraciadamente muchas otras ovejas, carneros y corderos no tendrán esta oportunidad. Si pensamos que, según el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, solamente en España se matan anualmente a más de 13 millones de ovejas y corderos —sin contar quienes fallecieron antes de llegar al matadero—, puede parecernos que rescatar a dos corderos y una oveja es algo simbólico que no cambia nada al fin y al cabo.

Aunque hay motivos para no ignorar la trágica realidad, desde Igualdad Animal pensamos que no debemos olvidar que cada animal es un individuo, alguien . Para ese animal, el cambio que supone en su vida ser rescatado del centro de explotación en que vivía preso es absoluto. Para él o ella, se trata, literalmente, de la diferencia entre la vida y muerte.

Respeta a los demás animales, hazte vegano y participa en las acciones de Igualdad Animal en defensa de los animales o apoya nuestro trabajo haciéndote socio.

Visita ahora la web de los rescates abiertos: RescateAbierto.org

IGUALDAD ANIMAL
Tel. +34 915 222 218
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Sitio web: http://www.igualdadanimal.org/"

«Chica» vivió, «Skinni» murió

Las protectoras de animales piden más denuncias para lograr sentencias como la de un juez de Granada que retiró la custodia de un perro por maltrato

A mediados de este año un perro de raza pit bull llamado «Skinni» moría en la perrera municipal de Gijón. No hubo manera de lograr que se recuperase de los daños que la desnutrición había causado en su cuerpo, que era todo costillas y dos ojos enormes llenos de pena. El mejor amigo del hombre había sido localizado en los huesos amarrado a la puerta de una nave industrial en Tremañes (Gijón). La Policía Municipal lo rescató, y su dueño jamás volvió a preguntar por él. No tuvo la suerte de «Chica», la perra granadina que ahora vive a cuerpo de rey después de una intervención judicial insólita, pues por primera vez en España -ayer se conoció la sentencia- un juez ha retirado la custodia de un perro a su propietario por maltratarlo de manera sistemática.

«Skinni», cuando fue rescatado de la nave industrial de Tremañes.

Fueron los vecinos los que denunciaron la situación en la que se encontraba «Skinni», el pit bull de Tremañes. No pudieron salvarlo, pero al menos lo intentaron. Los que cuidan y recogen a diario los perros abandonados, maltratados y perdidos de Asturias afirman que debería haber muchas actuaciones vecinales como ésta y también muchas más sentencias como la de Granada, pero para que el asunto llegue ante un juez hay que denunciarlo primero ante la Policía. Y para ello animan a los ciudadanos a que llamen poniendo en su conocimiento casos de maltrato animal, algo que no siempre ocurre con la suficiente frecuencia. Responsables de sociedades protectoras de animales de la región consideran que aún hay miedo a denunciar el maltrato de animales, pese a que «hay muchos perros ladrando desnutridos a la puerta de una nave industrial». El dueño de «Skinni» fue localizado, pero no le pasó nada, no hubo condena ni multa como en el caso granadino porque nadie lo llegó a denunciar.

Explica Froilán Neira, presidente de la perrera municipal de Oviedo desde hace 21 años, que hay mil y una formas de que un perro acabe en un albergue de animales, pero que precisamente el maltrato no suele ser la más habitual. «El que trata mal al animal sigue con él en su casa, a no ser que los vecinos denuncien la situación, y esto es muy difícil, la gente no quiere problemas», explica Neira. Las llamadas anónimas son casi diarias en la perrera: «Oiga, le llamo porque mi vecino pega a su perro, pero no puedo decirle quién soy», se escucha frecuentemente al otro lado del aparato. «No es tan sencillo, sin una denuncia ante la Policía para que los agentes actúen, nosotros no podemos hacer nada», explica el presidente de la perrera municipal ovetense, en cuyas instalaciones se han recogido este año más de mil animales. En muchos casos, comenta Neira, son los propios propietarios de los perros quienes los entregan haciéndolos pasar por animales abandonados.

Explica Alejandra Mier, de la asociación Amigos del Perro, de Gijón, que la sentencia de Granada tendría que ser algo más común. «Debería quitarse la custodia de muchos más perros, pero no es sencillo». A diario se encuentran casos de maltrato de animales de compañía. Mier explica, por ejemplo, cómo desde hace días hay una perra que ladra detrás de la puerta de un piso de la calle La Mancha en Gijón. A media tarde de ayer los ladridos se convirtieron en llantos, asegura. «Fueron los vecinos los que alertaron a la Policía, la propietaria del piso acaba de ser desahuciada y dejó a su perro abandonado dentro», explica Mier. Como Froilán Neira, pide a los ciudadanos que denuncien estas situaciones. «Si nadie denuncia, la Policía no va a buscar al dueño. En este caso están intentando dar con el paradero de la propietaria de la perra», comenta en alusión al animal de La Mancha.

El que no da una vida mejor a su perro es porque no quiere, pues las asociaciones de defensa de los animales se brindan continuamente a hacerse cargo de las mascotas abandonadas. «Nosotros estamos aquí porque hemos adquirido un compromiso con los animales, y yo ahora ya no puedo dejarlo, cuando me meto en un proyecto lo hago y me involucro hasta el final», sostiene Frolián Neira.

No todos los casos terminan tan mal como la historia de «Skinni». A veces los salvadores de perros también llegan a tiempo. Cuenta Alejandra Mier la historia de dos perras boxer, madre e hija, que estaban metidas en un patio de Gijón. Su dueño, que solía viajar mucho, les echaba comida en cada escala que hacía por Asturias. Se comían sus propias heces y no había agua en sus bebederos. Una vecina dio la voz de alarma hace algunos meses a la Policía, denunció la situación. Los agentes tomaron entonces cartas en el asunto y fueron a recoger a las perras. Cuando llegaron los efectivos la boxer madre ya estaba muerta, pero su hija, que a punto estaba de morirse por una dilatación en el estómago, recuperó la sonrisa y la salud en la perrera. «Se pegaba tales atracones cuando su dueño venía y le daba de comer que el estómago comenzó a hinchársele y a punto estuvo de provocarle una torsión, que es letal», explica Alejandra Mier, que tiene todas las esperanzas puestas en que «no se les ocurra volver a llevar a la perra con su dueño».

Quienes se dedican a recoger los perros abandonados que los asturianos van dejando en el camino insisten una y otra vez: hay que denunciar los malos tratos contra los animales, «sólo así podemos actuar para salvarles la vida», argumenta Alejandra Mier. Así la historia de «Skinni», el pit bull de Tremañes, no volverá a repetirse.

Fuente: http://www.lne.es/asturias/2009/12/30/chica-vivio-skinni-murio/853892.html
Fecha: 30.12.09