martes, 27 de abril de 2010

El luto de los chimpancés

Unos vídeos muestran la reacción casi humana de los chimpancés ante la muerte. Las hembras cargan con los restos de sus hijos sin vida durante semanas y los ejemplares ancianos moribundos reciben mimos y atenciones.

Sus reacciones ante la muerte son tan conmovedoras que casi parecen humanas. Dos estudios publicados en la revista científica Current Biology ofrecen una perspectiva poco comun de cómo los chimpancés se enfrentan al adiós definitivo de sus «seres queridos». Sorpredentemente, el dolor que demuestran y las atenciones a los que se van no distan mucho de lo que se espera del ser humano. En un caso, los investigadores describen las tranquilas últimas horas de una hembra mayor, acompañada en paz por los miembros de su pequeño grupo en un safari park de Reino Unido. En el otro, observan cómo dos madres chimpancés en estado salvaje llevan encima durante semanas los restos momificados de sus pequeños muertos por una epidemia respiratoria.





Tres chimpancés adultos se reúnen alrededor de una chimpancé anciana mientras ésta muere en paz. La tocan y acarician su cara justo en el momento de la muerte. Un chimpancé mueve la cabeza y los hombros de la moribunda. Ante la falta de signos de vida, dos de los chimpancés se marchan. El tercer chimpancé permanece durante más tiempo y luego se aleja. En el segundo vídeo, un chimpancé macho adulto llega al día siguiente y reacciona efusivamente al ver el cadáver de la anciana, que murió la tarde anterior. La cubre de paja y se sienta junto al cadáver. Una hembra adulta llega y aparta la paja del rostro del cadáver.

«Varios fenómenos han separado a los humanos de otras especies: la capacidad de razonamiento, la capacidad lingüística, el uso de herramientas, la variación cultural y la autoconencia, por ejemplo, pero la ciencia ha aportado pruebas sólidas de que los límites entre nosotros y otras especies están muy lejos de estar tan claramente definidos como mucha gente pensaba», explica James Anderson, de la escocesa Universidad de Stirling, en referencia a sus observaciones de los chimpancés en el safari park. «La conciencia de la muerte es otro fenómeno psicológico a tener en cuenta y los resultados que hemos descrito, junto a otras observaciones de cómo los chimpancés responden a compañeros muertos o moribundos, indican que su conciencia de la muerte está probablemente más desarrollada de lo que pensamos». Para el científico, esto «puede estar relacionado con su sentido de autoconciencia, que se muestra a través del autoreconocimiento y la empatía hacia los demás».

Según explica Anderson, pocos humanos han sido testigos de la respuesta de los chimpancés en el momento en el que un miembro de su grupo muere. Las madres son conocidas por llevar a sus hijos muertos a cuestas y algunos observadores han visto la conmoción que se produce cuando un chimpancé adulto pierde la vida en algún tipo de trauma repentino. «En contraste con la frenética y ruidosa respuesta a las muertes traumáticas de adultos, los chimpancés testigos de la muerte de la hembra mayor en el safari park estaban en su mayoría en calma». En los días previos a la muerte, el grupo prestó mucha atención a la moribunda. Inmediatamente antes de morir, recibió aseos y caricias de los demás. La dejaron poco después, pero regresó su hija adulta y se mantuvo con su madre toda la noche. Cuando los cuidadores retiraron el cuerpo de la madre al día siguiente, los chimpancés evitaron dormir en la plataforma donde la hembra había muerto, a pesar de que normalmente era un lugar favorito para todos.

«Hemos encontrado varias similitudes entre el comportamiento de los chimpancés y y algunas reacciones de los seres humanos cuando se enfrentan a la desaparición de un miembro de un grupo de ancianos o un pariente», asegura Anderson.

Bebés muertos





Una madre chimpancé, Vuavua, ahuyenta las moscas que rodean el cuerpo de su hijo muerto, Veve, en Bossou, Guinea. Utiliza sus manos y una rama como herramienta (un espantamoscas). Veve murió dos días antes, de una enfermedad respiratoria. Vuavua siguió llevando su cuerpo muerto durante 19 días después de la muerte, y el cadáver acabó momificado. En el segundo vídeo, uno de los chimpancés jóvenes, Fokayé, juega con el cadáver momificado del bebé chimpancé Jimato, en Bossou, Guinea. En varias ocasiones, la madre de Fokayé, Fotaiu (centro), parece mostrar aversión a tocar el cadáver (la única vez que a un miembro de la comunidad Bossou se le ha visto reaccionar de esta manera). Jire, la madre de Jimato (el bebé muerto) recupera después el cadáver de manos de Fokayé. Ella llevó el cadáver de su bebé durante 68 días después de su muerte.

En un segundo estudio, la investigadora Dora Biro, de la Universidad de Oxford, y su equipo fueron testigos de la muerte de cinco miembros -entre ellos dos crías- de una comunidad de chimpancés semi aislada en los bosques de Bossou, Guinea, que había sido castigada con una epidemia respiratoria. Las madres portaron los cadáveres de sus hijos durante semanas, incluso meses, después de la muerte. Los cuerpos estaban momificados por completo, pero las hembras los llevaban a todas partes, los aseaban ... Gradualmente, permitieron que otros individuos de grupo los tocaran y manejaran. Incluso otras crías jugaban con los cadáveres. Casi sin excepción, ningún chimpancé mostró aversión hacia los restos putrefactos.

«Los chimpancés son los parientes más cercanos de los seres humanos en la evolución y ya han demostrado que se nos parecen en muchas de sus funciones cognitivas: empatizan con los demás, tienen sentido de equidad, y puede cooperar para lograr sus objetivos», explica Biro. «Cómo perciben la muerte es una pregunta fascinante y existe pocos datos sobre esto».

Fuente: http://www.abc.es/20100426/ciencia-tecnologia-biologia-vida-animal/luto-casi-humano-chimpances-201004261819.html
Fecha: 26.04.10

Gary Francione en el Seminario sobre Derechos de Animales de la Universidad de La Rioja

Gary Francione, profesor de Derecho de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey, EEUU), se ha convertido en uno de los referentes mundiales del abolicionismo animal, un movimiento que aboga por eliminar cualquier maltrato a estos seres por parte del hombre y también cualquier sumisión o uso de estos para beneficio humano. Ayer visitó la Universidad de La Rioja para hablar sobre derechos de los animales y hoy, a partir de las 17 horas en el salón de actos del edificio de Filologías, charlará a propósito del abolicionismo.

Para Francione, el futuro del mundo depende, en buena medida, de las decisiones de consumo que tomemos las personas. Por eso aboga por el veganismo, una forma de alimentación estrictamente vegetal y en la que se excluye el uso de materiales provenientes del mundo animal.

- ¿Cuál es la cuestión clave para comprender qué es el abolicionismo?
- La cuestión no es regular el trato con los animales para que sea más humanitario, sino abolir el maltrato y la tortura a los animales por completo. Mientras los animales sean propiedad humana, estarán sujetos al maltrato.

- ¿Qué medidas deberían tomar las personas para evitar ese maltrato?
- Lo fundamental es hacerse vegano: no comer a los animales, no vestirnos con sus pieles y no utilizarlos. Si lo hiciésemos todos, la consecuencia directa sería la abolición del maltrato y el problema se resolvería. No es una locura, sino la puesta en práctica de un principio ético que ya tenemos asumido en nuestra cultura occidental. A cualquiera que se le pregunte si se puede hacer daño innecesariamente a un animal dirá que no, que está mal. Pero no lo ponemos en práctica. La clave es cuál es el daño necesario. Usamos animales por placer, comodidad o diversión, no los necesitamos para estar sanos ni felices. Por estas razones, 56.000 millones de animales mueren al año en nuestras granjas y criaderos, excluyendo los animales marinos. Nos encontramos camino del desastre ecológico.

- ¿El avance de este movimiento vegano es rápido?
- Se está extendiendo, pero encuentra el problema de que las organizaciones más grandes, como PETA, abogan por la idea de 'carne feliz', es decir, tratar un poco mejor a los animales. El veganismo va más allá y surge desde la base, sin una gran organización. Creemos que el género humano emplea demasiada violencia y que hay que evitarla. No importa si España va más rápido que China o Estados Unidos más que India.

- ¿Qué opina del terrorismo ecológico, de los grupos que liberan visones o atacan granjas?
- Soy completamente opuesto a la violencia y por eso me opongo a esas acciones. Además, actos como quemar diez mataderos no servirían de nada porque mientras exista demanda va a haber oferta. Lo que hay que hacer es cambiar de manera pacífica el punto de vista de la gente. El terrorismo ecológico es ridículo, es juvenil y está compuesto por gente que juega a ser 'Che' Guevara. Suponen un paso atrás para el movimiento.

- ¿Cree que puede resultar fácil acabar con el uso de los animales?
- Podemos cambiar nuestro estilo de vida y dejar de colaborar con esto. Es muy fácil de manera individual. Lo que consumimos nos está destruyendo de forma espiritual y también física, porque, si seguimos por este camino, vamos a acabar con los recursos del planeta.

- ¿Cómo se puede hacer?
- Lo fundamental es que, individualmente, cada uno deje de usar productos animales. Hay tres oportunidades cada día para practicar la no violencia, decidiendo no comer animales ni vestirse con sus pieles. Además, el respeto a los animales no debe hacer que las personas dejen de luchar por otras causas: derechos de los niños, de las mujeres, ayuda a Somalia, a Darfur. Cualquier cosa por hacer un mundo mejor. Pero, el trato a los animales, aunque parezca menos importante, como resulta muy sencillo, creo que todo el mundo debería comenzar a hacerlo.

- Si todas las personas se hiciesen veganas, ¿no podría ocurrir un colapso alimentario?
- El colapso lo estamos sufriendo ahora a causa de nuestro sistema capitalista distorsionado. Por ejemplo, para lograr una proteína animal se necesitan entre 6 y 12 unidades de proteína vegetal, además de mil veces más de agua. También es importante la contaminación que se produce. Según la FAO, los animales para consumo humano ya causan más problemas de gases de efecto invernadero que el consumo de combustibles fósiles para el transporte. Si hubiese un cambio drástico en los hábitos alimenticios de la humanidad, algo que no va a ocurrir, los beneficios serían repentinos e inimaginables para las personas y para el mundo entero. Sólo un ejemplo: se ha demostrado que hasta el 70% de los cánceres que sufren las personas están causados por la dieta. Es decir, lo que estamos consumiendo nos está matando.

Fuente: http://www.larioja.com/v/20100427/rioja-region/consumimos-esta-matando-fisica-20100427.html
Fecha: 27.04.10